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#1 26-02-2008 22:48:15

oscarportela
Forero mayor
Registrado: 16-09-2005
Mensajes: 74

Que Significa El Pensar Conmemorativo Por Oscar Portela

QUÉ SIGNIFICA EL PENSAR CONMEMORATIVO





Por Oscar Portela


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El Arte ha pretendido siempre hacer de la tierra un lugar no solo pasajeramente habitable para los hombres sino segura morada para el espíritu.



A fines del segundo milenio de la era cristiana debemos aceptar que entre el habitar pasajero y el morar serenamente existe un abismo de violencia que no puede ser vencido.



Acaso el mismo precipicio a que nos conmina el misterio del espíritu.



Por un lado el habitar ha sido asegurado mediante el dominio y control de todo ente asegurados por el pensar calculador y planificador que planifica  y asegura la ilusión de que con el mero uso de nuestras facultades, incluido el lenguaje o uso de la razón “instrumental”  y la buena voluntad habremos desterrado el fantasma de lo provisional.



Escuchemos a nuestros hombres de ciencia o a los representantes del espíritu positivo y escucharemos a las sirenas que sedujeron a Ulises.



Nunca el hombre dispuso de un "quantum" de libertad creadora y de rendimientos del pensar racional como hoy.



Por el otro y desde hace mas de un siglo escucharemos los lamentos que hablan del eclipse del espíritu, del vaciamiento del centro que  centro alude a la razón o Dios y del crepúsculo y la huida de lo divino o la impotencia del pensar como única vía de acceso a algo mas profundo que el mero instalar del mundo técnico, esto es,  el fundar que permita el morar serenamente del espíritu sobre la tierra.



Morar serenamente  - no es morar idílicamente-  sobre el planeta.



Un morar en la celebración conmemorativa.

La celebración conmemorativa permite pensar conmemorando -esto es pensando en y con aquello que no es mero presente - y que puede ser descontado por el ejercicio calculador de nuestras facultades incluida la del lenguaje.



La celebración conmemorativa evita la estéril repetición porque es una celebración pensante.



Y Heidegger nos dice que "La falta de pensamiento es un huésped inquietante en el mundo de hoy entra y sale de todas partes".



Y agrega: "Las celebraciones conmemorativas son cada vez mas pobres de pensamiento. Celebración conmemorativa y falta de pensamiento se encuentran y concuerdan perfectamente".



Pero Heidegger nos habla acá solo del pensar conmemorativo y no del pensar técnico que pone en orden, planifica y descuenta el tiempo de la vida del hombre sobre la tierra.



En cuanto a nosotros escritores doblemente marginales en una época a la que Blanchot denominó del "desastre de la escritura como grama, como huella, como posibilidad de memoria, estamos obligados a rendir cuentas ante el tribunal del pensar que rememora, esto es, que piensa junto a /y por intermedio de la celebración todo lo que es.



La celebración es el tributo del pensar como celebración conmemorativa y no el mero hacerse presente de un pasado transcurrido o concluido.



El pasado es para nosotros entonces lo que no deja de venir a nosotros en la celebración y a conminamos a pensar para hacer posible la promesa de un morar serenamente en esta tierra.





Ningún verdadero escritor escribe al azar arbitrariamente o solo como exaltación de un nombre. La escritura que es laberinto, pasadizo, misterio es el día de un dialogo inconcluso.



El de un lector que espera ver reproducida su imagen en el espejo infinito de una escritura que solo cumple parcialmente su destino en el inquietante desciframiento de una lectura, que es y será como fundamento de todo dialogo la posibilidad de todo prójimo -el hoy de toda diferencia- y el fundamento de todo pensar no calculador  y de toda celebración pensante.



En una época oscura por demasiado clara, en una época donde la claridad de la razón puede ofuscar la visión y enceguecer el pensamiento- la literatura debe ser el día de una tarea anónima- : toda verdadera escritura lo es.



La sencilla y humilde a la vez en la cual hoy como hace siglos el hombre y en el- el espíritu- busca hacer de la tierra una morada de paz para la especie.



Este principio de milenio conmina pues no sólo a una escritura complaciente desde el punto de vista de la estética o de los mercados que pueden reducir todo a lo neutro, a lo trivial, sino a una escritura pensante.



Esto es conmemorativa, celebrativa, y no solo militante o combativa. Este no es solo un día en que se magnifica una tarea o una misión.



Este es un día en que se reconoce y se acepta una tarea.



Y con ello todos sus peligros. La confusión de los demás, la ignorancia, la indiferencia o lo que es mas peligroso aun y es el abismo que nos pertenece pues lo constituye la posibilidad de desaparición de la escritura como forma o fundamento de nuestra percepción de lo real -de nuestras cosmovisiones del mundo - y de nuestras cosmogonías pasadas o futuras.



En este lugar debe velar el escritor. No hay tumbas pero tampoco hay cunas. Es un lugar de transición. Un anochecer, un alba, una confusión del animo.



Es tal vez por primera vez una nueva forma de ser llamados por la escritura y su terrible pasado.



Es tal vez el único modo de conservar el pasado a través de la destrucción creadora para fundar en la celebración conmemorativa del pensar algo mas que un estar reunidos transitoriamente -esto es para que pensemos y escuchemos unos junto a  otros- la voz de aquello que constituye la esencia de la memoria : la escritura.



Y esta que no deja en la hora de mayor peligro de venir a nosotros porque es apelación y porque es gracia que requiere de nosotros algo mas que un pasajero deleite, un apretón de manos transitorio o una promesa de futuro instalada sobre la utopía de un paraíso realizado  a través de la planificación y el cálculo.



La escritura es noche y no poder pero es también humildad y recogimiento y es combate sin sosiego.



A las medidas del no poder -de la humildad y el recogimiento de la celebración conmemorativa -debemos los  escritores encomendar el destino del mundo.



La globalización totalizadora y homogeneizadora es la otra cara de la fragmentación y el extrañamiento.



Ambos son la plenitud, la carencia, el nihilismo pleno en cuanto obstructor y no destructor. Y allí donde crece lo obstructor nada puede construirse.



Mientras el azar de la escritura como guerra y destrucción de lo pasado, como recepción del porvenir permanezcan a nuestro lado, en el peligro, "como peligro mismo", crecerá también la posibilidad de salvación.

En este sentido todo apremio lo es todo y es nada.



El símbolo de una voluntad que clama en el desierto para fundar oasis con la sola certidumbre de que la voluntad no basta si no estamos protegidos por la gracia poética, el solo amparo que nos permitirá continuar una obra destinada al olvido de la historia  o a la recepción multiplicadora de un futuro creador de otros mundos y otros horizontes.

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26-02-2008 22:48:15

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