Debates, dudas y charlas filosóficas
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En la antiguedad el filósofo era la persona cuya función- en términos platónicos- era la de guiar hacia el conocimiento, de ahí que Aristóteles recomiende que sea el filósofo quien este en el poder. Ultimamente en nuestra cultura el filosofo puede llegar a ser una oferta más del mercado, un simple demagogo, un facilitador de la palabra. Personalmente me parece que ante todo el que se inclina por la filosofía debe ser un amante del conocimiento, pero también una persona caracterizada por la criticidad y el rigor categorial, una persona que aporte algo nuevo a la cultura actual.
Por ello todo aquel que posee la oportunidad de enseñar filosofía debe tener ante todo criterios propios, pero también humildad para reconocer sus limitaciones. Si filosofos españoles de la talla de Garcia Morente se denominaban a si mismos "aprendices de filosofía" ahora nosotros. Espero que podamos aprovechar este espacio para compartir criterios, opiniones y luces en torno a este tema
Saludos desde Costa Rica, Universidad Católica
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SOBRE EL PAPEL DEL PROFESOR DE FILOSOFIA HOY.
Hola. Saludos desde ultramar. Acabas de plantear un tema interesante que, de varias formas, se ha debatido en este foro. Con brevedad, te comentaré mi punto de vista.
En mi opinión, decir que la filosofía se encamina hacia “el conocimiento”, me parece una visión incompleta del asunto. Dices que según Aristóteles, (y Platón), el filósofo debe estar en el poder. Lo que es un reconocimiento de que la filosofía es un “conocimiento-para-la-acción”. El conocimiento es una parte del “mundo de la vida”y se orienta a la acción moral, a lo que el hombre debe hacer, etc., según conocido texto de Kant.
Por eso algunos dicen que toda filosofía, en el fondo, es ética, y a eso se reducirían los problemas filosóficos. Lo que implica otros problemas.
Ateniéndome a tu tema, la función del profesor de f. , en mi opinión esta claro que los filósofos forman parte de la cultura. La cuestión implícita, de si los filósofos tienen un “punto de vista objetivo, absoluto” que les permita definir lo “correcto-en-si”, punto de vista platónico, religioso, metafísico, tradicional diría, yo entiendo que no se puede sostener, a no ser que se de por supuesto lo que habría que demostrar.
Históricamente, los filósofos bajo su apariencia de estar instalados en un mundo eidético, como si estuviesen en el limbo, han sido de hecho, como los definió alguien, “los acólitos del poder”, “suministradores oficiales de visiones del mundo coherentes”(R.Rorty). O sea, como tú dices, demagogos o acólitos del poder. ( Y cuando no, sabemos cómo terminaron ).
Esto creo que son hechos.
Resumiendo ¿es posible enseñar filosofía, sin ser adoctrinador? A mi me parece eso un oximoron, una contradicción. Se puede enseñar filosofía como “erudición”, como se puede enseñar micología o numismática, pero ¿se puede enseñar filosofía, “como actitud”, como modo de comportarse, sin caer en el adoctrinamiento?
Dices que el filósofo debe ser una persona “caracterizada por la criticidad y el rigor categorial”. De acuerdo, pero ¿crees que esas son características comunes? Por esto algunos hemos defendido que la filosofía no debiera estar en la llamadas “enseñanzas medias”. Pero está, y la pregunta sería, ¿con que finalidad?
Saludos cordiales, el buho
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SOBRE EL PAPEL DEL PROFESOR DE FILOSOFIA HOY. 2
En contra de la opinión expuesta anteriormente, el profesor de filosofía como “adoctrinador-moralizante”, parecen abundar los que piensan que el profesor de filosofía es una especie de divulgador de las últimas teorías de la ciencia, sobre el mundo, sobre el hombre, sobre la sociedad…etc.
Prescindiendo de preguntas del tipo de ¿qué pueden decir los filósofos sobre el hombre que no puedan decir los biólogos, arqueólogos, economistas, historiadores?, ¿qué pueden decir los filósofos sobre el mundo físico que no puedan decir los físicos, químicos, geólogos, astrónomos? etc., etc., cabe preguntar, esa “filosofía-divulgadora-de-la-ciencia”, ¿acaso es o puede ser éticamente-neutral? “Objetiva”, dicen.
Más bien ¿no habría que decir que los que así piensan “llevan el agua a su molino”?, es decir, no se ocupan de recopilar y divulgar, más que aquellos “hechos científicos” que parecen redundar en una demostración de sus supuestos metafísicos .
