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Carl Marx. Comentario resuelto (UCyL, junio de 2009)

Propuesta de resolución del texto extraído del prólogo de Contribución a la crítica de la economía política. Examen de Selectividad de las Universidades de Castilla y León de junio de 2009.

Texto para comentar

» Comentario de texto propuesto en el examen de selectividad de las Universidades de Castilla y León de junio de 2009 .Vea también los apuntes de este autor.

C. Marx: Contribución a la crítica de la economía política. Prólogo

El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social, es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.

CUESTIONES:

  • Explique el sentido del texto y analice los términos subrayados (Valoración 0-4 puntos).
  • Teoría de la historia en Marx (Valoración 0-4 puntos).
  • Teniendo en cuenta la pregunta anterior, relacione a Marx con algún otro autor o corriente de pensamiento, señalando aproximaciones o diferencias (Valoración 0-2 puntos).

Propuesta de resolución del comentario
La propuesta de resolución es siempre orientativa. Que se entienda sólo como una tentativa de solución, seguramente mejorable. No es difícil imaginar que 50 profesores de filosofía propondrían 50 soluciones distintas (y a saber qué nota recibirían en las pruebas de acceso...). Por eso, lo que ofrecemos aquí es exclusivamente una propuesta de resolución. Se puede utilizar como material de referencia para establecer correcciones (y mejorar la propuesta) o para tener una ligera idea de cómo se podrían contestar las preguntas.

Pregunta 1: contextualización y términos

El fragmento propuesto para el comentario pertenece a Carlos Marx, uno de los personajes imprescindibles para comprender la historia de la segunda mitad del siglo XIX. Referirnos a Marx como filósofo sería, sin duda, quedarnos cortos: su formación universitaria inicial fue en la carrera de derecha y sólo unos años más tarde estudiaría filosofía. Con todo, sus textos tiene un carácter eminentemente económico: es realmente complicado dar una explicación filosófica de El capital, la gran obra marxista sin contar con los suficientes conocimientos de economía. A este respecto, Marx fue un autor capaz de desbordar límites y barreras: en sus análisis económicos de la sociedad terminaba siempre deslizándose hacia cuestiones antropológicas, éticas e incluso metafísicas, por lo que en su obra economía y filosofía van íntimamente unidas. En cualquier caso, fijarnos sólo en el Marx “intelectual” o “teórico” sería incompleto: si por algo destaca es por el enorme potencial crítico de su obra, que le llevó a comprometerse en los procesos sociales, políticos y económicos de su tiempo, siendo junto a Engels uno de los principales promotores del movimiento obrero, promoviendo la I Internacional comunista y participando en la redacción del Manifiesto comunista.

De hecho, la obra a la que pertenece el fragmento a comentar está construida precisamente desde la interdisciplinariedad. La Contribución a la crítica de la economía política es principalmente una crítica directa al capitalismo, pero también una defensa del materialismo histórico, tal y como se aprecia en el mismo prólogo. No estamos ante una de las obras más citadas de Marx, pero sí ante una obra de referencia, interpretada por algunos incluso en clave científica, de manera que las tesis que incluye irían más allá de ser una teoría filosófica para instalarse en la historia y la economía, tratando de explicarnos la estructura fundamental del modo de producción capitalista, manteniendo una distancia crítica respecto al mismo. Igualmente, como se puede advertir en el prólogo, aparece también la concepción marxista de la historia, en la que cuentan más las circunstancias económicas en que vive el ser humano que las ideas.

En concreto, el fragmento propuesto pertenece al prólogo de la obra, en el que Marx resume sus ideas más importantes. La idea central desarrolla el argumento del materialismo económico: el ser humano no es una esencia, un ser predeterminado y libre, sino que en cierta manera es construido por el lugar que ocupa dentro del sistema económico en el que vive. Por eso dice Marx: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social, es lo que determina su conciencia”. O lo que es lo mismo: cada uno piensa, actúa decide y vive no de una forma autónoma, sino en relación directa con el contexto económico y social en el que vive. Sólo cambiando ese suelo económico es posible transformar al ser humano. A este respecto serán las propias contradicciones internas del sistema capitalista las que le conducirán al colapso. La desigualdad y la injusticia de la base económica son, a este respecto, los motores del cambio económico y social, responsables de los cambios que pueden ocurrir en el terreno cultural e ideológico.

