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Violencia y educación

Tercera reflexión en torno a la olimpiada filosófica

Después de que los finalistas de la olimpiada escribieran su ensayo, hubo un tiempo para seguir abordando el tema de la violencia. En esta ocasión, se planteó el tema de educación y violencia. Paradojas del destino: da la sensación de que no hay conceptos más opuestos entre sí que estos dos. Hemos oído ya muchas veces que la educación es la mejor arma contra la violencia y que es un ingrediente indispensable de una sociedad pacífica. Existe la educación para la paz y no hay ni una sola O.N.G. en favor de la paz que no incluya en su línea de actuación actividades que tienen que ver con la educación, sea de una forma directa (creación de escuelas) o indirecta (distribución de materiales y recursos para educar en la paz). De manera que llevados por cierta inercia intelectual podemos llegar a pensar que la violencia y la educación son dos conceptos íntimamente unidos. Algo que resulta problemático a poco que tratemos de encontrar alguna relación, o reinterpretando qué es la violencia y qué es educar. ¿Acaso no será todo acto educativo como tal una acción violenta"

La propia etimología de la palabra educar nos puede dar una pista: de alguna u otra manera tiene que ver con conducir. Visto así, empezamos a ver que la educación no es, ni mucho menos, un acto pacífico. Muchas de las actuaciones educativas representarían un viejo enfrentamiento: el de la pereza por el aprendizaje o el desinterés, frente a la sociedad que a través del sistema educativo obliga a adquirir una serie de conocimiento. Una idea que se oyó, por cierto, en el debate: es el mismo sistema educativo, como idea, el que representa ya una cierta violencia, independientemente de que la podamos considerar legítima o no. Y si la sociedad fuerza a sus individuos y los clasifica según su rendimiento, no digamos ya lo que ocurre en el aula, en la que en ocasiones es preciso llegar incluso a la coacción para mantener el orden. Formas sutiles de violencia en las que quizás no reparamos. En este contexto, el amplio debate de la olimpiada dejó auténticas perlas en la intervención de los presentes, tanto profesores, como alumnos: notas y dinero, la educación como violencia, y otras formas no escandalosas de violencia.

Todas estas frases fueron recogidas gracias a la gran labor desempeñada con Twitter por parte de alumnas del IES Tomás y Valiente y del IES Germán Sánchez Ruipérez. Como se puede comprobar a través de sus tweets, el tema dio mucho de sí, y obligó a muchos de los presentes a ver un lado de la realidad educativa que no siempre se muestra, entre otras cosas porque no es muy agradable. Como comentaba al principio, es habitual imaginar una situación educativa idílica, en la que la colaboración alumno-profesor es constante y no es preciso levantar la voz ni una sola vez o reconvenir a ningún alumno. Y el caso es que existen alumnos que no desean aprender, profesores que no desean enseñar y familias que no tienen interés en que sus hijos acudan a los centros educativos. Se podrá decir que los casos en los tres colectivos señalados son minoritarios, pero todos ellos forman parte de lo que se ha dado en llamar la comunidad educativa y reflejan situaciones en las que la violencia está de una forma u otra presente. No una violencia física, pero sí verbal e incluso psicológica. ¿Será educar, entonces, un acto violento"

Yo, francamente, no sé que está pasando con la Cultura Europea. Créeme Miguel, y no lo digo por ti, pero ahora parece que hemos caído en la cuenta que la educación conlleva una coerción o que la vida conlleva la muerte y el sufrimiento. ¿Y qué hace esa cultura Europea? Pues sencillamente, lo niega o lo esconde todo. Nadie quiere escuchar que la coerción, y en determinadas circunstancias, es necesaria. Nadie quiere escuchar que al final, moriremos, y durante el camino, sufriremos. Y como no queremos escucharlo, enviamos a nuestros mayores (sí, aquellos que dieron su vida por nosotros) a morir a un frío y lejano hospital o residencia (eso sí, con todos las comodidades) Sólo queremos escuchar que somos y seremos eternamente jóvenes, guapos y felices. En definitiva, cirugía estética y prozac. Pues lo siento, pero como decían nuestras madres y abuelas, un cachetón a tiempo viene bien. ¡Ah!, y además, sufriremos y moriremos (y tanto que lo haremos). Y veremos, como estamos viendo, lo que ocurre por no dar un cachetón a tiempo. Y veremos qué ocurre cuando seamos nosotros a los que se nos envía a un hospital o a una residencia a pasar nuestros últimos días. Triste y lamentable esa nueva Cultura Europea Un Saludo