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Apuntes. Material educativo para filosofía

David Hume


Introducción y evolución. El empirismo de Locke y de Hume

David HumeHume es uno de los máximos representantes de la Ilustración británica. Aunque ha pasado a la historia como uno de los fundadores del empirismo, eso no debe hacernos olvidar las importantes reflexiones de Hume en torno a temas prácticos: ética (por supuesto), pero también política, religión e historia. Por ello, la teoría del conocimiento que plantea el escocés debe entenderse también en el marco de toda su filosofía práctica: en sus comienzos, el joven Hume, admirado por la física, aspiraba a ser el “Newton de las ciencias morales”, centrando su estudio en la naturaleza humana, pues estaba convencido de que todas las ciencias tenían relación con la antropología filosófica. Sólo después, convencido de la incapacidad de aplicar al conocimiento del ser humano los métodos de la física, evolucionará su pensamiento hacia el escepticismo y el empirismo, formulando sus críticas a la idea de sustancia, a la causalidad, y al razonamiento inductivo. A estas alturas, Hume ya será conocido por sus contemporáneos como “Mr. Hume, el ateo”. Este enfrentamiento con autoridades religiosas de su tiempo, unido a sus ideas ilustradas, impidieron que Hume accediera a la cátedra de ética de Edimburgo. Más tarde, sin embargo, llegaría a trabajar en la embajada de París, donde establece relación con ilustrados franceses. En todo este periodo Hume fijará su reflexión en temas eminentemente prácticos: la religión, la historia, la política…

Evolución

Se podría dividir la trayectoria del pensamiento de Hume en estas 3 etapas:

El Newton de la moral: con su primera obra, el Tratado de la naturaleza humana. Ensayo de introducción del método experimental de razonamiento en las cuestiones morales, Hume aspiraba, según sus propias palabras, a convertirse en el Newton de la ciencia moral. Su convicción de que todas las ciencias se basaban, en último término, en la concepción del ser humano, le llevan a escribir este tratado de antropología filosófica, tratando de aplicar en el mismo el método newtoniano. No debe olvidarse que en el siglo XVIII se produce una auténtica ebullición del pensamiento científico, y su forma de analizar la realidad se convierte en el modelo de referencia. Si Hume aspiraba a trasladar los métodos de la física, unos años antes Spinoza había intentado, desde presupuestos racionalistas, construir una ética a la manera de la geometría. Hume interpreta la moral como la ciencia del hombre, y cree además que al progresar en esta ciencia, se logrará el gran proyecto moderno de unificación de los saberes. A partir de presupuestos empiristas, Hume planteará diversas leyes y experimentos, con el objetivo último de arrojar luz, de una vez por todas, sobre la tan controvertida naturaleza humana.

Fracaso del proyecto inicial: Ya al final de la primera parte del Tratado, Hume se da cuenta de las dificultades de su proyecto. La metodología newtoniana no se muestra tan efectiva cuando se trata de estudiar la naturaleza humana. Por eso en su siguiente obra, la Investigación sobre el entendimiento humano, Hume renuncia a su proyecto inicial: ni estudia la naturaleza humana, ni intenta recuperar la metodología de la física. En cierta forma, este escepticismo y todas las tesis empiristas que desarrollará en este período son la consecuencia de todas las dificultades encontradas para llevar a cabo el estudio científico de la naturaleza humana. Por ello, consciente de las limitaciones del conocimiento, Hume trata de marcar claramente cuáles son esas fronteras irrebasables, lo que, en definitiva, viene a ser una explicación de los motivos del fracaso de su anterior proyecto. El escepticismo domina todo este período, en el que Hume, de un modo crítico, trata de establecer hasta dónde puede llegar el ser humano por medio del conocimiento.

Reflexión sobre temas ilustrados: Alejado de sus intenciones iniciales, Hume centra su atención en temas típicamente ilustrados: la política, la religión, la historia… En todos ellos adoptará un método descriptivo e histórico, sin abandonar en ningún momento el tono crítico y escéptico que caracteriza todo su pensamiento.

