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Unamuno-Hume (Deportivo-Liverpool)

Religión y vida
Deportivo-LiverpoolHoy entra en competición uno de nuestros "filósofos" nacionales: Miguel de Unamuno. Unamuno fue siempre más que un escritor y más que un filósofo, y, aunque hay quienes recelan de considerarle filósofo, el carácter de su obra, y también su vida, revelan sin duda un fondo filosófico innegable. Su rival de hoy no será nada fácil: la filosofía de Hume ha puesto en un brete a todo el pensamiento posterior, y algunos de los problemas que ha planteado, como por ejemplo el de la inducción siguen siendo discutibdos e investigados. Por si ambos filósofos, tanto por sus ideas como por su vida, contaran ya con condiciones para hacer interesante el partido de hoy, el tema también se las trae: ¿es la religión un autoengaño del ser humano" Para Hume la religión puede interpretarse como una superstición. Desde su teoría del conocimiento (basada en la experiencia sensible), el argumento es bien sencillo: no podemos afirmar la existencia de algo que no hemos visto. La religión sería una manifestación de infantilismo o de miedo a lo desconocido, pero carece de fundamento. La religión es magia y fantasía, una invención del ser humano. Hume no llega a negar la existencia de Dios, pero defiende que ésta no puede ser demostrada, y que, por tanto, carece de sentido investigar al respecto. Este escepticismo nos puede recordar aquella frase de Protágoras, en la que renunciaba a abordar la cuestión de la existencia de los dioses por la oscuridad de la cuestión y por la brevedad de la vida. Para Hume, por tanto, la religión es una creencia construida sobre débiles cimientos: tan débiles que una de sus ideas centrales, ni siquiera es captable a través de la única fuenta válida de conocimiento, que no es otra que las impresiones sensibles. Casi trágica resulta a este respecto la posición de Unamuno. Mucho se ha debatido sobre su posible ateísmo o si, por el contrario, se le puede considerar creyente. Lo que está muy claro es que su punto de vista no es, como el de Hume, epistemológico, sino vital, experiencial. El Unamuno pensador, el intelectual, que está convencido de que Dios no existe, de que no puede existir, enfrentado a ese otro Unamuno, al ser humano concreto y particular, a Miguel, que necesita creer en algo, que no puede soportar que la muerte sea lo último, que tenga la última palabra. Es su ansia de inmortalidad la que empuja a Unamuno a creer en un Dios al que no ve ni siente, pero al que necesita. Lo que niega el intelecto y la razón, es abrazado por el corazón que late y necesita seguir haciéndolo. La mortalidad convertiría al hombre casi en un animal religioso, en alguien que necesita creer en la existencia de un ser superior. Lo que Hume negaba con argumentos empiristas es recuperado por Unamuno desde una postura que podríamos calificar de vitalista. Es la vida, su continuidad, la que necesita y exige la existencia de un Dios. ¿Qué os parece" P.D: al inicio de la competición, Chemi hablaba de Wittgenstein... ¿Y si esta vez fuera árbitro el austríaco, y suspendiera el partido por falta de sentido"

La religión como una necesidad íntima del ser humano. Estoy de acuerdo con los dos, con Hume y con Unamuno, porque ambos no están en desacuerdo entre sí. La religión no tiene existencia real fuera del alma humana. Por eso es respetable cuando se considera una creencia íntima y personal, y absolutamente condenable cuando se la utiliza para imponer a los demás un comportamiento moral.

La religión no es una necesidad íntima del ser humano, lo es de algunos humanos. Lo que sí es una necesidad íntima es tener fe, que es de lo que habla Unamuno. Uno puede tener fe en lo que quiera o pueda. Yo no tengo fe en ninguna religión, sí en cambio en algunas personas, no en "El Hombre". Aunque tienen mucho que ver religión y fe no son lo mismo....Salud.

¿¿Que "la filosofía de Hume ha puesto en un brete a todo el pensamiento posterior"?? No repitas propaganda... Don David no pudo imaginar que siglo y medio después Planck descubriría que la causación viene en paquetes. (O "cuantos"). Por eso no podemos detectarla, sino sólo las transformaciones que genera. Hume debía buscarla, pues, no afuera de los agentes, sino en nuestra interioridad. En vez de ello, metió la de andar: declaró que como no la puede encontrar afuera, la causación tampoco existe adentro de los agentes. Así, bien simplificado, se ve claramente que su perspectiva es insostenible; puedes darle vueltas y más vueltas, escribir volúmenes complejos, pero siempre se reduce al esquema de esta "metida de pata". Claro que como es la ideología de los poderosos, no faltan coros que la aclamen. No caigamos en eso, aunque sea por dignidad - o por vergüenza.

Personalmente, Mariela, no creo que se trate de ideología. Es más, la filosofía empirista no creo que goce de buena salud... Sin embargo, que gente como Popper o Russell se hayan dedicado a ello, creo que nos da una pista aproximada del valor de su pensamiento. En tu comentario te refieres a la casualidad. Sin entrar a discutir tu propuesta, ¿qué ocurre con la crítica a la idea de sustancia? Aún no se me olvida un texto de Russell que leí en la licenciatura. Venía a decir que aún hoy debemos dar una respuesta razonable al "problema de Hume". De lo contrario, venía a decir Russell, no encontramos ningún motivo para diferenciar a una persona que dice ser un huevo cocido de otra que no lo dice (la cita literal era mejor, claro, a ver si la busco y la pongo por aquí)... No se trata sólo de la causalidad (aun cuando lo que comentas también sea discutible), sino de todo el poso de la filosofía de Hume, que, creo, es más complicado de lo que a primera vista pudiera parecer...