Pasar al contenido principal

Ciencia y ética: propuestas para el debate

Tradicionalmente la técnica ha sido interpretada como un conjunto de normas cuyo objetivo final es la producción de un objeto. A partir de la modernidad, la técnica se convierte en ciencia aplicada: las consecuencias teóricas de la ciencia son utilizadas para inventar nuevos objetos. Cuando estos objetos requieren de la incorporación de largos y complejos desarrollos científicos comienza a hablarse de tecnología. Y todo este proceso culmina en un nuevo concepto del que ha comenzado a hablarse en los últimos años: la tecnociencia. Si antes la ciencia producía técnica, las relaciones entre ambas son ahora bidireccionales: la ciencia produce técnica, sí, pero también la técnica abre y sugiere a la ciencia nuevas líneas de investigación. Cuanto todo este proceso tiene lugar en las modernas sociedades occidentales, surgen muchas cuestiones éticas, cuya discusión es una tarea ineludible. Entre estas, para que podamos profundizar en los foros, cabe enunciar las siguientes:

 

1) Ciencia y solidaridad: algunos proyectos de investigación reciben numerosas críticas por su enorme coste económico. Los críticos señalan que mientras las sociedades occidentales siguen invirtiendo enormes sumas, por ejemplo, en la investigación espacial, aún quedan grandes problemas económicos por resolver como por ejemplo el hambre. Frente a esto, los defensores de la investigación científica, argumentan que la ciencia no es el problema sino la solución, y que además la situación de muchos países del llamado tercer mundo no es consecuencia de la ciencia, sino de un sistema económicamente injusto. Si ha de haber recortes, no tiene por qué ser necesariamente en el campo de la investigación.

Un satélite espacial, foto compartida por la NASA

2) Ciencia e igualdad: los críticos de la ciencia argumentan que ésta termina convirtiéndose en un factor de desigualdad más. Ya no se trata sólo de cómo distribuir recursos, sino de que los logros científicos contribuyen significativamente a que los ricos sean más ricos, y los pobres más pobres. Frente a esto, los defensores de la ciencia argumentan que evidentemente los progresos y avances llegan antes a los países más poderosos, pero también terminan apareciendo en el resto de los países. A largo plazo, la ciencia produce un beneficio internacional, y puede interpretarse incluso como un elemento de igualdad.

Medicinas de diversos colores

3) Líneas de investigación y economía: una de las cuestiones más debatidas es qué líneas de investigación deben potenciarse y cuáles deben recibir menos atención, especialmente en el mundo farmacológico. Produce cierto escándalo moral saber que las enfermedades que asedian al tercer mundo no son investigadas, o que los países con menos recursos no pueden comprar los últimos tratamientos para enfermedades como el SIDA. Las empresas farmacéuticas replican que detrás de la ciencia hay investigadores que también necesitan que su trabajo reciba una remuneración y que la inversión realizada en investigación no puede caer en saco roto: no habría empresas farmacéuticas sin un beneficio para su actividad científica. Parece difícil alcanzar un equilibrio entre desarrollo y ciencia. Se investigan enfermedades significativas en las sociedades ricas, y se ignoran grandes problemas sanitarios de las sociedades pobres.

Niños sonriendo

4) Ciencia y poder: ¿es la ciencia neutral respecto a los poderes económicos y políticos? La respuesta no es tan sencilla como pudiera parecer. La investigación que afecta a adelantos como por ejemplo los teléfonos móviles o los alimentos transgénicos se mueve en la ambigüedad y la contradicción. Los resultados de investigaciones científicas sobre estos temas son de lo más dispar, cuando no desorientadores. En ocasiones, elementos externos como el prestigio personal o institucional pueden afectar también al desarrollo teórico de la ciencia. ¿Acaso se plantean las líneas de investigación para que produzcan un resultado determinado? ¿Qué intereses entran en juego? ¿Puede el científico desarrollar su trabajo al margen de la empresa o institución que respalda económicamente esa investigación? La incertidumbre y el riesgo con el que nos movemos en nuestras vidas es algo inevitable: consumimos productos cuya elaboración es más que dudosa e incorporamos tecnología sin conocer sus efectos. ¿Puede la ciencia desarrollarse libremente?

Arroz negro

5) ¿Debe la ciencia tener algún tipo de límite o control moral? Este tipo de cuestión es particularmente crucial en lo referentes a las ciencias de la vida. El enorme desarrollo de la bioética no es más que una muestra de esto. Determinar cuándo una vida comienza a ser humana y cuándo deja de serlo, y especificar qué podemos hacer con la vida, y en qué condiciones podemos experimentar con ella, son problemas que nuestras sociedades tienen que resolver. Ya no se trata sólo de interrogantes “clásicos” en torno a la eutanasia o al aborto, sino de desafíos mucho más recientes como la clonación o la experimentación con células madre. ¿Debe permitirse todo lo científica o tecnológicamente posible? ¿Cuáles deben ser los límites si es que éstos deben existir? ¿Cómo se fijan estos límites?

Investigación con células