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Un año y un día.

Enseñanzas sobre el ser humano al hilo (o al "hilillo") de la catástrofe.
El pensamiento no puede despegarse de la realidad, y en estos días muchas bitácoras han reaccionado al "aniversario" del hundimiento del Pestige. La información no se encuentra sólo en los periódicos, sino que, visitando ciertas páginas también es posible encontrar puntos de vista libres y críticos. Cumplida ya un año y un día de condena (y lo que nos queda), se puede buscar también otros puntos de vista. Porque el ser humano muestra lo que es, tanto en los buenos como en los malos momentos. Una noticia reflejaba ayer el testimonio de Carmen Sueiro, una mujer de Malpica que salió desde el primer día a recoger el fuel de las playas. La tonta del pueblo. ¿Para qué ir a recoger fuel, y dejar así de percibir los 40 euros diarios que la Xunta estipuló como ayuda a los pescadores" Los extraños mecanismos de la racionalidad humana son así: a veces se prefiere disfrutar de un presente asegurado aunque con ello se hipoteque el futuro. Se me viene a la cabeza la fábula de la cigarra y la hormiga. Con la salvedad, afortunadamente, de que esta vez no reciberon las cigarras su castigo. Creo sinceramente que muchas de las críticas que se formularon en su día y que vuelven a cobrar actualidad, están muy acertadas. Los políticos no tuvieron la culpa de la catátrofe, pero quizás ésta no estuvo bien gestionada. Sin embargo, si exigimos una política responsable, creo que debemos ser una sociedad civil responsable. Una gestión política de emergencia requiere seres humanos honestos (seres humanos "de emergencia", de los que por suerte también hay muchos) y dispuestos a participar de la misma. Como decía Martin Hollis, "es muy difícil ser sabio, pero hay muchas maneras de ser tonto". A veces nos retratamos hasta en las más pequeñas acciones.

Era una de mis teorías, pero aún así me ha impresionado saber que la teoría era una vivencia de una mujer llamada Carmen. 40 ? al día... buf, mucho más de lo que ganan mucho en diez horas de trabajo. Por desgracia hay humanos a los que si les ofrecieran una millonada con la condición de dejarse morir... aceptarían, porque la ineptitud a veces es más dificil de eliminar que el chapapote...

Vaya la vida no deja de sorprendernos...aunque tal sorpresa corra en direcciones opuestas. Por una parte, el coraje y las virtudes de algunas personas y por otra, la mezquindad y la arrogancia de otras. Afortunadamente tenemos la oportunidad de reflexionar e incorporar a nuestras vidas cavilaciones como las de Carmen.

En la sociedad en la que nos movemos hacia el consumismo y el individualismo parece difícil encontrar personas como Carmen. La gente quiere disfrutar el presente y se preocupa poco de lo que pueda pasar con la contaminación del planeta, ya que piensa que eso le queda lejos. Parece que se trata de dar buena imagen diciendo que todo está controlado, a pesar del fuel que todavía existe en las playas. Desde aquí quiero felicitar a todas las personas que han ayudado voluntariamente y sin ánimo de lucro a quitar el fuel del agua y a salvar a muchas especies. Gracias por vuestra generosidad.

Cuando sucedió la catastrofe del Prestige,yo me quise presentar voluntaria para ir a recoger fuel, pero a causa de que estábamos en epoca de exámenes no pude,además aún soy menor de edad,mi padre quiso ir conmigo en navidades,pero mi madre no nos dejó. al principio toda españa estuvo atenta al maldito barco y a las playas,pero segun fue pasando al tiempo,la gente se fue olvidando,además estaban mas atentas al problema de la guerra de Irak,pero aún quedaba mucho fuel,aunque no estuviera a la vista, en los fondos,destruyendo ecosistemas,intoxicando seres vivos... qué pasa,que hasta que no es el aniversario de algo la gente no recuerda el problema que causó,causa y tardará tiempo en curarse????

Sobre esto que comenta Sara, me viene a la cabeza una reflexión de Umberto Eco, en la que afirmaba que se ha avanzado mucho nuestro sentimiento de responsabilidad sobre los problemas mundiales sin que haya aumentado en la misma proporción nuestra capacidad de actuación. No sé si es triste (o no) admitirlo, pero, lamentablemente, ni podemos solucionarlo todo, ni podemos vivir permanentemente pensando en la inmensa cantidad de tragedias que sufre el ser humano (guerras olvidadas, catástrofes ecológicas, pobreza, analfabetismo...). Eso no quiere decir, por supuesto que vivamos anestesiados. ¿Qué podemos hacer? ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad y nuestra capacidad de acción? Difíciles preguntas...