De metáforas y ecuaciones
En historia de la filosofía empezamos a terminar el curso enfilando al último autor del temario: Bertrand Russell. Comentábamos en clase la aspiración última del atomismo lógico y de toda la filosofía analítica: la búsqueda de un lenguaje lógicamente perfecto. El lenguaje “natural” (que no tiene nada de natural, pero en fin…) no sirve para la ciencia: se ha construido a lo largo de miles de años de historia y está lleno de “suciedad” e imperfecciones. Podemos estar muy seguros de algo respecto al lenguaje que hablamos: no está pensado para conocer bien el mundo. Existen palabras con varios significados, cosas a las que se aplican multiplicidad de palabras, equívocos, comparaciones… y hasta metáforas, que hasta cierto punto se sitúan en las antípodas del lenguaje científico. La evocación del poema o los dobles significados de las novelas no con compatibles con la ciencia, que aspira a introducir un orden lógico en el lenguaje. En principio, los científicos no se reunen para poner en común lo que les sugiere una ecuación: con ella pretenden describir el mundo, no interpretarlo.


