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Tempus fugit

Llorar porque pasa el tiempo
El llanto del campeón derrotadoAyer asistimos a una señal más del inexorable paso del tiempo. Nietzsche se equivocaba, al menos desde la perspectiva individual: no hay eterno retorno. Muy al contrario: hay procesos que no se repiten nunca. Jamás volveremos a ser lo que fuimos. El llanto de Federer en la pista de Australia cumple el imperativo del pensador alemán: "¡Sed como niños!" La figura del niño como propuesta moral, pero aplicada de un modo que quizás no estuviera en la crítica mente de Nietzsche: el juego inconsciente e ingenuo se ha transmutado en las lágrimas de quien día a día comprueba que ya no es el campeón que era, sea porque va perdiendo sus facultades o porque otros mejoran en su juego. "Esto me va a matar". Efectivamente. No importa que "esto" sea un récord que se le resiste al mejor jugador de todos los tiempos, que "esto" se refiera al que se ha convertido su gran rival o que "esto" sea simplemente la constatación de que se han perdido las fuerzas, de que hay una nueva generación que ha venido para sustituirte. Al final, nada de eso te mata. El tiempo se encarga, él solito, de hacerlo.

Las lágrimas desconsoladas del campeón son una muerte anticipada: el gran jugador de tenis que comienza a dejar su sitio al siguiente. El gran héroe, protagonista de tantos mitos, ha de afrontar ahora una de las lecciones más duras de su vida: la derrota. El tiempo pasa. Y lo hace para todos. Los dioses del deporte no son una excepción y ver llorar a quien pasa por ser el mejor jugador de la historia del tenis, ganador de trece grandes torneos, no es algo habitual. Le está matando el tiempo, está pudiendo con él. No hay derecha ni revés que pueda parar el transcurrir de los días, un proceso irreversible que le lleva hacia el deterioro a la vez que sus rivales son guiados, por el mismo dios immpasible, hacia sus días de gloria. La plenitud de facultades frente a quien ha de ir asumiendo la muerte deportiva. La derrota como costumbre. Hasta que llegue el día de la retirada. Poco importa a este respecto que vuelva a ganar en Wimbledon o en EEUU, y que iguale o supere el récord de Sampras: antes o después Federer terminará viendo los partidos de Nadal como espectador. Será entonces cuando asista, cómplice y comprensivo, a la desolación de otro gran campeón que también ha de ir encajando derrotas.

Se trata de un imperativo cosmológico: el tiempo pasa. Tiene que ser así. Nada se escapa a su dictamen, vivimos sometidos al yugo de lo efímero. El deportista de élite, retirado ya en su mansión, olvidará pronto las derrotas. Las victorias y los campeonatos ganados brillarán en su memoria, serán buenos puertos a los que amarrar el recuerdo y el pensamiento. Sólo algún momento duro permanece. Vuelto ya a la vida de ser humano, el héroe deja de serlo y se convierte en uno más de los mortales, como le ocurrió ayer a Ferderer. Entonces hará la compra en el súper, se irá de vacaciones, comerá tres veces al día... Entre medias notará que ha perdido flexibilidad. Echará en falta a sus seres queridos. Sufrirá alguna que otra enfermedad. Pequeñas y grandes derrotas que todos sufrimos y se tapan bajo el fluir de lo cotidiano. Federer será humano, reirá y llorará, y con los años volverá a vivir esa sensación de no ser ya el que era. Hasta que llegue el momento último en que deje de tener sensación alguna. El tiempo fluye. Y todos sabemos dónde termina. Para Federer, pero también para todos nosotros.

No comprendo las lágrimas de Federer. Mejor: no me resultan simpáticas. O son cursis (y perdón por la incorrección: "como de niña"; y elevan a Nadal a la cima de la virilidad --posmoderna, dado que abraza al otro) o son siniestras (¿Qué es el "esto" que le va a matar? ¿Es el horror, como en la novela de Conrad?). En todo caso, el fluir del tiempo y la decrepitud no me parece lo más relevante filosóficamente. Yo me siento en plena decrepitud desde los 18 años y aún no he sacado ningún premio. Me interesa más la "contingencia" el paso del estar (en la cima) a no estar, del decir(we are the champions) al decir lo contrario(soy un derrotado, soy "la" derrota). La contingencia como rastro que deja la realidad casquivana --- Por cierto: si la contingencia es el nombre de la irresponsabilidad de lo real, ¿por que exigirnos a nosotros mismos la coherencia? ---- enlazando con tu artículo de hace un par de días sobre la acción ejemplar del profesor). El tiempo huye y llega la muerte (¡tan callando!). Quizás sería bueno que nos pillara cantando el "no llores por mí Argentina" (trasvestidos o de paisano). Para que gane - en precario - cierta ironía. Buen artículo, Miguel. Buen ritmo, buenos giros "cogitantes".