Saludos, el buho.
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Maestros frente a profesores.
Mi querido maestro Santiago Pérez Gago distinguía siempre entre los profesores que aprovechan la vida para dar la clase, y los maestros que aprovechan la clase para dar la vida, y siempre nos manifestaba su deseo de merecer pertenecer a los segundos.
Quiero manifestar que, conmigo al menos, lo consiguió. Y eso es en lo que se acabó convirtiendo su docencia, en un "MAGISTERIO DE LA LUZ" como ha sido titulado recientemente un libro de homenaje publicado por un no despreciable puñado de exalumnos. Estos "compañeros de clase" (como cariñosamente nos llamaba) a lo largo de sus más de cuarenta años de labor, lo hemos acabado considerando nuestro maestro. Y, según parece, a su alrededor, una vez ya jubilado, se ha generado una escuela. Una escuela de Sabiduría Superior como soñara Machado. Exalumnos suyos, ahora llamados discípulos, siguen reuniéndose para llevar a cabo el lema vital de Pérez Gago: "saber viviendo, vivir sabiendo". Él siempre apostó por una sabiduría vital, frente a tanto academicismo. Gago distinguía y distingue entre sabiduría y acumulación de meros datos. A lo primero lo llama verdadera formación integral, y, a lo segundo, tan sólo mera información. La educación consiste para Pérez Gago no en transmitir conocimiento, sino en ayudar al alumno a desarrollarse plenamente como persona, a descubrir su vocación , (qué palabra tan hermosa se ha perdido) y a alimentarla. Como nos decía que repetía su abuelo: "el campo en siembra es sagrado" cuando está sembrado sólo hay que darle lo que necesita para germinar. Y eso lo aplicó Gago y lo sigue haciendo. La institución educativa es para el alumno, y no al revés. El verdadero programa es el alumno, nos decía. Y se enfadaba con vehemencia con lo que consideraba manía de uniformar y domesticar a los chavales. A esa educación la llamaba hacer SETO artificial (cortar a todos por el mismo rasero) del SOTO y su crecimeinto natural. Eso lo he comprobado, primero en mi educación y después en mi docencia. Y es que, si uno es tenor, ¿por qué se empeñan en educarle como si fuera barítono? Como dice Buscaglia en su cuento: si en una escuela hay monos, serpientes, conejos, ¿por qué se pretende que saquen idéntica nota en trepar, reptar, correr? Obviamente, por muchos itinerarios que se inventen, nunca la educación ayuda plenamente a descubrir quiénes somos y qué es lo que sabríamos hacer mejor para ser felices y vivir incluso profesionalmente en una sociedad tan castrante. Y es que , como nos repetía el maestro Gago: esta sociedad subordina siempre el ser al hacer y al tener, el bienser al bienestar. Y así nos va. les invito a descubrir el gran valor del magisterio de Pérez Gago y lo que acabó llamándose más o menos acertadamente Esthética Originaria:
http://estheticaoriginaria.org.
Allí están abiertos a sus sugerencias.
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Creo que la estética filosófica está en peligro porque no se entiende "lo originario" como algo que está continuamente "siendo" modificado por lo que "ha sido". Creemos que el mono no puede nadar porque no retenemos ese originario como modificable por la propia memoria al margen de lo inmutable que, no puede darse en al arte. En la temporalización de la afectividad hay polarización por el horizonte del pasado. Creemos que somos una imitación de algo que llevamos dentro y a lo que tenemos que llegar; falso; descubrir nuestra identidad no es eso. Será la reflexión, necesariamente dialéctica, y llevada a cabo por el arte, y en el límite por la filosofía (no por la religión), la que posibilite reiniciar para nosotros el sentido fenomenológico y no de una manera identitaria sintética aristotélica, sino parpadeo inmediato de la reflexión desplegada no proyectadamente, y no “imitando” al instituyente simbólico impuesto o portado ya en nosostros; en ese sentido la reflexión sí es infinita pero no caótica determinada, sino encarnada en una pasividad “port-à-faux”, pasividad desajustada a la identidad, y en ese sentido da huida a la mímesis, al “¡ponerse en lugar de!” que tantos conflictos de iniciación crea, en un poner a distancia de elementos heterogéneos simbólicamente instituidos, al “vivir” el espacio originario que apercibimos como espectadores del arte; un espacio con un ritmo que desoriente toda sitematicidad ontológica que desvele la vida, porque ésta ya está desvelada en el arte que, no adelanta ni promete metafísico introducido como causa.-
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