Crear de la nada
Una de las ideas más importantes de David Hume afirma que todas nuestras ideas proceden de la experiencia. En lo filosófico, la consecuencia de esto es que no hay ideas innatas, recuperando en cierta manera aquella comparación de la “tabla rasa” de Aristóteles (que por cierto, es recuperada por algunos psicólogos actuales, precisamente para criticarla). Si aceptamos el símil, nacemos como una libreta en blanco en la que vamos (y nos van) escribiendo palabras y mensajes que después utilizamos para elaborar nuestros propios mensajes. El asunto trasciende la discusión filosófica y especializada y apunta directamente al núcleo mismo de otro acto bien distinto que habitualmente damos por supuesto: la creación humana. Si todo lo que conocemos procede de la experiencia, ¿hasta qué punto puede crear el ser humano? ¿No será la creación una mera imitación, una copia, o como mucho una sutil inspiración?



