Obligados, ¿hacia el mañana?
La semana pasada hablábamos en clase de Educación ético-cívica del concepto de responsabilidad, al que hemos dedicado la nada despreciable cifra de dos horas. Son estos conceptos tan inútiles y prescindibles los que ocupan la mayor parte del temario de la criticada ciudadanía, con la que tanta demagogia se ha hecho en periódicos, radios y televisiones. Debatíamos precisamente en torno a la responsabilidad ambiental, y explicábamos el principio de responsabilidad de Hans Jonas. Hablábamos de la obligación moral que tenemos de dejar la naturaleza a nuestros descendientes en las condiciones necesarias para que la vida humana se pueda seguir desarrollando en unas condiciones dignas. Y no eran pocos los alumnos que cuestionaban esta propuesta: ¿Cómo vamos a tener obligaciones morales hacia aquellos que todavía no existen? En su opinión, las catástrofes serán evitables, y la ciencia y la tecnología serán capaces de encontrar soluciones a los problemas que surjan. Estaban argumentando, sin saberlo, en favor de la ética del cow.boy: si nuestra manera de vivir compromete el futuro de la naturaleza, seremos capaces de encontrar alternativas que no afecten al nivel de vida, logrando compatibilizar el progreso y la conservación del entorno.


