El final de la esclavitud
Dice el artículo 4 de la Declaración Universal de los Derechos humanos:
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
En principio este artículo prohibe que los seres humanos puedan entenderse como una posesión más, que la vida de otros sea una posesión entre las muchas al alcance de los más adinerados. Las diferentes economías mundiales parecen haber ido tomando conciencia de que la esclavitud no es la forma más adecuada de lograr el desarrollo del país. Y no por un acto de humanitarismo: simplemente porque el esclavo no consume. Resulta mucho más rentable sacarle partido a su máxima productividad en el terreno laboral y que contribuya también al movimiento del dinero en el mercado de bienes. El que trabaja y consume es mucho más útil en el sistema capitalista que aquel que malvive sirviendo a su dueño sin ocupar el lugar correspondiente entre los consumidores.


