Puntualidad, etnocentrismo y vuvuzelas

Un mundial de fútbol es un evento deportivo, pero también político, económico, social y cultural. Poco importa la situación real del continente africano y más particularmente la de Sudáfrica: este país va a ser para el mundo lo que durante estas semanas se pueda ver a través de la televisión. Así de estúpidos somos los occidentales. Escuchaba ayer unas declaraciones del presidente de la Federación española, afirmando que el mundial estaba siendo un éxito organizativo y que iba a ser el mejor de la historia. Minutos después, los periodistas comentaban que para ellos la excelencia organizativa comenzaría cuando algo tan indispensable como el autobús funcionara con un mínimo de puntualidad, que se cifraba en quince minutos de adelanto o de retraso sobre el horario previsto. En otra cadena de radio se hacían eco de la posible prohibición de las vuvuzelas, esa especie de trompetilla que los sudafricanos hacen sonar durante los 90 minutos del partido. Información más que suficiente para pasar un buen rato con una pequeña reflexión filosófica, dedicada a todos aquellos que no les gusta el fútbol.


