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Aristóteles. Comentario resuelto (VI-2004)

Propuesta de resolución del texto extraído de Política. Examen de Selectividad de la UCyL de junio de 2004.

Texto para comentar

» Comentario de texto propuesto en el examen de selectividad de las Universidades de Castilla y León de junio de 2004.

Aristóteles, , Libro III, capítulo 9.

«Por tanto, es evidente que la ciudad no es una comunidad de territorio para no perjudicarse a sí mismos y por el intercambio. Esto tiene que existir, si es que va a haber ciudad; pero no porque se dé todo ello hay ya una ciudad, sino que es la comunidad para bien vivir de casas y familias, en orden a una vida perfecta y autosuficiente. Ahora bien, esto no existirá si no habitan el mismo y único territorio y contraen matrimonios entre sí. Por eso surgieron en las ciudades relaciones familiares, fratrías, fiestas y diversiones para vivir en común. Y tal cosa es fruto de la amistad. Pues la decisión de vivir en común es amistad

Cuestiones:

  1. Explique el sentido del texto y analice los términos subrayados (Valoración 0-4 puntos).
  2. La ética de Aristóteles: felicidad y virtud (Valoración 0-4 puntos)
  3. Teniendo en cuenta la pregunta anterior, relacione a Aristóteles con algún otro autor o corriente de pensamiento, señalando aproximaciones o diferencias (Valoración 0-2 puntos)

Propuesta de resolución del comentario

La propuesta de resolución es siempre orientativa. Que se entienda siempre como una tentativa de solución, seguramente mejorable. No es difícil imaginar que 50 profesores de filosofía propondrían 50 soluciones distintas (y a saber qué nota recibirían en las pruebas de acceso...). Por eso, lo que ofrecemos aquí es sólo una propuesta de resolución. Se puede utilizar como material de referencia para establecer correcciones (y mejorar la propuesta) o para tener una ligera idea de cómo se podrían contestar las preguntas.

Pregunta 1

El texto a comentar pertenece a la Políticade Aristóteles, una de las obras que el filósofo de Estagira redactó mientras impartía ya clases en el Liceo. Al tratarse, por tanto, de una de sus obras de madurez. asistimos en ella a un desarrollo pleno del pensamiento aristotélico alejado ya de las influencias platónicas. Por ello, la Política se caracteriza, entre otras cosas, por su carácter empírico. no pretende, como la República platónica, presentar un modelo ideal de Estado, una polis entendida como Idea, a la manera de Platón, sino, muy al contrario, realizar un estudio basado en la experiencia sobre la ciudad y sus distintas formas de gobierno. La filosofía de Aristóteles está marcada por un profundo realismo. tras ser durante veinte años discípulo de Platón, y seguir varias de sus enseñanzas, Aristóteles consigue desarrollar una teoría propia que se aleja progresivamente del Idealismo platónico. El pensamiento de Aristóteles buscar solucionar los problemas reales desde la realidad misma. No en vano fue el fundador de la biología. pero sin renunciar por ello a un pensamiento formal, pues es también padre de la lógica. La biología y el estudio de la naturaleza aparece en toda su obra: a partir de ella se incorporan conceptos como el de fin, o el de autosuficiencia, que definiremos un poco más adelante. A este nivel, la importancia filosófica e histórica de Aristóteles se enorme: fue preceptor de Alejandro Magno. y sus aportaciones a diferentes ciencias aún siguen siendo discutidas hoy: lógica y biología, pero también física, metafísica ética y política, en un intento de abarcar todos los saberes de su tiempo y aportar ideas originales a todos.

