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Una tarea delicada: definir nuestro tiempo

¿Qué es lo que define nuestro presente?

Una de las características de la Ilustración es haber convertido la historia en un tema filosófico. No es que antes no hubiera reflexión sobre la historia (está, por ejemplo, en ciertos mitos platónicos, o también en San Agustín) pero sí que es uno de los temas a los que los ilustrados dedican atención de un modo extenso y sistemático. Hume, Voltaire, Rousseau... En todos ellos se encuentran reflexiones directas sobre el tema de la historia de la humanidad. Y entre esos nombres no podía faltar el de Kant. Uno de sus textos clásicos (Respuesta a la pregunta: ¿qué es Ilustración") Kant trata de definir el tiempo en el que él mismo vive, con la conciencia histórica de que quizás la posteridad aplicará la misma categoría histórica que ellos mismos estaban empleando: Ilustración. Y es este un tema que quizás pudiera animar el pensamiento hoy en día: ¿Qué es lo característico o lo definitorio de nuestro presente histórico, de este tiempo en el que vivimos" ¿Alguien es capaz de adivinar la "etiqueta" histórica con la que seremos designados dentro de varios siglos"

Obviamente son dos tareas distintas: si tenemos que describirnos, es posible que a todos se nos ocurran varios rasgos a destacar: la globalización, el progreso biotecnológico, internet y la revolución de la informática, el choque de civilizaciones (al menos para algunos es distintivo de nuestro presente...), la construcción europea o, por qué no, el tiempo del levantamiento de muchos pueblos sudamericanos que están empezando a reclamar una nueva forma de hacer política y una nueva consideración internacional. La era del cambio climático, o el declive norteamericano unido al renacer chino. Situaciones todas ellas de las cuales podemos encontrar precedentes en las últimas décadas y que a buen seguro seguirán apareciendo en las siguientes. Probablemente nos acompañen a lo largo de toda nuestra vida, y configuren en mundo que dejemos en herencia a las siguientes generaciones. Sin embargo, una de las preguntas que aparecían al principio sigue en pie: ¿Cuál de todas ellas será la predominante hasta el punto que nuestro presente quede calificado por ella"

Sinceramente, creo que ninguna de ellas. Las categorías históricas suelen ser tan ricas como amplias: la Ilustración, por seguir con el ejemplo anterior, es un proceso cultural, literario, filosófico, social y científico. Es decir, necesitaríamos una palabra que recoja todo lo anterior (y a buen seguro algún rasgo más) y que nos sirve para situarnos en la historia, es decir, para ponernos en relación con el pasado más inmediato, y para identificar lo característico de nuestro tiempo. ¿Podría ser postmodernidad" ¿Es esta la palabra buscada" Puede, pero encuentro un problema a todo esto. Y es que no hay un concepto claro y unitario de postmodernidad. La modernidad acabada, sí, pero no es tan sencillo. Para empezar porque sabríamos lo que no somos (modernos) pero no lo que somos, y para continuar porque en diversas áreas (literatura, filosofía, arte...) la posmodernidad recibe múltiples definiciones y muy diversas. Así que lo más fácil es trasladar la pregunta al buen lector que haya llegado hasta aquí, a ver si entre todos somos capaces de ir despejando estas cuestiones: ¿Qué rasgos definen nuestro tiempo" ¿En qué palabra o concepto pueden aparecer reunidos dichos rasgos" Y, por último, si el "signo" de nuestro tiempo es la posmodernidad, ¿puede alguien explicarnos cuáles son sus notas distintivas"

En anteriores cinco minutos escribí un nota simpática y de buen gusto sobre el tema que nos plantea y, por maniobra del aparato, ha desaparecido. He ahí un signo de los tiempos. Quiero decir: "mi torpeza" como signo. En la nota perdida decía que: 1.-Para responder a esa pregunta debemos asumir que la filosofía es filosofía de futuro (y me remitía a otra discusión en esta bitácora). Sólo desde la soberbia - entre la necedad y la inteligencia - se escribe filosofía. 2.- Decía también que rasgos propios de la época podían ser: * La hemorragia de ficciones reflejándose en espejos hechos de nada y de sangre a partes iguales: las ideas matan como nunca sin dejar de ser, en su infinito reverberar, nada sólido y contundente (del tipo de la cruz de cristo); * la urgencia de una conciencia holística (o ecológica en sentido amplísimo) y la conciencia irónica de la imposibilidad de esa conciencia (y, por tanto, la tontería de la supuesta urgencia); * la omipresencia de la lógica del capitalismo: depredación y egoísmo de la abeja, sin fábula que legitime (el capitalismo pasa de fábulas por eso está posibilitando la presencia de un chorro de ficciones hechas de nada y sangre como se dijo). 3.- Decía en aquella nota perdida que el título de la tragicomedia de la época podía ser: Fragmento licuado sobre base sobria de acero invisible y desalmado o al mundo, queridos, no le importamos o Torrente IV: el cadáver del progreso y sus desalmadas momias la Redención y la Providencia o donde no hay futuro no hay pecado o un poco de pasta basta o sólo un nuevo Dios nos salva o donde esta el peligro está la salvación o poéticamente habita el hombre en el mundo o tedass kueeen.... (Nota: no es burla ni casi ironía, es que el logos se rebota) 4.- Decía que eso de la época posmoderna me suena a un cierto tipo de yogurt - no recuerdo el nombre (¿mouse?¿Crema?) - con más materia grasa que los normales pero que tenía como agujeritos o cavernitas de espuma y que entraba suave en la boca y que a mi, iluso, me parecía más ligero y sano. O dicho de otro modo: seguimos en la época moderna y cualquier día lo decubriremos. 5.- En fin quería poner en aquella nota desaparecida que si esto fuera un examen no sacaría buena calificación. Pero ahora que lo pienso, en ese texto perdido sin duda estaba - en un pequeño giro gramatical - el secreto de la época. Secreto irremediablemente perdido. Que la humanidad futura juzgue mi torpeza y me condene. Que desde el futuro llegue "el disparo de nieve" que me arrase confirmando alguna certeza.