Arte y enfermedad
Ya estamos acostumbrados a oir de vez en cuando noticias en las que nos hablan de las diferentes terapias que utilizan el arte. Sea como actividad curativa: producir arte es una forma de terapia. Pintar no es un mero entretenimiento: libera nuestros miedos internos, demonios… nuestros dolores. No es una cuestión de pasar o matar el tiempo: la obra que cada uno crea va más allá de la expresión personal y, según se nos cuenta, contribuye a nuestra propia curación. Pero la terapia no se conforma con esto: otras artes como la música son terapéuticas, si escuchamos durante varios minutos al días las melodías adecuadas. Dependiendo del tipo de enfermedad, el arte puede sumarse a las medidas que adoptamos para luchar contra ella. Pero no es esta la única relación posible entre ambos conceptos.