La Política responde, como hemos dicho, a este carácter empirista del pensador griego: pretende ser sobre todo un estudio de la polis. de su origen y necesidad para el desarrollo de la vida humana, de sus diferentes clases, y de la forma de gobierno más adecuada, sin que en ningún momento deba entenderse de un modo universal, eterno, necesario o absoluto, sino siempre sujeto a las circunstancias y necesidades de cada pueblo. En su obra encontramos la primera clasificación de los regímenes de gobierno de la filosofía occidental, y todos estos aspectos harán que se convierta en una obra de referencia obligada para el pensamiento político a partir del siglo XIII, cuando el pensamiento aristotélico es recuperado para Occidente. Este carácter empírico de la Política se refleja a la perfección en un dato crucial para comprender el texto: la obra de Aristóteles está impregnada de la forma de vida propia de las polis griegas: la polis, se convierte, así, en el lugar propio y específico de la vida feliz. de modo que, como ocurriera en la propuesta política de Platón, la relación que se establece entre la ética (de la que nos ocuparemos en la siguiente pregunta) y la política es muy estrecha. El hombre que no vive en la ciudad, dirá Aristóteles, es una bestia o un dios, una pieza fuera del tablero.

El fragmento del comentario pretende delimitar qué es una polis, y cuál es la finalidad de la misma. Las preguntas a las que podría contestar este fragmento son: ¿qué es la polis? ¿Para qué se forma? ¿Cuál es el fin último de la polis? Y aquí es precisamente donde aparece el contenido ético del que acabamos de hablar: si el fin de la ética es, como veremos, determinar la felicidad del individuo, el fin de la ciudad será precisamente que el hombre se realice dentro de ella. Una buena polis, una buena ciudad, es aquella en la que el hombre puede desarrollar todas sus capacidades, aquella ciudad que posibilita y facilita que el hombre sea feliz. Ética y política aparecen íntimamente conectados. el individuo no puede ser feliz en una ciudad injusta, ni puede haber una ciudad justa formada por individuos que no se realicen dentro de ella.

Ahora que hemos contextualizado el autor, la obra y el fragmento, caracterizaremos brevemente los conceptos subrayados:

Ciudad. en el mismo texto aparece la mejor definición posible: “comunidad para bien vivir de casas y familias”. La ciudad es el lugar específico del ser humano, allí donde el hombre llega a ser verdaderamente hombre, a realizar todas sus disposiciones: a ser feliz. Por eso, la ciudad no es una forma de vida creada sólo para beneficiarse del comercio, o con una misión puramente defensiva. El fin de la ciudad es la felicidad del hombre, que es, además, un animal “político”, es decir un animal que necesita vivir en la ciudad. El hombre para Aristóteles es, esencialmente, un ciudadano, y por eso la ciudad aparece acompañada siempre de un sentido ético.

Bien vivir. es la felicidad. En la siguiente pregunta veremos que Aristóteles define la felicidad en Ética a Nicómaco como la actividad del arma dirigida por la virtud. Esta identificación entre felicidad y virtud es concretada un poco más, cuando Aristóteles se refiere a diferentes modelos de felicidad. Para él, la vida buena se podría identificar con una vida teórica, acompañada de virtud y de los bienes externos necesarios (y no más de los necesarios) para llevar esta forma de vida. La felicidad, piensa Aristóteles, es el fin del ser humano.

Casas y familias. son las unidades elementales de las que se componen las ciudades, expresión primigenia de la sociabilidad natural del ser humano. Aristóteles utiliza a menudo una metáfora organicista para comprender mejor la ciudad: si los individuos pueden entenderse como las “células” de la ciudad, las casas y las familias serían los órganos de la misma. Las familias estarían a medio camino entre el individuo y la ciudad. Muestran la dimensión naturalmente social del ser humano, pero no son suficientes para lograr la felicidad del mismo.

Vida perfecta. la vida perfecta es la vida del hombre feliz. Este concepto está directamente relacionado con el de felicidad. La vida perfecta es la de aquel ser humano que desarrolla su fin, su télos. La vida perfecta es la vida acabada (en telequia), plena, feliz. La vida perfecta implica la realización de todas las capacidades o potencialidades humanas, y esto no puede hacerse si no se vive en la ciudad.