¡Saludos! Pues a mi me resultan simpáticas y hasta tremendamente humanas. No veo lo cursi, ni lo siniestro. Veo la tristeza. De acuerdo que hay otras muchas situaciones en las que sentir tristeza y también de acuerdo en que el bueno de Federer es un privilegiado. Frente a la millonada que tenga en su banco o la cantidad de torneos que haya ganado hay algo que le convierte en un ser humano, como tú, yo o mi vecino: la tristeza del fracaso, del paso del tiempo que le irá apeando de la élite mundial del tenis. Algo que está relacionado con la contingencia que señalas, desde luego... Eso sí, lo que no termino de ver es la relación entre contigencia y coherencia. No los veo como opuestos, y de hecho se habla de Federer y Nadal como dos jugadores que están elevando el deporte a niveles morales (ya sabes, excelentes chavales dentro y fuera de la pista y eso que nos cuentan los periódicos cada vez que uno de ellos ganan...). Su situación de campeones es contigente, pero su coherencia moral, por lo visto, permanece. Quizás hasta la muerte...

¡ Salud! Contingencia y coherencia. Adaptándolo al caso:"si la situación de campeones es contingente", si mañana serán despreciados por viejos o blandos o acabados, ¿es razonable pedirles que también mañana sean "chavales majetes" y honrados? El "esto " que le va a matar a Federer ¿no es la tensión que le lleva a desear otro triunfo, incluso lanzando mal de ojo a su rival para que rompa una pierna ? Me asusta que la eticidad - lo que se esconde tras la coherencia - tenga que ser en el mundo de la contingencia "tarea de héroe". Hasta el héroe debe saber que no puede exigir a los demás heroísmo, que la traición es comprensible, que la incoherencia es lo propio. Un héroe sin piedad da más miedo que el traidor. Si hasta Dios ordena matar a Isaac y luego no matar a Isaac sino al cordero, ¿puede el humano asentar el sentido de su vida en la búsqueda de la coherencia y el compromiso de su pensamiento con su acción? ¿Aconsejarías a tus alumnos " debes ser coherente con los principios hasta la muerte" si, sabemos, que esos principios son contigentes?Un ejemplo típico de la reciente historia: ¿ es aconsejable ser coherentes con los principios del comunismo - que para muchos fueron los principios de la humanidad en su liberación - después del giro brutal de la historia en el Gulag? ¿Hasta la muerte por la democracia liberal? ¿O por el Estado de Derecho? Gestionar la incoherencia --- ¿cómo avanza el pensamiento sino reescribiéndose y traicionándose. ¿Cómo, oh Miguel, podremos conseguirlo?

A ver si puedo ir por partes, para no perderme entre la ironía, la trampa y el "match ball" que me quieres colar... La condición de campeón es contingente, de acuerdo. Cuando se termine su vida de campeones no serán despreciados ni mucho menos. ¿Alguien desprecia hoy a Indurain por haber ganado menos tours que Armstrong? No creo. Y te diría más: no sé lo que va a matar a Federer, pero me gustaría pensar que no estaría dispuesto a ganar a Nadal con malas artes. Me explico: asumiendo que la contingencia del campeonato es inevitable, eso no implica que los jugadores estén dispuetos a echarse mal de ojo. Si un deportista tiene que elegir entre perder o ganar con trampas, la ética dice que es preferible lo segundo. Aunque el dopaje pueda sugerir que es mejor lo segundo. Más ideas: la eticidad no es asunto de héroes, sino de todo ser humano, por el mero hecho de serlo. No sé si lograrlo está al alcance de todos, pero desearlo sí. Al menos aspirar a ello, buscarlo, poner todo de nuestra parte. Tanto para el profesor, como para el tenista, como para el electricista o el fontanero. Si un compañero de trabajo, por ponerte un caso imaginario, pisa cabezas injustamente para lograr un ascenso, alcanza un logro contingente al precio de vender lo que venimos llamando "coherencia". ¿Cuánto vale la coherencia de cada uno? A eso ya no me atrevo a contestar. En resumen: la coherencia moral es recomendable, por supuesto, hasta que esa coherencia comienza a ser irracional. Y así lo ha sido en muchas situaciones de la vida humana: Gulag, Auschwitz, o quizás en nuestros días Cuba. Y por ponerle un "happy end" (momentáneo) a la charla que nos traemos entre manos: ¿Acaso no hace la coherencia más grandes a los deportistas que la practican? ¿Es mejor ser recordado por las lágrimas de impotencia y decadencia o por las tretas malhumoradas de McEnroe? Ay... no entiendo que haya compañeros que desprecien el deporte como mina de ejemplos para las clases. ¡Salud!

