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Causas, azares, muertos y carreteras

¿Por qué se producen los accidentes de tráfico? ¿Por azar o hay causas identificables?
Un accidente de tráfico, ¿cuáles son sus causas reales"Como si se tratase de una costumbre, las estadísticas de la DGT de los últimos días han sido desalentadoras. No importa ya que se trate de puentes, operaciones salida o retorno o de los periodos vacacionales que jalonan el año: Diluido ya el efecto del carnet por puntos, volvemos a las andadas. El miedo ya no surte efecto, la amenaza ya no vale. Y al cabo de los meses volvemos a tener una cifra de accidentes y fallecidos escandalosa. El lenguaje de los numeros es tan manipulable como incontestable: si calculáramos el número de desplazamientos quizás llegáramos a la conclusión de que el porcentaje de siniestros no es tan alto, pero no podemos dejar de lado que varios cientos de vidas humanas han sido arrancadas de la carretera en lo que va de año. En fin, que el debate está servido y como en otras ocasiones las acusaciones se cruzan. El caso es que la situación comienza a producir cierto hartazgo, entre otras cosas porque las falacias que suelen aparecer en los diferentes medios terminan siendo también escandalosas. Veamos algunas de ellas. La primera de todas: el problema del tráfico se solucionaría con mayor atención a la educación vial. Esta idea resulta tan ingenua como aquella otra según la cual el consumo de drogas descenderá si se informa de sus efectos. Convenzámonos de una vez: no todo problema tiene una solución educativa, ni la educación puede modificar el carácter o las convicciones de todos los individuos. Una sociedad con 30 horas semanales de educación vial sería más inculta, pero no lograría reducir el número de muertos.

Segunda falacia: la mentira de los números. Como decía antes, el número de accidentes debería calcularse en función de los desplazamientos. Estamos cansados de oír que han aumentado los fallecidos. ¿Alguien se ocupa de decir si han aumentado o no el número de coches en las carreteras" De este dato, nada se sabe. Con los números en la mano (sólo con algunos) se iguala carretera y muerte sin desarrollar un análisis profundo y exhaustivo. En realidad, deben pensar, funcionamos por impulsos, por eslóganes. Por muy irracionales que puedan resultar. Claro que esto no significa que la conducción no entrañe peligro: quizás la organización de un sistema destinado a posibilitar que millones de coches puedan desplazarse de un modo ordenado sea algo imposible. Es decir, no hay un sistema de conducción perfecto, en el que podamos tener la completa seguridad de que jamás habrá accidentes. Un peligro que a menudo no es bien valorado por los conductores. No en vano el tercer agumento falaz es utilizado por quienes tienen el volante a las manos: culpar a la guardia civil, al sistema de penalización o a la dirección general de tráfico es lo más sencillo de todo. Que si las multas pretenden sólo recaudar dinero y no mejorar la circulación, que si las autoridades trabajan sólo para castigar y nunca colaboran en el tráfico... En sus versiones más extremas este tipo de argumentos rozan la imbecilidad moral. Nos guste o no, los responsables de lo que ocurre en las carreteras son, en un altísimo porcentaje, los conductores. Así de claro. Nos guste o no.

Estas mentiras se van tapando entre sí, y ayudan a que al final el problema no tenga visos de solución. Las carreteras no pueden mejorar al ritmo en que crece el número de conductores, y los comportamientos de estos dejan bastante que desear. Desde los que se creen dioses dentro de sus habitáculos, inmortales y ajenos a cualquier clase de percance, a los que están convencidos de que dominan el coche, pasando por quienes piensan que las normas del tráfico son ineficientes y absurdas. A cuántos conductores hemos visto presumir del tiempo que tardan para realizar tal o cual trayecto. Los accidentes, en el fondo, no son un problema del tráfico. Están dentro de cada uno de nosotros, en nuestra forma de ser, nuestra forma de relacionarnos con los demás. La temeridad, la soberbia, el orgullo o la chulería son lo que mata al ser humano. No es un problema de velocidad excesiva, no es el alcohol, el cansancio o una exigua distancia de seguridad los que causan los accidentes. Somos nosotros, nuestras formas de ser y de vivir. Y contra eso, no hay educación que valga. Ni multas, ni carreteras. El que hace del viaje una carrera o un desafío, el que desprecia al resto de conductores sólo aprende de la práctica. Una práctica que en el caso de la conducción se resume en una sola palabra: accidente.

creo que muchos accidentes se podrian evitar si hubiese mas respeto a las normas de circulacion, si por una via hay una limitacion de 100 km/h, porque se producen adelantamientos a los que circulan a esa velocidad? y mas