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Portada de la guía informativa de la EBAU, Junta de Castilla y León

La semana pasada se enviaba a todos los centros el enlace de todos los enlaces, el estándar de todos los estándares, la información más crucial de todas las informaciones, la súblime, la incomparable, la inimitable, la única... ¡La EBAU! Es maravilloso que a menos de tres meses de la prueba ya podamos saber a qué atenernos. Incluso la consejería de educación ha habilitado un espacio en su web para que no haya profe o candidat@ a la uni que pueda alegar ignorancia: aquí se puede encontrar todo lo que siempre quiso saber de la EBAU y nunca se atrevió a preguntar. En lo que nos toca a la Historia de la filosofía: habemos criterios de corrección y tambien, como no podía ser menos, modelo 0 de examen. Resulta asombroso lo poco que ha cambiado el examen, respecto a estructura y contenidos, si tenemos en cuenta la matriz de estándares de aprendizaje que publicó el ministerio el pasado mes de diciembre. Escandaloso, por su parte, la total ausencia de debate entre la comunidad docente. Siempre fuimos siervos de la enseñanza superior, y hasta ahora es a lo que nos habíamos dedicado: a obedecer. Pero estando a las alturas que estamos, con las herramientas tecnológicas de que se dispone, es inaceptable que no haya un mínimo debate, la más pequeña de las aperturas a la escucha. Sana envidia hay que sentir de otras comunidades, en las que profesor@s de secundaria participan en la estructura de la prueba e incluso en su diseño. Puede que aquí nos falte preparación.

 

Vayamos a la prueba: una primera pregunta de análisis de texto: idea principal y relación con la filosofía del autor. Una segunda pregunta de vocabulario: una lista de conceptos entre los que elegir cinco. Tercera pregunta: un tema. Cuarta pregunta: relación entre autores. Todo ello bien mezclado, abarcando diferentes épocas y corrientes para intentar lavar la cara del examen y ajustarlo a la famosa matriz a la que aludíamos antes. Dicho de otra forma: un auténtico sin sentido educativo, muy leguleyo pero más cerca del engendro memorístico que de otra cosa. No salimos ganando con este modelo, más bien al contrario: introduce más confusión respecto al anterior. Y sobre todo le viene a decir a quien ose realizarla que su pensamiento, sus propias ideas, su capacidad de argumentación no importan lo más mínimo en comparación con su capacidad de reproducir lo que otros han pensado. Que no se pide saber pensar, sino saber lo que pensaron. Y cuando desde arriba se lanzan estos mensajes la prueba queda herida de muerte y el pensamiento petrificado, fosilizado. En filosofía no hay que pensar, en realidad nunca hizo falta hacerlo. Lo que hay que hacer es expresar lo mejor posible lo que otros pensaron. Y ya. 

 

Viendo el panorama, nos queda el consuelo de la marginalidad. Ya no tenemos una asignatura común y que se realice en las pruebas de acceso por un número significativo de alumn@s. La LOMCE nos ha convertido en una asignatura residual, así que el desaguisado de la prueba, de nuestra prueba, tendrá poco impacto sobre las vidas académicas de quienes se aventuren a cursar historia de la filosofía en segundo de bachillerato. Esta prueba, cuyo pdf parece sacado de un corta y pega, libera de presión a una asignatura maltratada y a la vez abre espacio a que podamos introducir en clase otros enfoques, perspectivas y metodologías. Si quienes la han diseñado no han considerado necesario hacer la tarea de teclear la prueba (o pasarle un OCR para después corregir y completar), es de esperar que esa misma laxitud sea la que predomine en la convocatoria de este año. Habrá que acostumbrarse a vivir en esta zona de confort a la que se nos condena, con clases poco numerosas en las que poder hacer cosas que antes nos estaban vetadas: completar el currículum con autor@s que no aparecen, actividades de lectura comentada, participación activa y debate, etc. "Lujos" educativos que antes eran impensables, con tres horas a la semana (una menos que ahora) y la obligación de impartir los diez autores del currículum. Habrá que resguardarse en el filosofar y ver lo que ocurre cuando escampe la LOMCE. Que nadie eche las campanas al vuelo: puede que el mesiánico "pacto educativo" no traiga buenas nuevas para la filosofía.