El empirismo de Locke y de Hume

Para comprender correctamente el empirismo de Hume, conviene contextualizarlo dentro de una corriente que en realidad arranca mucho antes que él. Ideas empiristas aparecen ya en Hobbes, por lo que nos podemos hacer una idea de cómo estas ideas están arraigadas en el pensamiento anglosajón. La figura más representativa e influyente, que incluso el propio Hume cita a menudo, es John Locke. En el Ensayo sobre el entendimiento humano Locke utiliza el concepto de idea cartesiano: no podemos acceder a la realidad al margen de nuestra forma de conocer por lo que hemos de conformarnos con tener ideas sobre la misma. Además, Locke será, como buen empirista, un crítico de las ideas innatas: no hay ningún tipo de conocimiento al margen de la experiencia empírica. Todas nuestras ideas pueden provenir de la sensación (experiencia del mundo) o de la reflexión (experiencia interna), pero ninguna de ellas tiene una existencia previa o pertenece a la razón como facultad de pensamiento. A partir de estas distinciones, Locke clasifica las ideas en:

  1. Ideas simples: son aquellas que nos proporciona de una manera directa la experiencia, sea por medio de la sensación o la reflexión. Locke se refiere a estas ideas como los “átomos de la experiencia”, es decir, las unidades elementales de nuestro conocimiento. Este tipo de ideas “nos entran” por los sentidos, ya que el sujeto de conocimiento permanece totalmente pasivo y se limita a recibir la información, sea del mundo exterior o de su propio cuerpo.
  2. Ideas complejas: son aquellas que nuestra mente construye a partir de las ideas simples. Las ideas complejas se forman combinando las simples o abstrayendo algunas de las cualidades de las ideas simples. En este apartado estarían todas aquellas ideas que podemos deducir de las simples, y también las ideas abstractas que se basan en las ideas simples. En estas ideas nuestra mente no es pasiva, sino activa: no se limita a “recibir datos” sino que los elabora y los mezcla para producir nuevo conocimiento.

Locke separa además las cualidades de las ideas. Mientras que las ideas están en nuestra mente, las cualidades están en las cosas y pueden ser de dos tipos: primarias y secundarias. Las cualidades primarias son “capacidades del objeto”: extensión, forma, solidez... Por su parte, las cualidades secundarias no están en las cosas sino que son subjetivas: olor, gusto, color, sonido... Esta distinción es una de las claves que permitirán el progreso de la ciencia: al centrarse en las cualidades primarias de las cosas, el conocimiento logra cuantificar dichas cualidades, expresarlas numéricamente y establecer regularidades sobre las mismas.

A partir de estas ideas, Locke expresa un empirismo complejo y amplio, en el que las ideas abastractas son válidas para comprender la realidad: tal y como defiende en su obra, nada impide emplear algunos de los conceptos centrales de la metafísica, como el de sustancia. Más aún: Locke admitirá la existencia de Dios, que será demostrable aplicando el principio de causalidad. Igualmente, la propia intuición nos lleva a concebir un yo, que es concebido como una sustancia pensante. Así, los grandes conceptos de la metafísica siguen considerándose vigentes, aunque Locke no deja de buscar siempre un fundamento empírico para estas ideas.

El empirismo de Hume va a ser una continuación del planteado por Locke. Como vamos a ver un poco más adelante, compartirá dos ideas esenciales: no hay conocimiento innato, y los sentidos son el origen de todo lo que conocemos. Igualmente hablará Hume de la experiencia interna (impresiones de reflexión) y la externa (impresiones de sensación). Sin embargo, aplicará los criterios empiristas de una manera más radical que la de Locke. Criticará la idea de sustancia, así como cualquier idea abstracta que no venga exigida por la experiencia empírica: no se puede admitir la exitencia del mundo, del yo o de Dios. El empirista coherente que representa Hume termina dejándole en una posición cercana al escepticismo: si fuéramos absolutamente coherentes con las tesis del filósofo escocés, quizás tendríamos que renunciar a la posibilidad el conocimiento humano. En los próximos apartados iremos analizando por qué.