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Theodor W. Adorno. Teoría estética (I).

Sobre el autor · Más citas

  1. «Ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente: ni en él mismo, ni en su relación con la totalidad, ni siquiera en su derecho a la existencia. El arte todo se ha hecho posible, se ha franqueado la puerta a la infinitud y la reflexión tiene que enfrentarse con ello.»
  2. (Sobre la idea de libertad y autonomía) «Y es que la libertad del arte se había conseguido para el individuo pero entraba en contradicción con la perenne falta de libertad de la totalidad.»
  3. «La definición de aquello en que el arte pueda consistir siempre está predeterminada por aquello que alguna vez fue, pero sólo adquiere legitimidad por aquello que ha llegado a ser y más aún por aquello que quiere ser y quizás pueda ser.»
  4. «El arte, al irse transformando, empuja su propio concepto hacia contenidos que no tenía.»
  5. «El arte podría tener su contenido en su propio transitoriedad.»
  6. «El arte y las obras de arte son caducas no sólo por su heteronomía, sino también en la constitución de su autonomía.»
  7. «De por sí toda obra de arte busca la identidad consigo misma, esa identidad que en la realidad empírica, al ser el producto violento de una identificación impuesta por el sujeto, no se llega a conseguir. [...] Las obras de arte son imitaciones de lo empíricamente vivo, aportando a esto lo que fuera le está negando.»
  8. «El arte niega las notas categoriales que conforman lo empírico y, sin embargo, oculta un ser empírico en su propia sustancia.»
  9. «El arte es para sí y no lo es, pierde su autonomía si pierde lo que le es heterogéneo.»
  10. «El arte es la antítesis social de la sociedad y no se puede deducir inmediatamente de ella.»
  11. «No hay arte que no contenga en sí, en forma de negación, aquello contra lo cual choca.»
  12. «La misma contemplación de las obras de arte, separada forzosamente de objetivos de acción, se experimenta a sí misma como interrupción de la praxis inmediata, y por ello como algo práctico en sí mismo, al estar resistiendo a la participación activa.»
  13. «El arte no es sólo pionero de una praxis mejor que la dominante hasta hoy, sino igualmente la crítica de la praxis como dominio de la brutal autoconservación en medio de lo establecido y a causa de ello. Denuncia como mentirosa una producción por la producción misma, opta por una praxis más allá del trabajo.»
  14. «Tanto menos se goza de las obras de arte cuanto más se entiende de ellas.»
  15. «Anteriormente, la forma tradicional de enfrentarse con las obras de arte, forma que tiene su importancia para la explicación de las mismas, era la de la admiración: las obras de arte son así en sí mismas, no para el que las contempla. Lo que de ellas venía hacia él y le arrebataba era su verdad, lo mismo que en los tipos kafkianos, en quienes la verdad sobrepuja a cualquier otro aspecto. No eran meros instrumentos de un goce de orden superior. La relación con el arte no era la de la posesión del mismo, sino que, al contrario, era el observador el que desaparecía en la cosa. [...] Quien tiene respecto del arte esa relación genuina en la que él mismo desaparece, nunca considera el arte como objeto.»
  16. «Cuando una sociedad no deja ya lugar ninguno para el arte y se asusta de cualquier reacción contra él, es el arte mismo el que se escinde en posición cultural degenerada y cosificada y en el placer propio del cliente que tiene poco que ver con el objeto artístico.»
  17. «Y si a pesar de todo el arte no se hace consumible, la actitud para con él tiene que apoyarse en la actitud respecto a los bienes de consumo. Esta aproximación de actitudes se ha hecho fácil porque, en nuestra época de superproducción, el mismo valor de uso de los bienes es cuestionable y cede ante el goce secundario del prestigio, del goce de estar al día, en definitiva del goce de la mercancía; mera parodia del resplandor estético.»
  18. «Pero lo que, de acuerdo con la propia complexión, es sólo posible como naciente y procesual no puede afirmarse a sí mismo sin mentira como algo cerrado, «acabado«.[...] Lo que aparentemente no puede proceder de una actividad constructora es lo que realmente ha sido construido.»

