Ética y software libre
Una de las cuestiones filosóficas que se vienen discutiendo desde hace siglos y permanece aún abierta (como si alguna de ellas se pudiera cerrar de manera definitiva) es la de la valoración moral de la técnica. Quizás la respuesta más extendida sea la de su neutralidad axiológica. Bajo esta extraña expresión subyace una sencilla idea: la técnica, en sí, no es ni buena ni mala, sino que todo depende del uso que hagamos de ella. De manera que si aceptamos esta propuesta deberíamos separar el mundo de la técnica del de la moral: se trata de dos ámbitos completamente distintos y no existen puntos en común: de la misma forma que no hay soluciones técnicas para los problemas morales, tampoco es posible calificar moralmente los artefactos producidos por la técnica. Dicho de otra forma: entre los “hechos” (jugando aquí con todos los sentidos de la palabra) y los “deberes” hay un abismo insalvable, y la falacia naturalista nos lo recuerda permanentemente.


