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Crisis de autoridad

Cuando la defensa de los derechos se vuelve irracional

Durante las últimas décadas estamos pagando el precio de que la palabra autoridad fuera mal entendida, asociándola a un régimen dictatorial, en el que no cabía la posibilidad de pensar distinto, de ser distinto. La desorientación que esto produce puede comprobarse en la calle: nadie piensa, por ejemplo, que cuando un policía o un guardia civil sancionan tal o cual comportamiento no lo hacen a título individual, sino en representación del estado y, en último término, en representación de toda la sociedad, que es la que da legitimidad a cualquier organización política. Los nombres y apellidos del funcionario de turno deberían importarnos bien poco: lo que hace no es a en tanto que un individuo particular. Y así sucede desde el conserje que nos recibe en un edificio público hasta el presidente del gobierno, pasando por policías, profesores, administrativos, inspectores de hacienda o jueces del más alto tribunal. El problema es que de un tiempo a esta parte parece haberse extendido la idea de que representarnos a todos es prácticamente algo vergonzante, sospechoso y siempre susceptible de revisión.

Y no me estoy refiriendo a la autoridad del profesorado. No es el tema de hoy. Estoy pensando, por ejemplo, en que existan asociaciones que se publicitan en la radio comprometiéndose a recurrir todas, absolutamente todas, las multas y sanciones que reciba un conductor. Y no sólo eso: por una cierta cantidad de dinero pueden hasta "blindar" tu carnet de conducir, dispuestos a pagar un taxi o cualquier otro transporte en caso de pérdida. Muy seguros deben estar de que pueden desafiar las leyes del estado en todo trance y circunstancia. Cobertura legal a infractores o delincuentes, publicitada abiertamente y sin ningún miedo: circule usted a 160 por hora. Nosotros podremos demostrar que cumplía las normas. Ya habrá algún resquicio procesal, algún fallo en la tramitación, que logrará que su infracción quede impune. ¿No debería estar prohibido ofrecer según qué servicios" Puedo escuchar ese anuncio desde dos puntos de vista: si habitualmente me salto las reglas, me cubren. Otra manera de verlo: si un bestia atropella a un familiar, estos se encargarán de que vuelva a conducir. Si un conductor borracho se me lleva por delante, no tardará en tener un volante en las manos. Un consuelo absoluto.

Estas asociaciones de la inmoralidad se piensan que defienden al conductor frente al estado, ese monstruo omnipotente que pretende organizarnos la vida y decirnos cuántas copas de vino podemos beber antes de conducir, como señaló con prepotencia y soberbia cierto expresidente. El problema está en que el estado nos representa a todos y la legitimidad reside en él, no en una asociación que sin pudor alguno nos desafía a todos. En una democracia, las leyes están para cumplirlas. Y al que no le guste, que trate de cambiarlas. Si ciertas asociaciones piensan que las leyes de tráfico son restrictivas y una potencial amenza para el conductor, deben presentarse a unas elecciones, incluyendo en su programa la ausencia de toda regulación. Y si obtienen mayoría, que lo cambien. Y si no, que se callen, pero que dejen de presumir ante toda la sociedad de que pueden burlar leyes y sanciones. La democracia es un sistema político que trata de garantizar que las leyes y regulaciones del estado tengan la mayor legimitidad posible. Y existen mecanismos para su crítica y revisión. Cualquier enfrentamiento con esta manera de vivir no va dirigido contra los políticos o el parlamento, o contra el director de la DGT. Va contra todos nosotros. Contra una sociedad en la que la palabra autoridad parece haberse desdibujado por completo.

Siglo XVI, Picaresca, género literario NACIDO en España, ... , ¿será que aún estamos en ese tiempo?, ¿tiene que ver con la idiosincrasia de lo español?. Verdaderamente es indignante lo que cuentas Miguel y difícil de erradicar. Pero también están otras caracterizaciones de lo español heróicas, admirables. No te detengas mucho tiempo en las imperfecciones. Un cordial saludo y gracias siempre por tus reflexiones.

1) “El problema está en que el estado nos representa a todos y la legitimidad reside en él, no en una asociación que sin pudor alguno nos desafía a todos. En una democracia, las leyes están para cumplirlas. Y al que no le guste, que trate de cambiarlas……”. Sí, por supuesto, qué demócrata podría estar en desacuerdo con esas palabras. Ahora bien, qué ocurre cuando algunos políticos, y de una determinada Comunidad Autónoma, afirman abiertamente que ellos no acataran las sentencias del Tribunal Constitucional. Qué ocurre cuando, y desde la propia Fiscalía General del Estado, se dice que “es necesario mancharse las togas con el polvo del camino”. Pues bien, decir abiertamente, desde los Órganos del Estado o desde otras Instituciones, que no se piensan acatar las leyes o que se pretenden vulnerar, no acarrea sanción alguna. En definitiva, es el propio Estado, el que hace dejación de sus funciones. Y si los propios políticos ni cumplen, ni hacen cumplir las leyes, porqué las tenemos que cumplir los demás. 2) “La democracia es un sistema político que trata de garantizar que las leyes y regulaciones del estado tengan la mayor legimitidad posible. Y existen mecanismos para su crítica y revisión” Pero si vivimos en un país donde los partidos políticos lo inundan, y lo ahogan, todo. Cuál es la legitimidad, cuáles son los mecanismos para su crítica y revisión, si los partidos controlan el Tribunal Constitucional, el Supremo, el Consejo General del Poder Judicial, la Fiscalía General del Estado, los Entes Públicos de Radio y Televisión, las Cajas de Ahorros….. Pero si es que hasta las ONG (ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES), al final, depende del poder de turno. ¿Y para qué todo este control? Alguien realmente piensa que es para conferir legitimidad al Estado o aumentar la representatividad de todos y cada uno de los ciudadanos. 3) El problema de fondo que estaba planteando el anterior presidente del gobierno, al menos yo así lo entiendo, e independientemente de prepotencias y soberbias, es el de la concepción y finalidad del Estado. ¿Estamos o no de acuerdo con una concepción del Estado “Paternalista”, el cual, nos diga continuamente a los ciudadanos lo que debemos o no hacer? ¿Estamos o no de acuerdo con un estado que nos diga si tenemos que ponernos el cinturón de seguridad, si tenemos que fumar o no, qué cine tenemos que ver, cuándo debemos morir…, y todo ello, por supuesto, en nuestro beneficio? ¿Conocen los estados "paternalistas" el concepto de “sociedad civil”? En definitiva, en este país, existen ese tipo de asociaciones, porque este país fomenta ese tipo de asociaciones y de políticos. Este es un país en el que según se termina de imprimir una ley,en lo primero que pensamos, es en cómo poder vulnerarla. Y el drama, más bien tragedia, es que siempre resulta beneficioso. ¿Cómo cortar ese nudo gordiano? ¿Cómo regenerar el sistema,y,desde dónde? Un Saludo

Coincido con P. Gutiérrez. El patio de Monipodio sigue vigente. De hecho, goza de mejor salud que nunca. España y yo somos así, señora. http://antoniolopezpelaez.com

Gracias Antonio, me encanta tener una coincidencia contigo, expresada con simplicidad, no creo que sea con simpleza. Gracias otra vez, señor López-Peláez.