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Filosofía y sistema

¿Es filosofía la filosofía sin sistema?

Hubo un tiempo, y en realidad no hace tanto, en el que dentro de la filosofía era algo obligado desarrollar un sistema. Se tenía la idea de que ha de haber un nervio común que una y dé coherencia a todas nuestras concepciones de los ámbitos más diversos: la realidad, el conocimiento, el ser humano, la ética o la política. El buen filósofo era aquel que podía ofrecer una visión del todo, y esto pasaba por ir construyendo, ladrillo a ladrillo, todo un edificio del saber, en el que aparecen recogidas de manera unitaria las ideas correspondientes. El sistema como anhelo filosófico recorre prácticamente todos los tiempos, desde Tales de Mileto hasta Hegel. El ejemplo de Hegel no es casual: probablemente sea el último de los grandes de la historia que ha intentado construir todo un sistema filosófico, un marco conceptual capaz de dar una explicación filosófica de todo lo real.

Después de Hegel la idea de sistema filosófico ha ido languideciendo hasta caer en el mayor de los descréditos. De hecho, he llegado a escuchar conversaciones en las que el carácter sistemático de autores más cercanos en el tiempo, como Gustavo Bueno, era criticado de una manera despectiva. Tener un sistema, hoy, no es ya una virtud filosófica, sino más bien un síntoma de testarudez intelectual, una forma de atricherarse en las ideas y resistirse a admitir que la complejidad y diversidad de lo real hacen imposible la creación de cualquier sistema filosófico. Empujados quizás por Nietzsche y por toda la legión de la postmodernidad, el hacer filosófico ha renunciado a una de sus señas de identidad, logrando imponer además la idea de que pretender construir un sistema filosófico en el siglo XXI sólo puede ser, en el mejor de los casos, la expresión de un anacronismo intolerable en los tiempos del pensamiento débil y la razón fragmentada.

Más de uno pensará que este tema es una cuestión totalmente menor. Sin embargo, tiene su relevancia respecto al ser de la filosofía: siempre se suele explicar que, frente a la ciencia, la filosofía busca una globalidad que es inherente a la propia actividad filosófica. Mientras que el resto de saberes se centran y especializan en una parte de la naturaleza, la filosofía desea explicarlo todo, se empapa de realidad sin intención alguna de separar y especializarse. La cuestión es si esta globalidad es defendible cuando se renuncia al sistema. Cuando se asume que es imposible ofrecer una explicación de todo, y como punto de partida se dedica uno a temas de ética, estética o antrpología. y es que al margen de lo que se explique en las aulas de secundaria, lo cierto es que los filósofos relevantes de nuestros días no pretenden construir un sistema, ni tampoco se fomenta esta globalidad desde el mundo académico. Algo que, de seguir así, debería cambiar nuestra concepción misma de la filosofía: renunciar a la globalidad y redefinirla como una actividad que indaga en cuestiones particulares de algunos temas concretos. ¿Sigue entonces siendo filosofía" No faltarán quienes piensen que no. Otra cuestión es que sea tarea fácil de asumir la de ir levantando todo un sistema filosófico. Pero los grandes desafíos intelectuales están precisamente para eso: para enfrentarse a ellos.

Mis dos padres intelectuales son dos filósofos materialistas con dos sistemas filosóficos: Mario Bunge y Gustavo Bueno. No creo que sea un tema menor, es mas, me atrevería a decir que toda filosofía que no sea sistema o aspire a serlo no pasara de ser un rasguño.

Una filosofía sin sistema, es como una novela de entrega a plazos. Ni siquiera esto, pues la novela a plazos, al final, se puede recomponer, como el caso de LA REGENTA, y formar novelón. El sistema filosófico no es posible recomponerlo desde la fragmentación. Pues los fragmentos, a diferencia de la entrega novelada a plazos, carecen de continuidad. Son elementos flotantes, aislados, piezas, digámoslo así, cazadas a vuelo. La unidad metodológica o gnoseológica, (por ejemplo, que consolida la ontología, imprescindible para cualquier SISTEMA filosófico) es irreversible. En consecuencia, un pensamiento filosófico sin sistema, no es pensamiento filosófico en rigor, es filosofía mundana, ingeniosidades al uso, divertido y aprovechable (caso de Nietzche), tal vez, pero siempre con la debilidad o carencia de no pertenecer a la tradición filosófica de Platón, Aristóteles, Kant, Hegel, etc...cuyas obras, contempladas con la distancia de los siglos, producen un verdadero placer, placer estètico e intelectual, si es que se diferencian. Gustavo Bueno supo ver esto en medio de la marabunta del postmodernismo. Y acertó. Creó un sistema. El sistema del materialismo filosófico, con su ontología especial y general.