Autosuficiente. concepto tomado de la biología, quiere decir autárquico, que se basta a sí mismo. Si el ser vivo es ya autosuficiente, no necesita “relacionarse” con otros para sobrevivir. El hombre, sin embargo, no lo es, y sólo la vida en la ciudad hace al hombre autosuficiente. El animal político del que hablábamos antes necesita vivir en la ciudad y sólo dentro de la misma puede desarrollar una vida que se baste a sí misma, una vida en la que logre satisfacer todas sus necesidades-

Amistad. puede entenderse como una virtud o “algo acompañado de virtud”. En cualquier caso, se trata de un elemento indispensable para que se forme una ciudad compacta, en la que los lazos sociales vayan más allá del puro interés o del beneficio. La amistad podría entenderse así, como una de las virtudes necesarias en la ciudad, pero también como un ingrediente necesario para alcanzar la felicidad. Si el hombre necesita de los demás para alcanzar la felicidad, la amistad jugará un papel muy importante en el logro de la misma.

Pregunta 2

Para desarrollar la ética aristotélica nos ocuparemos especialmente de los siguientes puntos:

  1. El concepto de fin (ética teleológica)
  2. Primera caracterización de la felicidad.
  3. El concepto de virtud.
  4. La prudencia.
  5. Conclusión sobre la felicidad.

Lo primero que hay que decir para caracterizar la ética aristotélica es que es teleológica. se trata, por tanto, de una ética de fines, en la que la felicidad será considerada el fin último del ser humano. Hay que destacar aquí, la importancia de las obras biológicas de Aristóteles de donde, con toda probabilidad procede el concepto de fin: de la misma forma (por poner un ejemplo) que el fin de la semilla de un manzano es llegar a ser manzano, el hombre tendría como fin llegar a ser feliz. Ya desde el comienzo de Ética a Nicómaco compara Aristóteles al ser humano con un arquero apuntando al blanco. de la misma forma que el objetivo de éste es dar en el blanco, el fin del hombre no puede ser otro que el de ser feliz, alcanzar una vida buena. Cualquier otro fin no puede sino ser instrumental: siempre cabe preguntar el para qué del dinero o del placer. Frente a esto, la felicidad es el único fin último del ser humano, el único fin autárquico, que se basta a sí mismo. Por eso, La Ética a Nicómaco se convertirá, en cierto modo, en una profunda investigación sobre la felicidad humana. Una de las grandes preguntas de esta obra será por tanto: ¿Qué es la felicidad?

Según Aristóteles casi todos están de acuerdo en que la felicidad es el fin último del ser humano, pero no todos piensan que el contenido de la felicidad sea el mismo. Aristóteles nos presenta, al menos, 3 modelos:

  1. Los que piensan que la felicidad está en el placer, la riqueza o los honores.
  2. Aquellos que argumentan que la felicidad consiste en la satisfacción de una carencia personal: así, la felicidad sería la salud para el enfermo, la riqueza para el pobre, la cultura para el ignorante…
  3. Los que no están de acuerdo con ninguna de las anteriores, y creen que, si las anteriores son positivas, es precisamente porque contribuyen a otro fin, a otro bien que hace que los anteriores sean buenos.

Evidentemente, Aristóteles se identificará con la tercera opción, que, desde su punto de vista, es la única autárquica. Los placeres y las riquezas son accidentales en nuestra vida: tan pronto aparecen como desaparecen. La felicidad para Aristóteles no puede ser una sensación o un disfrute pasajero, sino, más bien, una forma de vida. que será necesariamente estable y duradera. Para Aristóteles la felicidad es una tarea a realizar en toda una vida, no en momentos fugaces de la misma. Y por ello, tampoco puede ser únicamente la satisfacción de una carencia. Evidentemente el hombre feliz no puede tener carencias, pero es necesario añadir algo más para lograr ser feliz. Este algo más será, como veremos la virtud.

Así, Aristóteles nos ofrece una primera definición de felicidad: actividad del alma dirigida por la virtud. Sólo el hombre virtuoso, aquel que no sólo conoce las virtudes sino que las pone en práctica (pues la felicidad es actividad) en su vida cotidiana, puede ser feliz. La virtud se descubre así como uno de los componentes necesarios para poder decir que un hombre es feliz. El hombre virtuoso halla el placer y el honor siendo virtuoso, por lo que no necesita del placer ni del honor como algo externo. Lo único que necesita el hombre virtuoso para ser feliz es tener cubiertas las necesidades básicas, es decir, tener los bienes externos necesarios para poder ser feliz. Pero si la felicidad nos remite a la virtud, será este uno de los conceptos centrales de toda la Ética a Nicómaco, y deberemos ocuparnos de él para comprender la felicidad de la que Aristóteles nos está hablando. La pregunta incicial (¿Qué es la felicidad?) se convierte ahora en una nueva pregunta: ¿Qué es la virtud?

