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Novela y ensayo

La literatura ¿puente u olvido de la filosofía?

No hace mucho, me comentaba un compañero que ya se había cansado de tanto leer filosofía. Seguía enganchado a la lectura, pero estaba harto de tanto concepto, tanta teoría y tanto ensayo que al final, inevitablemente, conducía a callejones sin salida, sea porque no ofrecen solución alguna o porque saber de filosofía es también, entre otras cosas, ir tomando conciencia de los agujeros de cada texto a medida que se va leyendo, hasta el punto de que no hay texto que soporte la lectura de quien va pensando y repensando sobre lo que lee. El ensayo filosófico, por muchas pretensiones que tenga, no deja de ser más que eso: un ensayo, un intento de dar cuenta de un problema que a menudo trasciende los límites del lenguaje. Y aquí está lo paradójico de la situación: quienes tienen que enseñar filosofía reniegan del género filosófico, entregando su tiempo a la novela. Y lo que es más importante aún: orientando a sus alumnos hacia la novela.

Un claro síntoma de esto es la práctica didáctica de la lectura: es muy habitual que las programaciones didácticas incluyan una serie de lecturas recomendadas o incluso obligatorias, con el consiguiente trabajo de análisis de las mismas. Lo que ya no es tan frecuente es que en la lista aparezcan títulos o autores que podamos entender como auténticamente filosóficos, sino que las novelas, de la más diversa índole, suelen ser las protagonistas. Quizás por dos motivos: porque para los alumnos la novela será siempre más sencilla que el ensayo, y porque escasean los textos filosóficos dirigidos a adolescentes o, mejor dicho, expresados de una forma accesible para alumnos de bachillerato. De manera que es normal que los alumnos que han pasado por un bachillerato con dos años obligatorios de filosofía no hayan leído ni un sólo ensayo, ni uno solo de los grandes títulos de la historia de la filosofía o de la divulgación filosófica. ¿Es esta una práctica correcta"

Después de tantos siglos de tradición literaria, nadie va a poner en duda que las novelas son una manera adecuada de acceder al mundo del pensamiento. Ninguna novela se agota en sus personajes, en la historia que nos cuenta. De una forma u otra, todas ellas trascienden las ficción que nos presentan, nos obligan a pensar y en ocasiones a tomar partido. Leer nos lleva a formar juicio, a implicarnos en la historia, nos convierte en uno más de los personajes. Muchas novelas nos lanzan problemas relacionados directa o indirectamente con la filosofía, y en este sentido pueden ser una vía de acceso a las ideas y teorías de nuestra tradición de pensamiento. Con todo, la novela adolece por lo general de la materia prima de la filosofía: el concepto. Esta diferencia trae consigo una cierta inseguridad: ¿hasta qué punto estamos reforzando las habilidades filosóficas con la lectura literaria" ¿Es la entrega a la literatura, tanto personal como didáctica, una "traición" dulce a la filosofía, o por el contrario una manera de prolongar la reflexión, ajustarla a historias y ficciones mejor expresadas y más accesibles que la propia filosofía" Si alguien lo sabe, que lo cuente...

No estoy muy deacuerdo con que en la novela no haya "conceptos"; precisamene el "concepto" es algo que nace en la realidad entendida como práctica social además; y hay una tesis de Nietzsche en El Nacimiento de la tragedia y los escritos preparatorios sobre este tema; en la tragedia nace el "concepto", sobre todo en la arcaica y más antigua; de ahí deducimos que el "concepto" también nace cuando alguien se ponde a relatar un mito, en la Ilíada. Hay así "conceptos" en la mitología. De todo ello se sigue la tesis de Nietzsche de que el arte es anterior o simultáneo a la ciencia, la soberanía del arte Y DE LA CIENCIA, AUNQUE SUBORDINADOS a la práctica social, disueltas en la vida; el concepto para Nietzsche no es nada intelectual, es "arte pop", disuelve fronteras. Luego vendrá la filosofía académica a hacer y deshacer esas cosas, por eso Platón decía que antes de filosofía se debe aprender geometría; y de geometría hay mucho en el relato novelado moderno. un saludo

Me encanta que hagas esta reflexión. Soy un lector de ensayo, y solo de vez en cuando me regalo o conformo con una novela. Ni mejor, ni peor. Cuestión de estómago que diría Nietzsche. Pero cuando uno sólo lee novelas o sólo ve películas... ¿perdemos el concepto? Búsqueda de la belleza en las películas y novelas. Búsqueda de la verdad en el ensayo. Son dos buenas direcciones, quizás la misma, si entendemos por belleza algo trascendental, digamos; y por verdad algo no meramente teórico (porque la rigidez del ensayo puede tener sus peligros de alejamiento de la razón práctica). Debemos alimentar un pensamiento y acción propio, bien orientado, por la belleza, la verdad, el bien.., que alimentamos con buenas novelas, buenas películas, buenos ensayos... Tampoco tengo la solución. Gracias Miguel por mantener viva la página.