1.- Dices: "la eticidad ...no sé si lograrlo está al alcance de todos, pero desearlo sí. Al menos aspirar a ello, buscarlo, poner todo de nuestra parte". (Nota: en tu opinión experta, ¿es esto más Horkheimer que Habermas?) Cuestión: ¿ES la eticicidad - y la coherencia - mero deseo, ímpetu, "conatus"?¿No es esto esperanza y, por tanto, irracionalidad(buena o santa, si quieres, en virtud de no sé que criterios extra-discurso)? 2.- Dices: "la coherencia moral es recomendable, por supuesto, hasta que esa coherencia comienza a ser irracional". Si toda eticicidad tiene un componente de deseo y esperanza, ¿cuando una esperanza se convierte en "recomendable" y cuando en "censurable"? ¿ Por qué no es recomendable ser (ya)castrista?¿Por qué lo fue(si lo fue) en el amancer de la revolución?. 3.- El caso Raúl(el del Real Madrid, no el hermano del comandante. Raúl hace unos meses se le considera "viejo" y lastre; hoy se le resucita como columna vertebral de un equipo. Raúl fue despreciado: ¿debió abandonar en tanto seguir ya no era coherente con su trayectoria? Pero si se hubiera retirado, si el griterio y el sentido común le hubieran incitado al abandono, ¿no nos perderíamos ese renacer del mito? Gestionar incoherencias... Salvo el abandono de todo deseo o cosas así, no se me ocurren recetas (Metafísicamente duras; consejos y moral provisional, vale, lo que se quiera, la misma que propuso Descartes sin ir más lejos. Pero ¿es eso eticicidad --- si esta palabra se asocia al universalismo, la racionalidad, el proyecto ilustrado....? Me inclino por asumir la derrota.

¡Hola de nuevo! Mira que me lo pones difícil... y anda que no hemos hablado veces, por activa o por pasiva, de la posibilidad de continuar y/o mantener la Ilustración como proyecto. A ver si puedo contestar alguna de tus preguntas. 1) Lo que venimos llamando "eticidad" entendiéndolo como un comportamiento moral recto y coherente puede ser un anhelo (Horkheimer) pero también algo intersubjetivamente construido. Me explico: aunque sus planteamientos sean distintos, Horkheimer y Habermas podrían ser compatibles. Es la sociedad la que establece pautas, principios, normas. En cierto modo la sociedad (familia, educación, etc) nos enseña a ser morales y lo hace de la forma en que sabe. Y sé que me deslizo perligrosamente hacia la sociología moral que pierde de vista el deber ser, pero si lo miramos psicológicamente (Piaget-Kohlberg) vemos cómo nuestra conciencia moral subjetiva depende de la social, de la intersubjetiva. Son los demás los que me presentan modelos a imitar, como Nadal o Federer o cualquier otro personaje que consideremos "modélico". El gusanillo (palabra vulgar del conatus) nos viene de los demás, que en este caso no son el infierno sino también un trocito de cielo.... 2) En cuanto a la coherencia: la moral no es asunto de máquinas. Es decir: no hay una respuesta cerrada, lógica o matemática que indique cuándo la coherencia es irracional. Más bien hay indicaciones más cercanas al sentido común: matar por ideas o perseguir a otros seres humanos por el hecho de no estar de acuerdo es un síntoma de que las ideas originales no se han aplicado bien, de que el sistema no funciona. Si la coherencia moral nos convierte en vergudos, nos inyecta odio o nos lleva a degradar a otros, algún paso incorrecto habremos dado entre medias. 3) Raúl, el madrid y la selección... No era incoherente que siguiera jugando en los momentos en que más se le criticaba. Te diría más: cada deportista tiene un carécter, un ethos, y lo desarrolla. Zidane se retiró siendo uno de los mejores jugadores del mundo, podría haber jugado más temporadas. Pero tomó esa decisión. Raúl ha decidido seguir jugando pese a las críticas. Son decisiones que nos dicen cómo es cada uno de estos jugadores, pero no tengo muy claro que ahí se estén gestionando (o dejando de gestionar) incoherencias. El ethos del deporte es múltiple: Materazzi insulta a la hermana del contrario para ganar. Induráin compartía premios y permitía que otros corredores lograran maillots y victorias de etapa. Cierto entrenador decía: "al enemigo pisalo". Son caracteres, formas de ser, ethos del deporte. ¡Salud!

