Nietzsche pierde en Australia
Decíamos hace unos días que el deporte deja de serlo cuando se convierte en un negocio puro y duro. Ocurre especialmente en las competiciones que los medios de comunicación “mundializan”: desde el momento en que los derechos televisivos superan ciertas cifras, la competición se pervierte. O bien porque pierde su sentido y el dinero impera, como se ha criticado por aquí hablando del fútbol, o bien porque los deportistas son instrumentalizados, utilizados como una tuerca más de la gran maquinaria audiovisual. Esta crítica es rechazada por algunos cuando se plantea en un blog de filosofía, pero es respetada cuando quien la expresa es el mejor tenista español de la historia: Rafa Nadal se ha quejado más de una vez de un calendario inhumano, un circuito de tenis mundial que parece concebir a los deportistas como monstruos de feria que se van exhibiendo de ciudad en ciudad. Calendarios inhumanos y competiciones inhumanas para quienes no son superheroes, ni mucho menos superhombres, sino tan sólo hombres, como tú o tu vecino. Humanos, demasiado humanos: tanto que a veces incluso reflexionan filosóficamente tras la derrota.


