Textos que interpretan textos
Desde el comienzo de la filosofía destaca una nota característica y definitoria del hacer humano: el diálogo. Y no sólo por la forma en la que Platón escribió sus textos, sino fundamentalmente porque siempre se ha filosofado con/contra/a favor. Al margen de las filias y fobias de cada autor, todos comparten cierta costumbre: se han dedicado a leerse entre sí, y las citas de autores, tanto para criticarlos como para mostrar acuerdo, están desperdigadas por la gran mayoría de textos de la historia de la filosofía. Las referencias pueden ser más o menos explícitas, pero las diferentes propuestas filosóficas asumen y reinterpretan la historia de la que son herederas. Una actividad necesaria que puede convertirse en perniciosa cuando se encierra en el puro academicismo y el estudio libresco: la filosofía no ha podido escapar jamás de su propia historicidad. La misma enseñanza filosófica está ineludiblemente ligada al tiempo: a no ser que queramos silenciar temas e inquietudes, es imposible filosofar sin dialogar, sin leer y sin interpretar. No hay filosofía que no bucee en el “logos” que somos.
Los injustamente denominados presocráticos ya se citaban entre sí, como lo hacían Platón y Aristóteles. La historia de la filosofía es en cierto modo el despliegue del lenguaje que se estudia a sí mismo: en una torsión peculiar, las palabras aspiran a resolver los enigmas del presente, pero también a saldar deudas del pasado. Los “asuntos pendientes” de la filosofía se van enrriqueciendo con este diálogo y nosotros nos incorporamos a una tradición que en cierta forma nos engulle, nos integra, sin que esté a nuestro alcance escapar de la misma. El tiempo en que vivimos nos urge a afrontar problemas, pero también textos y autores. ¿Puede cualquier filósofo merecer tal calificativo sin haber leído, por poner un solo ejemplo, ni una línea de Nietzsche? No importa la posterior especialización: pensamos siempre desde una tradición histórica a la que pertenecemos. Es la historicidad de la filosofía, una condición insuperable como ocurre con el resto de disciplina
El individualismo en que vivimos nos lleva a rechazar este tipo de enfoques. No vivimos en el lenguaje, lo creamos. Es cada uno de nosotros el que logra aportaciones a la historia. ¿Cómo admitirnos herederos y continuadores de una tradición? Somos nosotros los que escribimos el libro, no el libro el que nos escribe a nosotros. ¿Hacía falta que Newton fuera y se llamara Newton para formular la física clásica? ¿Tenía que ser inglés? ¿Es fruto de su genio individual, único e irrepetible o es tan sólo una consecuencia de nombres como los de Copérnico, Kepler, Galileo, Descartes? ¿Se puede pensar a Platón sin Sócrates? ¿Qué hubiera sido de Aristóteles sin Platón? Pensamiento: individual, social, histórico. Somos textos dentro de otros textos, palabras entre las palabras. El diálogo de la filosofía requiere de quien escuche y también de quien replique. Vivimos en el texto del que descendemos. Quizás nos ocurra lo mismo que a la letra “o”. Siendo la que termina la palabra, se cree responsable y única causante de todo descubrimiento.
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