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Queremos ciudadanos... ¿que no piensen?

Discusiones en la superficie de los problemas

Llevamos ya varios días con una vieja polémica de rabiosa actualidad: los contenidos de la futura educación para la ciudadanía. Parece ser que desaparecen las referencias a los modelos de familia, la afectividad y la homofobia y toman un lugar propio ideas como la crítica del "nacionalismo excluyente". Las reacciones no se han hecho esperar: los sectores más progresistas del país consideran que es una asignatura adoctrinadora y anuncian movilizaciones. Estamos, en el fondo, en la réplica de un proceso que vivimos hace ya unos 5 o 6 años, cuando el gobierno convirtió la fundación de una nueva asignatura (educación para la ciudadanía) en la reforma estrella de su nueva ley educativa. Si ya entonces se criticó la asignatura en este blog por su dimensión adoctrinadora, hoy es obligado rescatar aquella crítica: el nuevo gobierno, de signo en principio opuesto, no renuncia al adoctrinamiento.

Todos los movimientos de objeción de conciencia deberían reaparecer e intensificarse hoy: el gobierno parece querer forjar mentalidades, insertando a través de la asignatura algunas ideas esenciales en los alumnos. Se olvida el pensamiento crítico, en la misma medida que lo dejó de lado el gobierno anterior: si antes se pretendía, pongamos por caso, que los alumnos pensaran que las parejas homosexuales son iguales que las heterosexuales ahora se quiere que el nacionalismo excluyente sea rechazado por todos los titulados en secundaria. No es difícil imaginar alguna escena familiar pintoresca: "¿Cómo es posible que hayas estudiado educación ético-cívica y me hayas salido nacionalista excluyente"". Parecen olvidar que en ciertas regiones entenderán como excluyente la nación que ellos mismos, quienes aprueban las leyes, gobiernan. De una forma u otra, se abre una puerta para que sea cada profesor, como ocurría antes, el que decida qué orientación dar a la asignatura.

Volvemos a viejos argumentos: mucho menos discutible que las parejas homosexuales, la afectividad o los modelos de familia es una reflexión que hunde sus raíces en el nacimiento de occidente como civilización: la ética y el pensamiento político. Si ambas se convierten en asignatura, se podrá explicar a Sócrates, Platón, Hume o Nietzsche, autores que difícilmente asumen una manipulación tan descarada como lo que sí permite todo lo que hasta ahora se ha incluido en el currículum de la famosa ciudadanía, al margen del gobierno que haya escrito sus contenidos. Y que todo el mundo tenga muy claro que en el curso de esas explicaciones surgirán a buen seguro, porque es insoslayable, cuestiones como la homofobia, la xenofobia y el nacionalismo. Pero serán afrontados desde una discusión filosófica profunda, desde la argumentación y el respeto a los puntos de vista alternativos. Siendo conscientes de que muchos alumnos tienen ya ideas al respecto mucho antes de cursar ciudadanía y que el aula tiene que ser un lugar de diálogo no de adoctrinamiento o cambio de ideas. Asumir esto es tan democrático como la diversidad social, un rasgo ineludible que nunca deberíamos ignorar.

¿Y por lo que se refiere a los profesores, esos nunca adoctrinan de nada? Seguro que tú como profesor no adoctrinas jamás, ¿verdad?... Tú enseñas "pensamiento crítico", no adoctrinas. Claro, claro... Es evidente por lo que tú escribes en esta parte de tu blog y en general en todo lo que llevo leído que tú eres "objetivo" y "crítico". Infundes espíritu crítico. No cabe la menor duda (por lo menos a los que estén de acuerdo contigo, claro).