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Sobre la libertad de expresión

Cuando las palabras hacen daño
Lo dice el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos humanos: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión". Y parece que las reacciones a caricaturas, chirigotas y demás representaciones estuvieran fuera de lugar. Pero la cosa se complica cuando se continua leyendo ese mismo artículo 19: "este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión." Y aquí las cosas ya dejan de estar tan claras, y podemos empezar a cuestionarnos dónde termina la libertad de expresión y dónde comienza la ofensa, la molestia o el ataque verbal. Y, por lo que se ve, este tipo de problemas va a ir en aumento, además en una doble dirección: vigilando cualquier mensaje que se produzca en diferentes medios, y revisando además nuestra propia historia y los símbolos, fiestas y tradiciones, intentado que no "expresen" ideas racistas o xenófobas. Y es que cuando se nos despierta la sensibilidad nos volvemos tremendamente susceptibles, y terminamos metiéndolo todo en el mismo saco. La labor crítica y la mente despierta son, cuando nos enfrentamos a estos problemas, condiciones tan necesarias como, por desgracia, inexistentes. La tensión se polariza: los radicales de la libertad de expresión se levantan (en armas de ingenio, bolígrafo y pluma) contra los radicales de sus propias creencias, con la salvedad de que las armas de estos últimos son, a veces, bien distintas. Algo tienen en común ambos bandos: la radicalidad. El extremismo. Por otro lado, lo políticamente correcto se impone con sus contradicciones: el islam es sagrado, pero se puede ridiculizar al cristianismo sin problemas. Y en esta arbitraria lista de cosas criticables no entran, por ejemplo, otros elementos ideológicos por lo que también se puede llegar a matar: los pilares del pensamiento único, que permanecen inalterables. Borrar nuestra historia o nuestros símbolos por considerarlos "políticamente incorrectos" es tan estúpido como defender la ridiculización de lo que, para algunos, pueden ser símbolos sagrados. La solución a todos estos problemas no me parece demasiado complicada: es necesaria una reflexión sobre el significado de la "libertad de expresión" y qué significa tener "derecho" a ejercerla. Se explica muy bien en ética, cuando se habla de los derechos humanos. Cada uno de los derechos implica un deber: el derecho a la libertad de expresión va aparejado a un deber que lo sostiene: no sólo respetar las "expresiones" de los demás, sino también hacer un ejercicio responsable de este derecho. Utilizarlo como arma arrojadiza o como medio para provocar a otros es debilitarlo y a la larga poner en peligro su pervivencia. Sé que alguien dirá que unas caricaturas o unas chirigotas no son suficiente motivo como para reaccionar de un modo tan desproporcionado. Los límites entre lo "ofensivo" y lo "gracioso" no son meridianos ni matemáticos, pero quizás todo fuera un poco mejor si todos nos acordáramos de una sencilla idea: La libertad de expresión no es libertad de agresión.

Respecto a toda esta idea de la libertad expresión parece que te has olvidado de un detalle muy importante en el ser humnao. O lo has citado pero sutilmente y puede que no todo el mundo sea consciente de lo que implica. Me refiero a la necesidad humana de divertirse, de reirnos, de pasarlo bien, de hacer chistes, "chirigotas" o "caricaturas". Es esa necesidad "innata" de convertirlo en jocoso para ¿quitarle importancia?, para suavizarlo. La risa puede ser una terapia y por supuesto una manifestación de la libertad de expresión. No olvidemos que esto puede ser un chiste (no me atrevo a decirlo directamente, sólo apunto la posibilidad de que lo sea). Todo es de risa o lo podemos convertir en un circo, depende del punto de vista, perspectiva o circunstancia que queramos optar para interpretar nuestro objetivo.

¿Os habeis dado cuenta de que lo que molesta en verdad es criticar o hacer burla de símbolos? ¿De qué los símbolos parecen importar más que las personas? Las salvajes torturas en la carcel de Abu Ghraib (no sé si se escribe asi) molestan, pero no hasta el punto de lo que molestan unas caricaturas de mahoma. Yo, personalmente, lo tengo claro. Hay que respetar a las personas, uno no se puede reir del dolor o el mal de otros. Nunca negaría o minimizaría el sufrimiento de otros. Pero sí criticaría (y el humor es una buena forma de criticar) sus opiniones o sus símbolos.

