Debates, dudas y charlas filosóficas
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Ensayo: Los ciudadanos poderosos.
Quiero aquí exponer y liberar, una de las grandes teorías filosóficas de nuestros tiempos, la cual concierne tanto a la política como a la moral y la cual a su vez supone la única vía que pueda conducirnos hacia el gran hombre, que nunca deberá ser llamado así.
Hay algo horroroso, despreciable, en la común asociación que se hace de estos movimientos democráticos, como movimientos bondadosos en contraposición a los sistemas de orden y organización aristocráticos, los cuales se asocian a lo malo, corrupto y perverso.
No es mi intención definir aunque sea de modo indirecto, como ya se ha hecho, estas posibilidades políticas en función a la percepción moral vigente, y, en ultimo termino, a mi percepción, pero si lo es analizarlas, como también a sus protagonistas o agentes activos. Es decir.
El mundo occidental en la actualidad honra al demócrata, al hombre carente de poder, el ciudadano que vota y parece decidir, en oposición al mundo clásico o no cristiano, el cual glorifica al aristócrata, el hombre poderoso, sabio, aquel que decide y sí decide, una especie de magnate de la virtud. El mundo actual premia a idiotas.
Según este modelo, nuestro presente político-moral parte de esta contradicción, contradicción y enfrentamiento que en absoluto es nuevo, pero que si es nuevo en cuanto a su percepción y valoración, del mismo modo que es nuevo en cuanto a la fuente de este poder se refiere, ésta es: Hombre poderoso – Hombre no poderoso.
Antes de seguir, quisiera aclarar un concepto, un concepto el cual podría resultar desastroso no entenderlo como yo deseo, el poder. Este poder refiere a la fuerza de alguien para transformar la vida en verdad, en un suceso verdadero, y la capacidad para hacérselo llegar a los demás, éste fue el sacerdote, fue Platón, fue Jesús, Buda y tantos otros. Este poder es, en ultimo término, el papel que juega un autentico protagonismo.
Cuando analizamos un poder es incluso mas interesante observar al poseído y no al visible poderoso, la forma es producto del amo, el cambio es producto del esclavo.
Éste poder siempre es el mismo y es el que se ejerce sobre la humanidad de manera recíproca.
El poder de Jesús brotó como salvación producto de la dialéctica genuina, es decir sabiduría en cierto modo, sabiduría ante la vida, el poder del actual burgués poderoso brota del capital físico, quemable, su conocimiento de la vida se aleja en tanto se acerca a la economía, no convence ni seduce, y es aquí cuando comienza de nuevo el juego de las sillas, pues ahora el ciudadano pasa a convertirse en el antiguo sacerdote, en el viejo y perspicaz filosofo, en un Jesús o en un Buda de sí mismo, siendo este proceso ciertamente necesario.
Si de este modo nuestros ídolos decaen, en tanto que se alejan del arte, de la religión o de la ciencia y se acercan a sí mismos, en tanto que se vuelven egoístas o por decirlo de otro modo, ciudadanos y economistas, ¿qué sucederá con la relación más intrínseca a toda nación, civilización o forma de vida?.
Sucederá, a saber, la inversión de sus agentes.
El aristócrata que se suponía poderoso no lo es ahora en absoluto, ni guía ni sabio, su necedad lo hace indigno para esa tarea, es el ciudadano, el filosofo de a pie, el que toma ahora aquel poder vital, poder que habría sido mermado por los poderes ya mencionados, y que ahora, resurge por necesidad
Y si de este modo nos encontramos en las ciudades, cada vez de forma mas acusada, con diminutos productores de verdad de sí mismos y con la consiguiente permisividad para ello ¿qué lugar quedará para aquellos que con arrogancia e ingenuidad nos gobiernan y bendicen?
Yo digo, No es solamente Dios quien ha muerto, también han muerto nuestros aristócratas, nuestros amos y señores. Si el nihilismo refiere a nuestra época en espíritu, el anarquismo pronto referirá a nuestro tiempo en política, y si no, tiempo al tiempo.
¡Pero esperen!, no va a ser esta en absoluto una idílica situación, nunca me referí a la anarquía de un tal Bakunin o un tal Kropotkin, me refiero mas bien, al anarquismo de un loco, un naufrago a la deriva, y no por el egoísmo de un marinero cae al agua el patrón de un barco, ¡no!, tampoco es un anarquismo egoísta, es un esclavo que por conocer tal o cual secreto de su amo ha transformado a este en un paria, es un ciudadano con poder y con las estrellas como guía.
Referidos al estricto campo de la política esto significa un verdadero fracaso, fracaso en el cual yo me regocijo , pero fracaso al fin y al cabo, pues o no existen soluciones o fallan llevándolas acabo, este es el fracaso de la democracia en su sentido mas puro, democracia como cualquier forma de poder en la cual una mayoría, en sus comienzos plebeya, pide por el poder, y por el consiguiente triunfo de la vida, y lo obtiene. (situacion que arrastramos desde no exactamente la Revolucion Francesa de 1789, caida del poder aristocratico y feudal)
Ante esa ausencia de poder, ¿De quien dispone occidente? Del Papa, ¡no!, dije ya bien claro que él estaba ya muerto...y bien muerto.
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