  19. «Mediante la duración, el arte se enfrenta con la muerte; la limitada eternidad de las obras es alegoría de la otra eternidad, la que no tiene presencia. La muerte es el destello de lo que la muerte no alcanza.»
  20. «Lo que se siente como utopía es sólo la negación de lo existente y depende de ello. Está en el centro de las antinomias contemporáneas el que el arte deba y quiera ser utopía con tanta mayor decisión cuanto que ésta queda obstruida por la realidad funcional y, por el otro lado, para no traicionar a la utopía en el resplandor y consuelo que le son propios, que no pueda llegar a serlo.»
  21. «Lo nuevo nos ofrece una enigmática imagen del hundimiento absoluto y sólo por medio de su absoluta negatividad puede el arte expresar lo inexpresable, la utopía. El arte nuevo ha reunido en esa imagen todos los estigmas de lo repugnante y de lo repulsivo. Por su implacable renuncia a toda apariencia de reconciliación puede retener estos estigmas en medio de lo realmente irreconciliado que es la auténtica conciencia de una época. Y es que hoy la posibilidad real de la utopía –el que la tierra, por el estado de las fuerzas de producción, pudiera ser aquí, ahora e inmediatamente el paraíso- se une por su último extremo con la posibilidad de la catástrofe total.»
  22. «Las obras de arte importantes tienden a aniquilar todo cuanto no alcanza su nivel.»
  23. «El que el arte reflexione hoy sobre sí mismo quiere decir que trata de hacerse consciente de su idiosincrasia y quiere articularla.»
  24. «Un arte ejecutado con absoluta responsabilidad termina por hacerse estéril; las obras de arte realizadas con absoluta consecuencia raramente carecen de ese soplo de esterilidad. Pero una absoluta irresponsabilidad las convierte en bromas y la síntesis viene por el camino del concepto adecuado.»
  25. «La injusticia que comete todo arte placentero y en especial el de puro entretenimiento va contra los muertos, contra el dolor acumulado y sin palabra.»
  26. «Se puede cambiar la negación en placer, pero no en positividad.»
  27. «Lo que alguna vez fue verdad en una obra de arte y ha sido negado por el curso de la historia, puede abrirse de nuevo cuando cambien las circunstancias por las que aquella verdad tuvo que ser cancelada: tan profundamente están relacionadas verdad estética e historia.»
  28. «Nada debe ser aceptado sin reparos sólo porque exista y porque alguna vez haya tenido algún valor, pero nada tampoco carece de él porque haya pasado: el tiempo solo no es criterio ninguno.»
  29. «La participación subjetiva en la obra de arte es una parte de su objetividad.»
  30. «Si la tarea del artista debe saltar por encima de su propia contingencia, tendrá él que pagar el precio, distinto del del pensador, de no poder emerger sobre sí mismo y sobre los límites objetivos.»
  31. «Tiene que apropiarse lo feo para denunciar en ello a un mundo que lo creo y lo reproduce a su propia imagen, aunque sigue fomentando la posibilidad de lo afirmativo como complicidad con el envilecimiento, fácilmente cambiada en simpatía por lo envilecido.»
  32. «La formalización de lo bello es un momento de equilibrio, que es constantemente destruido, porque lo bello no puede retener la identidad consigo mismo, sino que tiene que encarnarse en otras figuras que, en ese momento de equilibrio, se le oponían.»
  33. «El camino que recorre la obra de arte hacia su propia integración, que coincide con su propia autonomía, es la muerte de las partes del todo. Cuanto en ella supera su propia particularidad se pierde a sí mismo y se disuelve en la totalidad.»
  34. «Ninguna obra de arte puede cuajarse del todo, sus fuerzas quedan así libres y pueden apuntar hacia la reconciliación. El arte es su propia racionalidad crítica y esta crítica no puede desprendérsele.»
