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Verdad y polí­tica

¿Se puede encontrar alguna verdad en la polí­tica real?
Como si del imperio de la sofística se tratara, a veces da la sensación de que la polí­tica es el reino de la opinión. El lenguaje es sin duda uno de los grandes perjudicados en los cí­rculos polí­ticos, en los que parece que no existiera ninguna verdad. Las palabras se devalúan y se diluyen en el interés. No hay un análisis serio de la realidad a partir de la cual se forma la opinión sino que esta nace de la ideologí­a, del posicionamiento previo. Da igual cómo sean las cosas: lo importante es sólo la versión. La nuestra, claro. La verdad se ajusta a las necesidades del partido y todos continúan como si tal cosa. Es el circo del absurdo: pase lo que pase el gobierno se justifica y ofrece la más favorable de las interpretaciones, mientras que la oposición adopta como el punto de partida el rechazo más absoluto y la crí­tica, aunque sea injustificada. Por eso no sobra el escepticismo cuando se habla del gran logro social y polí­tico que implica la democracia: el paso de la fuerza como origen del poder a la palabra. Pero de poco sirve gobernar en función de la palabra cuando esta se vací­a, cuando nada vale y es una herramienta más en manos del poder.

Retomemos casos recientes: si un presidente recién elegido plantea un nuevo equipo de ministros, se le reprochará que implí­citamente está reconociendo la incapacidad de los anteriores. Si mantiene a unos cuantos en sus puestos, se le acusará de continuista. Prestidigitación de las palabras: los malos í­ndices económicos antes de unas elecciones son pasajeros y los periodistas afines al gobierno emplean toda la agudez intelectual de la que son capaces para que se discuta si vivimos una recesión, una desaceleración o cualquiera otra cosa que no sea una crisis. Cuando el candidato es elegido, se reconoce la crisis económica, palabra maldita e impronunciable en el tiempo de las promesas. Si tengo que encadilarte, prometo que ni una gota de tu rí­o será enviada a otras tierras. Consciente del problema de abastecimiento, una vez conseguido tu voto, apruebo un trasvase. Perdón, una conducción de agua. Que no es lo mismo, pero es igual. Son las reglas de la neolengua.

Mientras tanto, el partido de la oposición acaba de descubrir la semántica, y se cuestionan la diferencia entre ser liberales, conservadores y socialdemócratas. Como si a alguien le importara, en un país en el que más de la mitad de la población ignora las ideas definitorias del liberalismo y la socialdemocracia. Al final, por debajo del juego democrático y el lumnioso barniz del argumento, lo que hay dentro de cada partido y en cualquier parlamento es una guerra de poder, en la que poco importa la palabra, el lenguaje y, en consecuencia, la integridad u honradez personal. ¿Puede existir alguna verdad en polí­tica o toda proposición no es más que una expresión aparentemente razonada de lo que es sencillamente voluntad de poder" Nietzsche fue, en este sentido, mucho más sincero: Las justificaciones y las razones no son tales, expresan sólo nuestra voluntad más oculta. Por eso, quizás fuera más honesto poner las cartas sobre la mesa y admitir que en democracia impera la palabra, pero una palabra que no siempre tiene los mismos usos y valores que en el lenguaje corriente.

Vale la desazón frente a la política pero asumamos lo inevitable de su presencia (hasta los estoicos acaba siendo ministros del emperador). Ahora bien: ¿no es el pensamiento, precisamente, la búsqueda de palabras que señalen matices o diferencias relevantes y que, por ello, exigen la lucha y la torsión de las palabras comunes? Desde luego no es lo mismo desaceleración o recesión, ni es tampoco igual "el movimiento de agua de un lugar a otro" para uso humano directo (agua de boca como se dice -- y esperemos también que de trasero) o para el uso agrícola o para el riego del césped de Polaris World. No es lo mismo liberal o libertario, socialdemocrática que estatalista, Esperanza o Mariano.... Creo que en la discusión racional las palabras no tienen sentidos iguales a los habla corriente. El problema más que en las palabras y sus multiusos está en la voluntad oscura, en aquello que no quiere convertirse en palabra y que debemos descubrir,en precario, por guiños y juegos de sombras.Por lo demás me parece estupendo el debate ideológico del PP - coincido con Doña Esperanza Aguirre - y me parece muy adecuado que se discuta sobre los trasvases y todos los intereses (legítimos) que hay detrás y que se discrimine y se discuta si es igual de relevante el agua "para beber" que el agua que riega campos y urbanizaciones dando riqueza a las comarcas o el agua que llega al mar manteniendo ecosistemas.

¡Hola! Seguro que hay quien te agradece el tono conciliador y bienintencionado, que pone un poco de calma, que buena falta hace, en las aguas de la política. Sí es muy de agradecer el esfuerzo conceptual, especialmente cuando es desinteresado. Allá por agosto del pasado verano, parecía que tenía su guasa la crisis hipotecaria de EEUU, y todo aquello del dinero de riesgo. Nuestro país, decían los responsables económico (y subrayo lo de responsables), iba a seguir creciendo, no había crisis, y estábamos muy preparados para lo que pudiera venir. Los datos de paro de hace unos meses sumados a la inflación no dejaban mucho espacio para el optimismo. El gobierno templaba gaitas y llamaba "catastrofista" y "pesimista" al partido de la oposición. Parece que pasadas las elecciones, se pronuncia la palabra "crisis". Algo huele mal en todo este proceso, me parece a mi. Y lo mismo, digo yo, pasa con los trasvases, los liberales y los socialdemócratas. Que el agua puede tener diversos usos, discútase. Que unos pueden ser más lícitos que otros, pues que se plantee. Pero es hacer el ridículo hablar de conducción de agua y no de trasvase. Que haya debate ideológico, bienvenido sea. Pero que cambiemos las palabras y las utilicemos a nuestro antojo es otro cantar. A cualquiera de nosotros, como profesores, no se nos permitiría. Parece que a los políticos sí. ¡Salud!

[...] viendo desde hace meses la habitual estrategia del engaño que pone en práctica la clase política, jugando con las palabras. Y es que después de meses tapados por la mentira se hace difícil entender ahora cómo es posible [...]

hola! noto en las interevenciones anteriores un resentimiento hacia la clase que dice llamarce politica, pues no es de sorpresa alguna que en la politica la verdad sea no mas que un artilugio de los mas poderozos, incluso en la antiguedad, me refiero a la antigua grecia, donde en el discurzo de el Gorgias calicles y tracimaco denuncian (se puede tomar de esta manera)la falta de identidad del buen hombre con el buen gobernante, cosa que daja nadamas que un pugna de discursos en donde el mas dotado hace la diferencia y se apodera de las voluntades, en el caso en que no sea así, todo el que no se encuentra a favor de su postura esta en contra de el. no hay que olvidar que en politica la dicotomía es amigo enemigo, por ende la verdad no hara amigos en ningun lado; y es por esto que el discurso es el arma mas poderoza que utilizan los que son partidarios de la ley. ya lo decian nuestros ancestros. obten ventajas en lo publico y ten ventajas en lo privado. no soy partidario de esta forma de pensar, estudio filosofia y por ende no veo mas que lo es y no lo que deberia ser; y lo que noto es que han estado hablando en los terminos de lo que deberia ser. salud y exitos.