Sólo para ti
El robo de una obra de arte es una actividad tan antigua como el arte mismo. Para el ladrón robar arte implica una diferencia fundamental: es un tipo de robo muy específico, completamente distinto a atracar un banco o robar una joyería. Robar arte representa, en cierto modo, un desafio a la inteligencia en tanto que obliga a superar complicados sistemas de seguridad. No en vano estos robos suelen calificarse con la expresión “de guante blanco”: hay un plus en el delito, una dificultad añadida que convierte al ladrón un “artista” en su oficio. Quien sabe: los mismos guantes que emplean galeristas, transportistas, restauradores o comisarios de exposiciones y museos son los que de ciento en viento se prueban unas manos bien distintas, las de aquellos que pretenden desposeernos de la obra del arte. Se puede llegar a entender, por tanto, el desafío que representa semejante empresa. Pero, ¿es posible comprender a quien adquiere la obra robada? Seguir leyendo…