La virtud para Aristóteles es una disposición permanente del alma a obrar bien. El hombre virtuoso es aquel que está predispuesto a hacer el bien, aquel al que “le sale de suyo” obrar bien. De hecho, el propio Aristóteles elaboró una clasificación de las virtudes, distinguiendo las éticas (aquellas que perfeccionan la voluntad) y las dianoéticas (las que perfeccionan el entendimiento). Las éticas se forman por medio de la repetición y las dianoéticas por medio de la instrucción.

Teniendo en cuenta esta clasificación, Aristóteles elabora un poco más esta caracterización de la virtud y nos ofrece otra definición: “modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente”. La virtud es, si nos atenemos a esta definición, una forma de elegir. Se podría decir que el hombre virtuoso es el que sabe elegir, el que toma la decisión adecuada en el momento justo. Aquí introduce Aristóteles la tesis, no siempre bien comprendida, del término medio o del justo medio. La virtud tiende siempre al medio, pero no se puede entender esto de un modo exclusivamente geométrico, sino ético, vital, experiencial. El hombre se ve a menudo obligado a elegir entre dos extremos, y el virtuoso es aquel que tiende a tomar la decisión correcta, que suele situarse, de un modo aproximativo, en un lugar intermedio. Esto no impide, por supuesto, que haya casos en los que la decisión virtuosa esté mucho más cerca de un extremo que del otro. Además de esto, llama la atención la última parte de la expresión aristotélica: “por lo que decidiría el hombre prudente”. El estudio de la felicidad nos condujo a analizar el concepto de virtud, y este ahora nos remite al de prudencia. Veamos qué es la prudencia para Aristóteles.

La definición aristotélica de la prudencia resulta un tanto problemática. Lo primero que hay que decir es que la prudencia es una virtud, y una de las más importantes. Aristóteles la entiende como un “modo de ser, racional, verdadero y práctico, respecto de lo que es bueno y malo para el hombre”. Sería prudente aquel que sabe determinar qué es bueno en cada caso, y lo sabe llevar a la práctica. El prudente combina inteligencia y deseo a partes iguales. Para Aristóteles el hombre es inteligencia deseante y deseo inteligente, de modo que ninguno de los dos pueden faltar para definir al hombre prudente. El prudente elige bien en el momento oportuno, algo que tiene que aprender necesariamente a partir de la experiencia y, por qué no decirlo, incluso del error. Pudiera parecer que Aristóteles cae en un círculo vicioso al definir los conceptos esenciales de su ética: la definición de virtud nos remite a la prudencia, y ésta a su vez a la virtud. Este aparente círculo vicioso queda resuelto si nos damos cuenta de que la ética es una disciplina práctica. Tanto la virtud como la prudencia se aprenden por medio de la experiencia, y requieren un largo ejercicio. Nadie nace siendo virtuoso, y su aprendizaje requiere largo tiempo. Llegar a formar esa “disposición permanente para obrar bien” cuesta tiempo y esfuerzo, y requiere que el individuo pueda fijarse además en otros hombres virtuosos y prudentes para imitarlos. El aprendizaje moral y ético debe tener al prudente como referencia. El ejercicio y la imitación consolidan este hábito a obrar bien en el que consiste la virtud. El que llega a ser prudente logra, por medio del ejercicio, tomar las decisiones correctas con facilidad, pues está habituado a ello. Como el buen arquero tiende a acertar en el blanco, el hombre bueno tiende a hacer el bien.