Respetar a los demás, autolimitarse, me da mucho miedo. Me pongo la venda antes que la herida pero aún así la herida llega. Como dice juan carlos las personas no generan tanta polémica, total solo son 50 los que mueren cada día en un atentado en Irak, ya ni nos conmueve, total solo hay miles de personas en Dafour en plena guerra civil. ¿De qué nos escandalizamos? ¿De qué pasamos? Montamos la de Dios por tonterías, pero lo importante nos lo ocultan. Son maniobras de distracción.

A mi todo esto de las caricaturas me ha hecho pensar en varias cosas. La primera, en la tan llevada y traida "libertad de expresión" a conveniencia. Yo no considero que entre en la "libertad de expresión" el insulto a los pensamientos ajenos dichos o dibujados. Creo que mientras no tengamos prudencia y respeto por el pensamiento y creencias de los demás, el mundo no avanzará y la violencia será parte de este no avanzar. No comprendo porque si publican estas grotescas caricaturas y en cambio sucede lo siguiente: "El diario danés de derecha liberal Jyllands-Posten, el primero que publicó las polémicas caricaturas de Mahoma, se había negado a difundir ilustraciones satirizando a Jesucristo, según informó ayer el diario británico The Guardian. En abril de 2003, el ilustrador danés Christoffer Zieler, propuso una serie de dibujos no solicitados sobre la resurrección de Cristo, pero el Jyllands-Posten se negó a publicarlos, por considerarlos ofensivos para sus lectores". No, no lo entiendo, sí a mi la libertad de expresión me afecta o afecta a "los míos", pues no lo hago, pero si afecta a los demás, que se aguanten. me gustó mucho el de Juan Goytisolo titulado "Entre manipulaciones y fetuas", lo que dice me parece excelente, se publicó en El pais (opinion 10-02-2006), el expresa, entre otras muchas cosas: "la libertad de expresión es una de nuestras libertades más apreciables. Pero no es absoluta: no incluye el derecho de gritar '¡fuego!' en un teatro abarrotado"-. La libertad no nos exime de un mínimo de responsabilidad y el Jyllands-Posten no ha mostrado responsabilidad alguna. Si sería un desatino en un ambiente crispado como el nuestro publicar un editorial titulado ¡Los catalanes quieren desmembrar a España!, lo de la bomba y Mahoma es más insensato aún en una situación explosiva agravada por cuanto acaece en Oriente Próximo. ¡Bastante fuego hay como para arrojarle más leña!" Los símbolos forman parte de la persona, la conforman y configuran. Muchos saludos

Entonces, ¿no podemos criticar nunca los pensamientos ajenos, Magda? Si lo que yo pienso te parece una tontería, ¿no tienes derecho a decirlo, incluso a burlarte de ello? ¿Tu derecho a criticar mis pensamientos acaba en el momento en que yo me ofendo?

Para mi, no, no tengo dercho a burlarme de un pensamiento, el tuyo o de quien sea. ¿Para que burlarme? ¿quien soy yo para burlarme de lo que tu piensas o de quien sea? Lo que si considero que tengo derecho es a no estar de acuerdo contigo, o con quien sea, y decirlo, también debatir, platicar, discrepar y hasta guardar silencio si considero vano esfuerzo en hablar con alguien con el que difiero, pero que se de antemano que no servira de nada hablar. Segun sea el caso. Pero en este caso del que estamos hablando no era un desacuerdo de ideas, era la burla a símbolos religiosos de una cultura ajena, que obviamente los caricaturistas desconocían o medio conocían. La burla me parece algo nada inteligente, el hablar, discutir, intercambiar, discrepar, siempre con respeto hacia el otro, me parece una maravilla. Lo que dice Goytisolo, repito, me parece sabio. El respeto al derecho ajeno, es la paz. Muchos saludos.