¿ Un comportamiento moral recto y coherente - como anhelo o construcción intersubjetiva - no se "fundamenta" en algún conjunto de principios o verdades por los que sería justo morir ---- o matar?¿Cómo matar sin degradar? ¡Gestión de la incoherencia!(Bibliografía: Cartas a un amigo alemán de Camus - matar al alamén sin degradar al amigo -; el humanismo en precario de Montaigne: Apología de Raimundo Sabunde .... no sea el paso más largo que la zancada)

No seré yo el que deje el asunto en suspenso. Viendo el tema del que partió el debate, hay que devolver la bola. Una pregunta quizás maliciosa: ¿por qué comprender la moral de una manera belicista, heroica, casi épica? Déjame darle la vuelta a la tortilla: no se trata de comportamientos morales rectos y coherentes por los que merezca la pena morir. Lo diría al revés: son aquellos por los que merece la pena vivir. Es decir, la moral no es sólo algo atávico, heredado del pasado, de una especie de herencia biológica en la que las decisiones son morir o matar. ¿No cabe entenderla también como anticipación, como proyecto, como horizonte? No matamos por la moral, vivimos por la moral. Gestionamos las incoherencias propias de cada tiempo en tanto que contribuimos a alumbrar buenas ideas morales, buenos comportamientos, buenas reglas, buenos valores. Sé que me he puesto ultrailustrado y "megaoptimista", pero puestos a aportar, hay que jugar fuerte. Órdago a la moral... ¡Salud!

¡Gane la moral y pierda mi espíritu morboso! Como "liberal público" asumo todo los planteamientos ilustrados que quieras (pero con dieciocho candados de prudencia, precaución, estimación racional de riesgos, inteligencia práctica, sentido común,.....). Incluso me atrevería a universalizar los principios de la ética médica ( no maleficencia, justicia, autonomía, beneficencia). Pero como "ironista privado", cuando dejo que la reflexión fluya sin compromisos con el mundo, considero que la contingencia impone un ritmo de sobresalto, el paso constante de una coherencias ( o incoherencias) a otras. Tú hablabas de las cadenas que nos imponen las "coherencias" en tu nota de hace unos días cuando aludías al pensamiento "tribal" de progres, conservadores ... Y yo creo también que las coherencias nos matan, que en el contraste con la experiencia - si uno tiene un poco de piedad e inteligencia - saltan hechas añicos, que no duran porque no pueden hacerlo (y si en el pasado duraban más era por encierro, por soledad, por "no meneallas" ). En fin, en la película "La guerra de Charlie Wilson" vemos como se contruye un héroe por el que merece la pena morir (y vivir) - la resistencia afgana contra el ejército soviético - que, poco años después, casi sin solución de continuidad, se transforma en el gran satán (el terrorismo afgano). Mi planteamiento estos días lo he nombrado con la expresión "gestión de las incoherencias" y me lleva a sentir - en el estómago y en la inteligencia - que en cuestión de moral esto es un sin vivir si uno quiere crear una cierta coherencia y que quizás estemos entrando en una época en la que sea preciso asumir que entre nuestro pensar y nuestro hacer se abre un brecha de impotencia y cruel riesgo de engaño. En todo caso, ¡Gane la moral y pierda mi espíritu morboso! Macht point! Salud!