Con esto podemos ya terminar de caracterizar la felicidad. Además de referirse a esta “virtud acompañada de bienes externos”, Aristóteles distingue varios tipos de vida, y trata de determinar cuál es el que mejor se ajusta a la felicidad, tal y como la hemos venido caracterizando. Así, distingue estas formas de vida:

  • a) Vida activa: la de aquella persona que está comprometida con la marcha de la ciudad y que ocupa importantes cargos dentro de la misma. Aristóteles encuentra que este modelo es muy honorable, pero está sujeto a las circunstancias y vaivenes de la vida pública, de modo que alguien pueda perder súbitamente el honor y la fama conseguida a lo largo del tiempo.
  • b) Vida placentera: la de aquellas personas que viven centradas en el placer. Para Aristóteles no es esta una vida autárquica: los placeres proveerían una felicidad efímera, instantánea, pero no son capaces de proporcionar una felicidad duradera.
  • c) Vida contemplativa: la de aquella persona preocupada por el saber. No se trata sólo de un saber “libresco”, sino de una curiosidad vital, que entronca con esa admiración ante las cosas de la que hablara el propio Aristóteles o con la frase inicial de su metafísica: “todos los hombres por naturaleza desean saber”.

Para Aristóteles, este tercer estilo de vida es superior a los anteriores, y por eso debe ser preferido. La vida teórica o contemplativa proporciona saber en sí misma, y no está tan sujeta a avatares políticos, sociales o económicos como la vida activa. Por eso, y a modo de conclusión, podríamos decir que para Aristóteles la felicidad, la vida buena, consiste en llevar una vida teórica acompañada de la virtud y de los bienes externos necesarios para tener una vida digna, lo que requiere la ciudad para su realización.

Pregunta 3

Podemos comparar a Aristóteles con Platón. Dado que en la anterior pregunta nos hemos ocupado de la ética aristotélica, trataremos de centrarnos en esta disciplina, pero incluiremos también alguna reflexión sobre el carácter de la filosofía de ambos. El esquema de nuestra exposición será:

Semejanzas:

  • La sabiduría como virtud.
  • Conexión ética-política

Diferencias:

  • Voluntarismo frente a intelectualismo moral.
  • Empirismo frente al desprecio de los sentidos.
  • Inexistencia de un bien separado. (el bien como télos)

En primer lugar, una posible semejanza entre Platón y Aristóteles es la consideración de la sabiduría como una virtud. Si en el caso aristotélico será una de las virtudes dianoéticas más importantes, Platón entenderá que la sabiduría es uno de los modos de acceder a las Ideas. Escalando por los grados de conocimiento que aparecen en el símil de la línea, conociendo en primer lugar las imágenes, después los objetos, después los objetos matemáticos y en último término las Ideas, emprendemos también un camino de perfeccionamiento moral, pues todo aquel que conoce la Idea de Bien obrará también de un modo correcto. Para Aristóteles, como hemos dicho, la sabiduría es una virtud dianoética o intelectual, y no implica necesariamente un perfeccionamiento moral. El conocimiento no garantiza la virtud, según el filósofo de Estagira. Sin embargo, sí que hemos visto que el amor por la sabiduría o la vida teórica sí que es considerado por Aristóteles como una forma de vida superior, gracias a la cual nos será más fácil lograr la felicidad, sobre todo si lo comparamos con la vida placentera o la vida activa.

Otra de las similitudes que podemos encontrar entre Platón y Aristóteles es la conexión entre la ética y la política. El gobernante platónico debe ser el sabio, y la sabiduría conecta así ética y política. Además, la división en clases sociales recuerda a las tres partes del alma, cada una de las cuales debía aspirar a alcanzar su virtud correspondiente. En el caso aristotélico, la relación entre ética y política es clara. Si el fin de la ética es proporcionar un modelo de felicidad, el fin propio de la política es precisamente organizar la polis de manera que posibilite y facilite la felicidad de sus ciudadanos. Como veíamos en la contextualización, el hombre es un animal social y no puede encontrar la felicidad fuera de la polis. El hombre solitario no es autárquico ni puede realizar el fin que le es propio (la felicidad). Sólo viviendo en la ciudad, en contacto con otros seres humanos, puede lograrse una vida perfecta y autosuficiente. La ciudad (la política, entendida en el sentido que le da Aristóteles) posibilita la felicidad del individuo, que es el objetivo último de la ética. Algo similar ocurre en el modelo que nos presenta Platón en la República: en la ciudad justa que se nos presenta, todo individuo alcanzaría la felicidad ocupándose de aquello que le es más propio y adecuado: los sabios serán gobernantes, los que destaquen por su valor serán guerreros y aquellos que destaquen por su templanza serán productores, con las condiciones de vida asociadas a cada una de estas clases.

