Un hombre sin fin
El ser humano está a medio hacer. Oscilamos entre la razón y el instinto, flotamos entre las aguas de la naturaleza y la cultura. Sin saber muy bien quiénes somos, cuál es nuestro papel en medio de todo esto. Por mucha ciencia, tecnología, democracia y derechos humanos, somos herederos de la miseria, descendientes del odio, el robo y el asesinato. El aparentemente esplendoroso ser humano del siglo XXI esconde tras de sí fuerzas oscuras y despreciables de las que tendemos a olvidarnos. La bestialidad atávica de la que descendemos no puede eliminarse tan fácilmente. Más de dos mil años de civilización no son suficiente. La escolaridad obligatoria (igual da hasta los 16 que hasta los 30) tampoco es garantía. Nuestro tiempo como especie ronda los sesenta mil años. Nuestra civilización, apenas dos mil quinientos. Nuestra vida es muy distinta a la de los primeros homínidos, o a la de nuestros antepasados de la antigüedad. Sin embargo, es suficiente tomar conciencia de nuestra línea del tiempo, para darse cuenta de que somos seres a medio cocinar, inacabados. Seguir leyendo…