Una vez contextualizado el fragmento, pasemos a analizar los términos subrayados:

  • Conciencia: en la filosofía marxista sería el conjunto de representaciones mentales e ideas que guardan relación con la clase social a la que pertenece el individuo. No es una racionalidad pura en el terreno del conocimiento, sino más bien una construcción económica y social. Por eso, no hay conciencia anterior a la sociedad, sino que aquella deriva, en cierta manera, de esta.
  • Ser social: es el conjunto de actividades y relaciones que establece el ser humano en función del lugar que ocupa en el modo de producción y, por tanto, de su clase social. El ser social del hombre consiste en la forma de comportarse y convivir junto a otros seres humanos, y la forma en la que el trabajo afecta a ambos factores.
  • Fuerzas productivas: es uno de los elementos explicativos y definitorios de cualquier modo de producción. Consiste en el conjunto de elementos implicados en el proceso de producción y en el sistema capitalista estaría formado por el trabajo que aportan los proletarios y los medios de producción aportados por los burgueses.
  • Relaciones de producción: es el sistema organizado de relaciones humanas que se produce dentro de cada modo de producción y que termina configurando no sólo la organización fundamental de la sociedad a nivel económico, sino también el tipo de relaciones que se establecen entre las diferentes clases sociales al margen de la producción misma.
  • Superestructura: es el conjunto de producciones culturales, jurídicas, políticas y religiosas generadas por la infraestructura y que tienen como misión justificarla, explicarla y legitimarla. Además, pueden desempeñar un papel ideológico, ocultando el conflicto de clases sociales que se encuentra en la base económica de la sociedad.

Pregunta 2: desarrollo

Fíjate que esta misma pregunta ya fue objeto del examen de selectividad en junio de 2007. A menudo en las clases soléis preguntar. ¿Qué hay que poner en tal tema? Conviene que tengas en cuenta que las respuesta no son cerradas: en la pregunta de desarrollo, en concreto, se intenta que demuestres que eres capaz de exponer un tema de una forma argumentada y razonada. Por eso, te vamos a ofrecer un planteamiento distinto de la misma pregunta, para que puedas comprobar que no se trata de exámenes cerrados.

Organizaremos nuestra exposición sobre la teoría de la historia de Marx en los siguientes apartados:

  1. La concepción de la historia en Marx
  2. El pasado: la lucha de clases como factor de desarrollo histórico. Comunismo primitivo, esclavismo y feudalismo.
  3. El presente: la alienación y la explotación del proletariado.
  4. El futuro de la humanidad: la sociedad comunista

La visión marxista de la historia viene explicada por la teoría del materialismo histórico. Según este, la historia de la humanidad es la sucesión dialéctica de los diferentes modos de producción. Por un lado, se aprecia la influencia de Hegel, ya que se conserva la visión dialéctica de tesis, antítesis y síntesis. Sin embargo no es la oposición fundamental entre naturaleza y espíritu la que empuja la historia sino la lucha de clases. Se trata por tanto de la materia, entendida en un sentido económico y amplio: más allá de una cosmología o una concepción particular de la naturaleza, el materialismo de Marx es ante todo económico y dinámico. Lo que quiere decir el autor de El capital es que nuestra forma de pensar y de actuar está fuertemente condicionada por el lugar que ocupamos en el proceso de producción: el burgués, dueño de los medios de producción piensa y vive como burgués. Al proletario no le queda más opción que pensar y vivir como un proletario. La libertad es sólo un espejismo ideológico, en una sociedad en la que todo se convierte en mercancía.

En consecuencia, Marx huye del idealismo hegeliano: no son las ideas las que mueven la historia, sino el conflicto entre diferentes clases sociales. Son los problemas reales de los hombres los que se encuentran en la base de los cambios que se han dado a lo largo de los siglos, y no las ideas, los valores o las consignas filosóficas. No hay una idea desenvolviéndose sino una humanidad que está aún por hacer, ya que para poder recibir este calificativo debería superar los problemas de desigualdad e injusticia en los que vive actualmente. En todos los momentos de la historia ha habido un enferntamiento entre dos clases sociales: por mucho que sea posible ir estableciendo matices en cada uno de los períodos históricos, siempre ha habido una clase social que era la negación de la otra, anulando sus derechos y deshumanizando a los que tenían menos oportunidades. Esta lucha de clases es la que nos ha conducido hasta el capitalismo y es la que ha de conducirnos a un nuevo estado económico y político, en el que la diferencia de clases sociales se diluya a favor de la igualdad.