En cuanto a las diferencias, hay que subrayar que Aristóteles rechaza el intelectualismo moral que, por la influencia socrática, aparece en los primeros diálogos platónicos. Conocer el bien no es suficiente para hacer el bien. A la inteligencia debe unírsele la voluntad, uno de los conceptos claves de la filosofía moral aristotélica. No todo aquel que conoce el bien, intenta llevarlo a la práctica. Es preciso, además, querer hacer el bien. Sin el concurso de la voluntad, no se puede hablar de un hombre virtuoso. Por eso llega a decir Aristóteles que la prudencia puede ser más importante que la sabiduría: el prudente, sin ser sabio, hace el bien, mientras que el sabio, por un defecto en su voluntad, puede poner su sabiduría al servicio de fines nefastos para el ser humano. Cuando Sócrates defendía que nadie hace el mal conscientemente, y que el mal tiene su origen en la ignorancia, era demasiado optimista. Para Aristóteles, hay quien hace el mal conscientemente, sabiendo que hace el mal: serían las personas viciosas, las que quieren hacer el mal.

Otra diferencia, que se deja notar en todo el pensamiento platónico y aristotélico, es el excesivo Idealismo platónico, que es criticado por Aristóteles. Incluso en la ética, Aristóteles destaca el carácter práctico de la misma. Si bien las virtudes dianoéticas pueden adquirirse por medio de la instrucción, las morales precisan del ejercicio, de la práctica, con lo que Aristóteles se muestra mucho más realista que Platón, para el que el conocimiento de la Idea de Bien era suficiente garantía del comportamiento moral del sujeto. Esta diferencia entre el Idealismo platónico y el realismo aristotélico se dejará notar también en política, donde la teoría de Aristóteles es mucho más pragmática que la platónica, pero también en metafísica y teoría de conocimiento, convirtiéndose en dos nervios centrales que recorren el pensamiento de ambos filósofos. El realista Aristóteles, hijo de un médico, apasionado de la naturaleza y fundador de la biología, frente a al idealista Platón, de familia aristocrática, influenciado por las doctrinas pitagóricas y muy interesado por las matemáticas.

Una última diferencia, en cierto modo consecuencia de la anterior, es la concepción del bien. Mientras que para Platón el bien es una Idea, existente en un mundo separado y absoluto, alcanzable sobre todo a través del conocimiento, para Aristóteles el bien es el télos, el fin inherente a todo ser. El realismo aristotélico no puede aceptar que el bien de un ser tenga una existencia exterior al mismo, separado de ese ser, y por eso, influenciado por sus estudios de la naturaleza, defiende que el télos está en cada cosa, que debe aspirar precisamente a desarrollar ese télos de un modo completo. Para Aristóteles es inconcebible que el bien de una cosa esté separado de la misma, mientras que Platón argumentaría que el bien no puede ser interno a la cosa misma, sino que el verdadero fundamento de la realidad (y por tanto de cada cosa) está en las Ideas.

Para terminar, cabe destacar la importancia del pensamiento aristotélico. Si bien sus idea desaparecieron para Occidente años después de su muerte, afortunadamente su filosofía fue conservada y llegó de nuevo a Occidente a través de la cultura árabe. Su importancia filosófica a partir del siglo XIII está fuera de toda duda, aunque, a la vez, se le dio una orientación a su filosofía que quizás va más allá de los planteamientos originales del propio Aristóteles. Su realismo ha llevado a considerarle, en cierto modo, fundador del empirismo, y en la actualidad sus ideas siguen siendo una referencia obligada en campos como la ética y la política, donde autores como Aubenque o Pettit han tratado de actualizar alguna de sus propuestas.