De niños sucios y bañeras
En los círculos filosóficos los conceptos abstractos y las expresiones prácticamente incomprensibles conviven con argumentarios, formas de pensamiento fijas, sencillas y cercanas que aparecen por aquí y por allá, ofreciéndonos puntos de vista sobre el mundo que aplicar a diferentes ámbitos. Uno de estos razonamientos podría denominarse “el del niño sucio y la bañera”. O dicho de otra forma: queremos separar lo que no vale (la suciedad) de lo que sí (el niño) y esto sin adoptar la medida extrema de permitir que el niño se nos cuele por la bañera. La filosofía bascula entre extremos: los hay que no tienen reparos en ensuciar más y más al niño y los hay que no vacilan en dejar que el niño termine en las cloacas. El punto intermedio podría ser una buena imagen, a mi juicio, del pensamiento crítico: ir limpiando cuidadosamente al niño para que nada del mismo se pierda ni se dañe. Si alguien no se ha liado con la bañera, el niño y las tuberías, ofrecemos hoy cinco ejemplos en los que podría aplicarse esta figura del pensamiento, tan antigua como el propio Aristóteles y su aspiración a encontrar puntos intermedios.