Estimado Miguel, comprendo lo que dice tu compañero, puede ser y ojalá no lo sea, que esté un tanto "quemado" porque la profesión conlleva en ocasiones estados así. Pero no podemos o no deberíamos prescindir de los conceptos, ni de conceptualizar, perderíamos habilidad, capacidad intelectiva. En cuanto a la inclusión de la novela, sí es recomendable, hay novelas históricas que clarifican mucho más que una lección magistral, siendo ésta también necesaria. Una escritora, Colleen McCullough, experta en Roma aporta todo lo que se sabe de la época, muy buena, de las mejores en novela histórica. También quiero mencionar a un filósofo de la Historia, R.G. Collingwood, que en su "Idea de la historia", ed. F.C.E., habla de la cuasi-historia, en donde reivindica precisamente la lectura de novela histórica, tan desdeñada, como muy importante y necesaria incluso para la comprensión de la historia. Le han caído críticas como piedras por parte de los más academicistas, claro. Yo no sé si es una dulce traición a la Fía, pero ambas cuestiones, conceptos y literatura pueden ser compatibles, ¿por qué no?. Gracias siempre como siempre Miguel.

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Para X. Zubiri, la des-realización consistía en mostrar las cosas reales desde otros modos virtuales o fingidos, para volver nuevamente sobre las cosas, con intención de afirmarlas. Para él, existían tres modos de des-realización, llevados a cabo por el Logos: - Perceptos - Conceptos - Fictos El ficto, a diferencias de los conceptos, por ejemplo, es la ficción de cómo se organizan las cosas de formas nuevas. Y a esta manera de crear cosas nuevas lo denomina “fantasía”. Ahora bien, y en el tema que nos ocupa, la novela (ficción) – al igual que cualquier creación artística-, no produce o crea mundos distintos al mundo real en el que nos hallamos. ¡No!. En la ficción lo que se crean son otros ámbitos o relaciones que también son reales, y que tratan de dar cuenta, del mundo real en el que vivimos. Un poeta, un novelista o un artista, no crea un mundo distinto a nuestro mundo real. Sino que trata de dar cuenta, de ese mismo mundo real, creando nuevos ámbitos o espacios de interpretación. Un concepto, por el contrario, trata de responder a la pregunta ¿qué es tal cosa? Ello conlleva también un proceso de des-realización, pero a diferencia de la ficción, trata de “fijar” el qué de la cosa. Ambos, conceptos y fictos, tratan de afirmar las cosas del mundo real, aunque de formas diferentes. El concepto mediante una “fijación”, y el ficto, mediante la creación de nuevos ámbitos “dinámicos”. Por tanto, no es que dentro de una novela no haya conceptos, sino que la novela no se construye con “conceptos”, sino, mediante “fictos”. La realidad es trascendentalmente abierta. La realidad, metafísicamente considerada, es un “de suyo que da de sí”. Y porqué digo esto. Porque el amigo de D. Miguel afirmaba que el ensayo es un intento de dar cuenta de un problema que a menudo trasciende los límites del lenguaje. Efectivamente, el ensayo, es un intento mediante “conceptos” de dar cuenta de un problema que a menudo trasciende los límites del lenguaje. Y ese problema, se llama, la “Realidad”. Es la Realidad, la que en su dar de sí, en su ser trascendentalmente abierta, la que no puede ser acotada mediante los límites del lenguaje. Y esa trascendentalidad de la Realidad se “plasma” mejor, a veces, no con la “fijación” mediante conceptos, sino, mediante la creación de ámbitos abiertos, a través, de fictos. Un Saludo

La poesía, su "ficción", decía Aristóteles,que toma el drama como un objeto científico, es más filosófica y doctrinal que la historia; y tiene un conocieminto dialéctico esencial en lo que Adorno llama "exacta fantasía", lo mismo que Leonardo; y esa DIALÉCTICA está según Aristóteles en las dos partes de la fábula o relato o como dice el amigo elias, "fictum": construcción del nudo anterior al viraje, y desenlace posterior al cambio inesperado; es decir, una disposición activa de los elementos de la realidad,reacomodando la experiencia para abrirla a lo cognoscitivo; y es exacta por sistemática y científica, NO SALE, no trasciende,los límites que ofrecen los elementos sobre los que trabaja, de tal forma que toda obra, si lo es, aún en el surrealismo, cumple su OBJETIVO al cerrar sobre sí misma de forma fija, aún con una capacidad cognoscitiva a veces infinita. buenas noches.