Abre los ojos
Nunca somos suficientemente conscientes de nuestra dependencia del cuerpo o la imagen hasta que empiezan a fallarnos. Solemos criticar abiertamente y no sin cierta razón, la superficialidad de los tiempos que vivimos: la dependencia de la apariencia física, el culto al cuerpo… todos hemos oído más de una vez que esta vida moderna que nos crea y nos arrastra crea una falsa escala de valores. El protagonista de Abre los ojos podría considerarse como un prototipo de esta forma de vida. Todo le marcha bien hasta que sufre un accidente y su vida se empieza a complicar. Hasta aquí, nada nuevo: hay tragedias “frecuentes” que encajan a la perfección con el inicio de la película, y que muestran la fragilidad de la aparentemente sólida e inquebrantable vida cotidiana. El planteamiento inicial de la película nos sirve para tomar conciencia de dos cosas: ha ocurrido algo extraño (imposible ver la gran vía vacía) y el punto de partida para entederlo es un accidente de tráfico, similar a los que desgraciadamente ocurren en nuestras carreteras. En la ficción (y a veces también en la realidad), los accidentes suelen significar puntos de inflexión en el desarrollo de la historia, y la película no es una excepción.



A veces el sueño provoca reacciones inesperadas: hay quien habla mientras duerme, otros incluso se levantan y pasean. La película de la que hablamos hoy da un paso más allá: algunos llegan incluso a matar. Hasta esos límites (y más allá) llega el poder del inconsciente: anular la voluntad y quedar entregado a otro, a un dueño capaz de decirnos qué debemos hacer. Sin ningún tipo de restricción moral. Sin prohibiciones ni cuestionamientos. El gabinete del doctor Caligari nos habla precisamente de esto: del poder del sueño y del inconsciente, en un tiempo en el que el psicoanálisis estaba en un auge imparable. Bucear en las profundidades oscuras de la conciencia, con una componente adicional: el poder, la sumisión a otra voluntad como trasfondo. La ambición de la ciencia por conocer desemboca en la irracionalidad de la dominación: quizás si conocemos los mecanismos del sueño podamos llegar a subyugar al soñador, a obligarle a hacer incluso lo que jamás haría en estado de vigilia. La ciencia, el poder y el inconsciente: un cóctel explosivo para una película sorprendente.