¿Gracias por nada?
“Quiero dar las gracias a todo el público y toda la gente que hace posible este torneo y que permite que pueda ser el mejor torneo del mundo”
Esta frase, o una muy similar, forma parte del acontecer protocolario de cualquier competición. Todos hemos escuchado alguna vez la coletilla: “de buen nacidos es ser agradecidos”. ¿En todo momento y ocasión? ¿Incluso aunque no haya motivos para el agradecimiento? Vamos al caso: Rafa Nadal pronunció este agradecimiento hace dos días, después de ganar su sexto título en Roland Garros. El gesto ha despertado incluso la admiración de amigos, periodistas y compañeros: el campeón daba las gracias a un público que le ha vuelto la espalda durante años, y de una manera especial en la edición en curso y con más intensidad en la final. En París, el tenista español siempre tiene un enemigo más que el resto: el público, que censura aciertos y llega incluso a aplaudir errores. Y después del sarcasmo, la humillación y el desprecio, llega el agradecimiento. ¿Cuál es el significado moral de este gesto? ¿Se trataba de un agradecimiento sincero o de una sencilla pose? ¿Podemos sentir agradecimiento incluso ante aquellos que no desean nuestro bien y hacen todo lo posible para que no logremos nuestros objetivos? Un sencillo gesto deportivo, que nos sirve para una pequeña reflexión moral.