Vaya, vaya, vaya... va a tener que venir el juez de silla y dejar el partido empatado. El "optimismo" y el "mundo de disney" que en cierta forma se desprendía de mi anterior comentario merece más de 18 candados. Es verdad que esto es un sin vivir y que las decisiones morales no son cuestiones puramente racionales. La coherencia parece llevarnos al terreno de la lógica y sería un error plantear las cuestiones morales "more geometrico". Tu ejemplo de los rusos y los afganos está bien traido, y se podrían poner tantos y tantos otros. Las "cadenas ideológicas" de las que hablaba en la otra anotación no son menos ciertas: es uno de los motivos que me lleva a no afiliarme a partido político, sindicato o periódico alguno (lo cual, por cierto, también lleva aparejados ciertos peajes vitales...). En cualquier caso, sigo aferrándome a cierta coherencia, no lógica sino vital. Una coherencia frágil, cercana al sentido común, a la prudencia que tiene que elegir entre tinieblas, sin poder medir. Una coherencia cotidiana rodeada de contingencia, de no saber, de estar hoy aquí y mañana allí, de pasar de víctima a verdugo sin apenas percibirlo. Si en medio de todas esas tempestades, se mantiene cierta luz, un línea personal... pues al menos me atrevería a decir que esa es una vida auténtica, coherente. A seguir con la ironía privada! Miguel.

Jajaja! Vaya debate! A ver si lo he entendido bien (aunque me he perdido un poco entre tanta coherencia y contingencia)... Entonces, Luis, tu piensas que el ser humano actua de forma incoherente, ya que si no, supondría esto para él un sin vivir. No? (Corrígeme si lo he entendido mal) Pero.. no es peor esta postura? Pensar algo, pero actuar de diferente forma? No se acerca esto más a la idea de un sin vivir? Cambiar de opinión constantemente? Vale, a lo mejor tu te refieres a que no hay que tener una mente cerrada, de no querer cambiar de pensamiento aunque eso perjudique a los demás, o a la propia persona, tener unos valores tan interiorizados que se es incapaz de actuar de diferente forma a nuestros pensamientos, pese a que estos generen malos resultados. Coherencia hasta el final, buena o mala. En ese sentido estaría de acuerdo contigo. Sin embargo, quizá haya que dejar, como dice Miguel, un margen para el sentido común, esa coherencia (frágil) en la que se incluya unos valores morales absolutos (como el respeto hacia los derechos humanos, la dignidad, mi libertad se acaba donde empieza la de los demás, etc)e invariables, porque si no... que sucedería?

Salud (o salve), María. Perdón por lo empalagoso del decir que sólo conducen a la pérdida de la poca razón que nos está permitida. Parece que se nos exige que seamos coherentes con nuestro pensamiento, que haya una correspondencia entre lo que hacemos y lo que pensamos. Sin embargo esta llamada a la coherencia es una pretensión excesiva para el miserable mono humano. En primer lugar, la realidad - la historia - quiebra sus "coherencias" cada dos por tres: lo que ayer nos parece bien encaminado mañana se nos muestra siniestro.Sólo Dios salva y yo creo que la filosofía no puede tener Dios. Por otro lado, la fidelidad a las coherencias - a ciertos puñados de ideas que conforman catecismos, ideologías, proyectos vitales, etc - nos puedo convertir en dogmáticos cerriles, en seres de palo cerrados a toda inteligencia y toda piedad (los dos valores que yo salvaría, en precario, de la quema). Por ello quisiera salvar la autonomía del pensamiento que hace su tarea sin pretender hacerse real. Y salvar la peculiaridad de la acción que no debe sujetarse a la supuesta coherencia del pensamiento porque quizás, así, no asume la enorme pluralidad de lo existente. Pero todo estos dicámenes son un asunto privado mío que comparto en conversación privada contigo, con Miguel y quien con esto lee. Por lo demás, públicamente, asumiría lo que tú dices de los derechos humanos, la libertad, etc. y en general el proyecto democrático --- aunque en el espacio de la meditación creo que todo el proyecto moderno de los dd humanos, la democracia etc. tiene demasiados espacios de cuestionamiento "radical". Este planteamiento es a lo que llamo incoherencia y tratar de vivir con él "gestión de la incoherencia" o "bicefalia". (en mi blog esta semana, y en paralelo, también he estado escribiendo sobre el tema). Por lo demás, coincido con mi "brohter" MIguel en su última nota: la razón geométrica es mala maestra para el mundo de este sin vivir. Me gustaría generar una frágil coherencia para andar tirando - que no teme romperse y reconstituirse como el malo de la película Terminator. Me gusta la inteligencia, la escritura, la piedad y el cumplimiento del deber incluso en la precariedad. Lo demás no sé. Oh, me gusta hablar con Miguel y contigo (aunque sea en este "falso hablar") Salud y librepensamiento