Lo bueno que tiene la risa es que permite decir cosas que en serio son imposibles, hemos perdido el sentido del humor, nos tomamos demasiado en serio, nada es tan importante y lo que lo es precisamente por serlo una buena forma de analizarlo es desde el humor. Me gusta reirme, para empezar de mí misma, si nos autolimitamos no podremos reirnos de nada porque a todo el mundo le afectará algo.

De acuerdo, Magda, elimina la burla. ¿Cuál sería tu reacción si tu criticas mi forma de pensar y yo me ofendo y me enfurezco? ¿Si me pongo a gritar como un energúmeno ante tus puntos de vista?

Ah, y sí, se trataban de simbolos religiosos de una cultura ajena. Pero, se me ocurre, una cultura no merece respeto simplemente por serlo, sino por, a su vez, respetar a las otras culturas. Una cultura que justifica la violencia, para mi no es merecedora del respeto . Yo sé que no hay que generalizar, que todo el Islam no es igual, pero, caramba, también les podríamos pedir que se opongan, que se distancien de quienes quieren convertir al Islam en una cultura de sangre.

Rara vez encuentro alguien que coincida conmigo sobre el asunto de las caricaturas, aunque no suelo opinar en público por evitar escuchar siempre lo mismo. Yo veo dos puntos importantes en este asunto. El primero es que la libertad de expresión, la libertad de decir algo, no incluye para mí el chiste tabernario. Nunca los tragué. Ni el de que Irene Villa era una "bomba" ni el de que a la madre del rey le habían robado el violín. Ese humor tan "masculino" (perdonad los chicos que no lo compartís) no me parece humor. No es lo mismo reírse que reírse de alguien, y más si es de una desgracia. En segundo lugar, creo que con un ambiente tan difícil en las zonas afectadas por las caricaturas, Occidente debería ser un poco más cauteloso. Yo me imagino que soy un varón en uno de esos países, al que le han matado a media familia, violado a madres y hermanas, invadido el país y..., normal que me enfadase. Meter el palo en el hormiguero es un acto de irresponsabilidad.

yo creo que debe prevalecer la libertad de expresion. No me parece correcto hacerse el ofendido o sentirse ofendido cuando por ejemplo una persona se molesta por lo que dice una chirigota pero meses atras no le parecia mal burlarse mofarse y reirse de lo que para el representaba algo contrario a sus ideas. para mi lo peor es ese tipo de personas que se ofenden por lo mas vanal y luego se permiten el lujo de ir ofendiendo sin tapujos a diestro y siniestro.

Cuando más arriba yo le apuntaba a Miguel que se había olvidado de la risa, es porque considero, insisto, que una vida sin risas sonrisas o ganas de pasarlo bien tiene que ser muy aburrida. ¿Os habéis fijado cuando nos enseñan las imágenes de los niños aprendiendo a leer el Corán de memoria? ¿Alguno sonríe? Ya les están coartando la libertad de expresar la felicidad. No pueden ser felices, no pueden reir, tienen que ser personas "serias" porque lo dice...¿quién puede decir qué, que suponga la anulación del derecho a pasarlo bien? Todos los seres humanas buscamos el bienestar, y por supuesto incluida la felicidad, la paz, y solo alcanzaremos un alto grado de todos esos ingredientes con el recipiente de la libertad de expresión. Sin ofender, pero quizás hay que empezar educando para no sentirse ofendido con tanta facilidad. El ser humano aprende muy deprisa. Eduquemos por tanto, en valores no tan rígidos, en normas no tan estrictas. Y no estoy diciendo que todo vale, por supuesto que no, eso sería un error: normas y valores sí, pero con puertas abiertas, con horizontes amplios, sin muros. La solución a una ofensa nunca es la agresión, así solo provocaremos una agresión mayor y lo que empezó por un "chiste" termina provocando un conflicto internacional. Nos fallan los valores: enseñar a reir implica enseñar a tolerar y respetar. Que por supuesto, no incluye el compartir. Y cuando digo reir, no digo hacer chistes fáciles por todo, digo ejercitar esa capacidad que tenemos nosotros, los humanos, de mostrarnos libres. Os invito a reiros más y de más cosas cada día.

Tampoco recuerdo yo mis clases de religión como una juerga precisamente. Aquello era tan serio, tan importante, que no se podían hacer chistes.