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¿Una carta o un correo?

Nuevas formas de comunicación para nuevos tiempos. ¿Cuáles son sus consecuencias?
Más de una vez se ha resaltado (tanto aquí como en ponencias o comunicaciones) que la integración de las nuevas tecnologías tienen también un "precio" educativo. Con las TIC se enseña de otra manera y no todo es enseñable a través de las TIC (por mucho que moleste a los filotecnológicos o a los enamorados de la llamada web 2.0). Para no repetirme demasiado, y para ampliar un poco el tema del debate (hay quien me dice que mis anotaciones sobre enseñanza sólo resultan interesantes para profesores) se me ocurre que podríamos plantear un tema que ya está, a buen seguro, tratado en muchas otras bitácoras y páginas web. Me refiero a la aparición, hace ya unos años, del correo electrónico, y la posible influencia que esta nueva forma de comunicación puede ejercer sobre el tradicional correo postal. Como es de imaginar, ambas formas de comunicación tienen sus ventajas e inconvenientes, así que si os apetece podemos pasar a comentar algunos.El correo electrónico, se nos dice, tienen ventajas como la rapidez, la comodidad, el coste, el formato, la colaboración y la privacidad (cualidad que hoy sería bastante discutible, pero bueno...). El caso es que escribir un correo es relativamente fácil, rápido y cómodo. Y, además, gratis. O al menos eso tendemos a pensar dejando de lado el coste económico de la conexión (también hay quien aprovecha la conexión del lugar de trabajo para enviarlos) y el coste energético implicado en cada envío. Sin embargo, también tienen sus desventajas: suelen ser más impersonales y, por otro lado, vienen marcados por las ventajas señaladas: la información apunta, la mayoría de las veces, a fines "pragmáticos" y la lectura tampoco suele ser muy profunda. Por lo general, creo, no leemos con la misma atención un correo electrónico que una carta. Es, nos guste o no, el modo de comunicación propio de un tiempo definidio por el adjetivo inglés "fast": hay comida rápida, y también comunicación rápida.

Lo anterior no quiere decir que sea mejor el correo tradicional: a los que usamos a diario el electrónico (yo envío al día unos cuantos mensajes) nos da pereza ir a correos, poner sellos o ponernos a escribir sobre el papel, pero hay que reconocer, nos guste o no, que el significado que le damos a ambas formas de correo es bien distinto. Para empezar, una carta en papel nos parece más personal que un correo: si algún amigo del que hace tiempo no tenemos noticia (o que sencillamente vive lejos) nos escribe una carta no le damos el mismo significado que si nos envía un correo (por no hablar del significado e implicaciones de los virulentos "forwards"). Y es probable, además, que no nos cuente lo mismo. Las cartas abren hueco a la intimidad, a las ideas, al yo, algo que también puede expresarse por correo electrónico, sí, pero que quizás en el papel en blanco encuentra un espacio más cálido más apropiado. El formato, el medio en el que escribimos, es distinto, y también nuestra disposición a escribir, a contar, a abrirnos y contarnos al otro. Al margen de que las cartas hayan sido siempre un modo de acceso distinto a las vidas de tantos y tantos artistas, filósofos, científicos, políticos y literatos. Cartas y correos, correos y cartas. Mientras vamos pensando entre todos sobre estas formas de comunicación os dejo un par de curiosidades: el formulario para escribir al presidente del gobierno español (¿podía antes cualquier español escribirle una carta") y un estudio sobre la relación entre el correo electrónico y el postal

Desde el desdén de Sócrates por la escritura misma (http://www.uned.es/manesvirtual/Historia/platon/fedro.html) hasta la vindicación literofilosófica (!!!) de Derrida de la escritura frente a la oralidad, el "cualquier tiempo pasado fue mejor" o "cualquier novedad es más verdadera" (o sus opuestos )recorre este debate (como todos, por cierto). Digo: me gusta la escritura mediada por estos trastos tecnológico ¿Por qué? Seguramente por un complejo sistema de traumas infantiles. Digo: la escritura sobre papel y con bolígrafo me agrada menos (aunque, obviamente, la he practicado con igual vicio y ritualismo.¿Por qué? Por otro complejo sistema de traumas infantiles (o quizás los mismos). Digo: hay escritura cuidada y escritura descuidada. Se suele creer que el correo electrónico nos hace descudidos(perdón, descuidados), pero si leemos los textos que se escriben vemos que el descuido también está en las agendas, en las notitas, en las cartas (Ktal, txbal!). YO intento que mi escritura sea cuidada (lo consiga o no) ¿Por qué? Porque me pone (y porque creo que es un deber profesional). Digo: ¿por qué cuento estas intimidades de la escritura en un medio tan impersonal? Respuesta: a lo mejor no es tan impersonal o a lo mejor no son secretos tan íntimos o a lo mejor estoy a punto de caer de lleno en la filosofía del sujeto más próximo: mi ombligo. IT'S ONLY ROCK N ROLL (BUT I LIKE IT), Rolling dixit

Jaja, buen post y gran comentario de Luis. Creo que el papel tiene un no sé qué de tranquilidad e intimidad que esto no tiene (lo digo yo que tengo blog, envio y recibo decenas de emails al día, etc. y hace años que no pongo un sello a una carta). El placer de tumbarte en el sofá y leer un libro de papel no es ni mejor ni peor que repasar como loco los blogs que mas te gustan, es simplemente distinto. Lo que sí es verdad es que en el email se descuida mucho el lenguaje... ultimamente me he sorprendido a mi mismo escribiendo mails con q y tal como los chavales de 15 años, pero bueno, la relajación de los esfínteres literarios tiene su parte buena y mala, como todo supongo.

Es curioso,pero el pasado domingo escribí en mi bitácora (http://migramundo.blogspot.com/2007/03/las-cartas-ya-no-tienen-quien-las.html) algo relacionado con lo que se plantea en este post, desde una perspectiva literaria. Es evidente que el correo electrónico ofrece muchas posibilidades, sobre todo prácticas, pero el encanto de la palabra escrita sobre el papel, las reminiscencias y las emociones que despierta me parecen impagables, del mismo modo que me parece insustituible la tradición oral cuentística. Claro que quizá todo sea más simple y se limite a una mera cuestión de apreciaciones y pragmatismo. ¿O no? Me gusta vuestra bitácora. Saludos.