  35. «Acusar al arte no racionalista, que se ríe de las reglas de la razón tecnizante, de irracionalismo, no es menos ideológico que la irracionalidad de la fe oficial en el arte que hace entrar en su concepto, según las necesidades, cualquier combinación de couleurs

  36. «Por medio de la construcción el arte puede salir desesperadamente de su situación nominalista gracias a su propia fuerza, puede despojarse del sentimiento de ser causal y llegar a una cierta obligatoriedad o, si se quiere, a la universalidad. [...] toda construcción rechaza con razón, como ilusoria, cualquier concepción organicista de la obra de arte.»
  37. «El arte objetivista es ante todo un oxymoron
  38. «Lo agudamente moderno no es la imitación de algo anímico, sino la búsqueda de la expresión de algo inexpresado por el lenguaje significativo.»
  39. «Emprendiendo y continuando el camino de la racionalidad la humanidad se hace consciente en el arte de lo que olvida la racionalidad y a lo que llega por una segunda reflexión.»
  40. «Lo que se manifiesta en la naturaleza pierde, al duplicarse en arte, ese su ser en sí en que se satisfaría la experiencia de la naturaleza. [...] Cuando parece que la pintura se ha reconciliado felizmente con la naturaleza, como en Corot, tal reconciliación se ve afectada por lo momentáneo: un aroma eternizado es algo paradójico.»
  41. «Pero el profundo error que hay en la vulgar antítesis entre técnica y naturaleza puede verse en el hecho de que la naturaleza no suavizada por el esfuerzo humano, no tocada por mano alguna, como las morrenas o las pedreras, se asemeja a los montones de desperdicios de la industria que aborrece esa necesidad estética de la naturaleza aprobada por la sociedad.»
  42. «La inmediata experiencia de la naturaleza, carente ya de su punta crítica y subsumida bajo relaciones de intercambio –la expresión «industria turística« nos lo está indicando- se ha convertido en vacíamente neutral, en apologética: Naturaleza quiere decir ya Parque Nacional y coartada. La belleza natural es ideológica, lo mediato se ha apoderado de lo inmediato.»
  43. «Sentir la naturaleza, percibir su calma es ya un privilegio que se valora comercialmente.»
  44. «El arte no imita a la naturaleza, tampoco a una concreta belleza natural, sino a la belleza natural en sí misma.»
  45. «El arte necesita de la filosofía que le sirve de intérprete para decir lo que él no puede, y esta posibilidad de hablar sobre el arte se debe precisamente a que él no habla.»
  46. «No se puede hablar more scientífico de necesidad en el arte sino sólo en cuanto que cada obra, al estar clausurada en sí misma, tiene poder de evidenciar su ser-así-y-no-de-otra-manera, como si sencillamente tuviera que estar ahí y no se pudiera borrarla con el pensamiento.»
  47. «El arte intenta imitar una expresión que no procede de intención humana alguna. Esta intención es sólo su vehículo. Cuanto más perfecta es la obra, tanto más ausente de ella están las intenciones.»
  48. «Las obras de arte no se distinguen de los seres transitorios por su perfección superior, sino porque, igual que los fuegos artificiales, se actualizan en el brillo de un instante en su manifestación expresiva. No son tan sólo lo otro respecto de lo empírico, todo en ellas es eso otro.»
  49. «No es la menor de las actuales dificultades del arte el que se avergüence de la aparición sin poder prescindir de ella; transparente como es hasta en su constitutiva apariencia, que en su transparencia se le ha vuelto falsa, está corroyendo su misma posibilidad una vez que ya no, según la palabra de Hegel, sustancial.»
  50. «El telos de las obras de arte es un lenguaje cuyas palabras no están incluidas en ese espectro lingüístico normal, ni han sido dictadas por una universalidad preestablecida.»
  51. «El espíritu de las obras de arte no es un concepto, pero por su medio aquéllas se hacen conmensurables al concepto Cuando la crítica de la configuración de una obra llega a percibir en ella el espíritu y a confrontar los diferentes momentos entre sí y también con el espíritu que en ellos se muestra, está acercándose a su verdad más allá de la configuración estética. Por eso es necesaria la crítica de las obras. Ella es la que reconoce en el espíritu de las obras su contenido de verdad o la que lo separa. Y en este acto, y sólo en él, convergen arte y filosofía, y no en esa filosofía del arte que prescribe a éste lo que ha de ser su propio espíritu.»