Cables y neutrinos
Por si no tuviéramos suficiente con la económica, estamos en medio de una pequeña crisis científica. Hace unos días se nos contaba que un problema en la conexión de un cable es el responsable de que la teoría de Einstein se viera refutada en el experimento realizado meses atrás. Así que en apenas medio año, hemos pasado de tener un experimento que refutaba una teoría ampliamente aceptada a un experimento refutado. Algo que en cierta manera, debería servir de pequeña lección de humildad para todos los que defienden la ciencia con el fanatismo que otrora acompañaba a los partidarios de la religióno de otras formas de pensameinto . Y es que hay que tener cuidado con el mito y el logos, no sea que de tanto fiarnos de nuestra razón y su capacidad explicativa, la terminemos mitificando, anulando así cualquier posibilidad de conocimiento científico. Dicho en otras palabras: si la ciencia quiere avanzar ha de asumirse a sí misma como provisional, limitada e imperfecta.



La experiencia nos resulta familiar y conocida. Abrimos nuestro coche y nos sentamos en en el asiento del conductor. Abrochamos el cinturón, ajustamos espejos. Llave de contacto y giro. Coche arrancado. La pregunta habitual y que no siempre se suele formular es: ¿A dónde voy? El coche sirve para desplazarme. Me lleva de un lugar a otro: es el espacio lo que está en juego. Esta es la visión cotidiana, la que todos damos por supuesta. En un viaje rutinario, asumimos que nos movemos en un espacio que no cambia, y en un tiempo que tampoco podemos modificar a nuestro antojo. De manera inconsciente, sin habérnoslo cuestionado previamente, aceptamos que el espacio y el tiempo son “absolutos”, independientes el uno del otro. Algo de lo que ni siquiera nos damos cuenta: sin quererlo nos identificamos con ideas y presupuestos presentes en la física de Newton. Sin embargo, el asunto cambia cuando nos animamos a pisar el acelerador. Entonces podría darnos por pensar qué estamos haciendo exactamente cuando pasamos de 100 a 120 km/h.