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Televisión y lenguaje

Maneras de fomentar y consolidar el lenguaje

El tratamiento del lenguaje en el medio televisivo es tema al que habitualmente no se le presta demasiada atención. En el mejor de los casos, suelen escucharse críticas que ponen de manifiesto el mal uso e incluso el abuso que caracteriza a un nutrido grupo de presentadores. Los grandes medios de comunicación no suelen cuidar mucho el lenguaje, y tampoco parece importarles demasiado: por mucho que sean los primeros en difundir las noticias más escandalosas sobre educación (una de las últimas hacía referencia a las faltas de ortografía), no suelen destacar precisamente por cuidar las palabras. No obstante quisiera centrar hoy la discusión sobre un tema distinto y en cierta forma opuesto: el papel capital de la televisión en la creación y difusión del lenguaje. Frente a la crítica habitual que señala a la televisión como maltratadora del lenguaje, cabe un uso bien distinto: la televisión como norma unificadora del mismo, como vehículo de la corrección lingüística. Y todo ello impulsado por la voluntad política de que así sea.

El caso es bien conocido en las comunidades autónomas que cuentan con una lengua propia. He escuchado más de una vez el caso de Galicia y el País Vasco: según dicen, en cada aldea gallega se habla el gallego de una forma distinta. Y lo mismo ocurre, según se dice, en las montañas del país vasco, donde las variedades del euskera crecen y se multiplican por doquier. Los gobiernos de ambas comunidades han ido estableciendo diversas líneas de unificación: el "batua" vendría a ser el vasco unificado por la academia, y algo parecido ocurre con el gallego, que cuenta también con su Academia de la lengua gallega. Y lo curioso del caso es que ambas lenguas encuentran en la televisión su medio oficioso (jamás se reconocerá como "oficial") de difusión. He conocido a profesores que hablaban euskera, pero no "el de la tele", dándose la particularidad de que siendo su lengua materna no puedan acceder a puestos públicos del País Vasco, ya que no son capaces de aprobar el examen oficial. Existen también casos idénticos en Galicia. ¿Quién es entonces "el dueño" de la lengua, el pueblo que la habla o el poder que la unifica"

Que la televisión se convierta en el principal difusor de una lengua es un caso tan peculiar que merece atención. En primer lugar, porque se invierten los papeles tradicionales: como decía al principio, la televisión deja de ser el espacio del mal uso de la lengua para convertirse en el lugar de la corrección lingüística. En segundo lugar, hay que considerar el carácter político del asunto: no deja de resultar chocante que los que dicen defender la identidad de un pueblo particular y preservar su lengua, vayan en contra de los intereses y de la identidad de muchos de sus hablantes, ya que a través de la unificación lingüística se está dejando de lado su manera de expresarse. Es la lógica perversa del nacionalismo: en la construcción de la identidad que se quiere defender es obligatorio no sólo adornar la historia o ignorar algunos de sus episodios, sino también dejar de lado a quienes no encajen en el constructo cultural de la identidad. Lo que sí hay que reconocer es una virtud a este fenómeno: en ningún otro lugar desempeña la televisión un papel político y cultural tan marcado como en las comunidades con una fuerte presencia del nacionalismo. Mirémoslo con buenos ojos: Que la televisión sea sinónimo de lenguaje correctamente hablado es casi una utopía, posible en muy pocos lugares del mundo.

Mutatis mutandis, lo que dice el artículo es aplicable al nacionalismo español, cuando se apropia de una televisión, como la televisión de Madrid. El mal es el nacionalimso sin apellidos, no el vasco o el gallego en particular, pues si así fuera, la cuestión sería analizable a partir de características específicas de esas comunidades, no a partir de la naturaleza humana y sus querencias nacionalistas. Ello equivaldría a decir que hay nacionalismos buenos y malos, siendo, obviamente los malos los de los demás e ignorando como unos y otros se dan cuerda mutuamente.

¡Hola Ramón! Estoy de acuerdo contigo: el mal es el nacionalismo sin apellidos. Pero lo que sí es cierto es que el nacionalismo español (que también existe) no utiliza la televisión como medio de unificar el lenguaje. Un saludo!

Se ha observado como la televisión influye notablemente en las personas, que cada vez optan más por este medio para conocer información y enterarse de sucesos de trasendencia, asi como tambien como pilar de entretenimiento y diversión. Es importante destacar que el lenguaje se ha notado fraccionado, básico y no posee la mínima intención de ser mejorado o ampliado para fomentar con esto la cultura de aquellos que acuden a él como medio informativo. Debería a su vez dejar un poco de lado el uso del lenguaje coloquial y adentrarse a usar un mejor léxico apropiado con cada programación, evitando caer el vulgaridades que lamentablemente y por la costumbre de ellos mismos atraen notablemente la atención del público.