Una vez explicada la concepción marxista de la historia, así como su funcionamiento interno, hemos de referirnos a los diferentes modos de producción que han dibujado la historia de la humanidad. Hemos de advertir que en este aspecto abandona Marx su habitual rigor conceptual y económico: dada la extraordinaria complejidad de sistematizar la historia y expresarla en un número limitado de etapas, el propio Marx renunció a la tarea de concretar minuciosamente los diferentes periodos. A lo que sí hizo referencia es a los diferentes sistemas económicos que han regido la historia y podemos enumerar así:

  1. Comunismo primitivo: según Marx, habría un periodo inicial de la historia en el que el hombre vivía sin noción alguna de la propiedad. Todo era de todos en un estado en el que la naturaleza proveía al ser humano de lo que necesitaba y este vivía en un estado de felicidad permanente. Hay precedentes de este tipo de enfoques en Rousseau, al que quizás siga Marx al señalar como nefasto el día en el que a un hombre se le ocurrió designar un objeto como “mío”. Con el nacimiento de la propiedad privada surge también la desigualdad y se pone en marcha una carrera sin fin por la apropiación que lleva a la humanidad a olvidar e ignorar este estado originario de felicidad y convivencia armoniosa. En cierta manera, la historia de la humanidad va a ser la de la deshumanización, en tanto que los que no logran acceder a la propiedad privada se van a ver apartados de la vida social por los que sí han logrado tener posesiones.
  2. Esclavismo: en las sociedades esclavistas la producción y el comercio de mercancías están organizados en función de dos clases sociales: los amos y los esclavos. Los primeros no sólo cuentan con posesiones propias, sino que son incluso los dueños de la vida de los segundos. La ambición por aumentar la posesión llega por tanto hasta la propia vida humana, que deja de pertenecer a cada individuo y se convierte en objeto de posesión. Los amos niegan la vida de los esclavos y los utilizan a su antojo pudiendo comerciar con ellos o disponer de su vida según les venga en gana. Sólo la situación de miseria y explotación que sufren los esclavos pueden provocar las revueltas que conduzcan a una nueva forma de organizar la producción.
  3. Feudalismo: la división esencial de este modo de producción es la de señores feudales y campesinos. Respecto al esclavismo hay una clara mejoría: los campesinos son dueños de su propia vida, e incluso pueden disponer de una pequeña porción de tierra, y trabaja parte de su tiempo para sí mismo. Las condiciones distan mucho de ser igualitarias, y el sistema sigue generando una sociedad de castas sociales, pero empiezan a darse condiciones de liberación del ser humano. Hemos de entender que estamos refiriéndonos a procesos históricos de amplio recorrido, ya que cada modo de producción se mantiene vigente durante siglos. Así, se irán dando también transformaciones en el tipo de feudalismo, con una evolución marcada por la reivindicación de los campesinos, principales protagonistas del proceso productivo que se ven obligados a trabajar las tierras que no poseen.
  4. Capitalismo: la oposición que mueve y sostiene el capitalismo es la que enfrenta a los burgueses (dueños de los medios de producción) con los proletarios (dueños de su propio trabajo). En el sistema de producción capitalista, el obrero es dueño de su vida y de su tiempo, pero se ve obligado a comerciar con ambos si desea acceder a lo indispensable para la existencia. Así, los burgueses representan la negación del proletariado, constituyendo esta contradicción de base uno de los impulsos centrales que han de conducir a la revolución social, tal y como advierte Marx en el texto que estamos comentando.

Recapitulemos: hasta ahora hemos presentado la visión marxista de la historia (sucesión de modos de producción impulsada por la lucha de clases) y los diferentes sistemas que han precedido al capitalismo (comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo). Ha llegado el momento de profundizar un poco más en el capitalismo, al que Marx dirige todas sus críticas.

Centraremos nuestro análisis del capitalismo en tres conceptos: alienación, plusvalía y estructura del sistema capitalista. Se podría decir, para empezar, que el concepto de alienación representa una de las mayores críticas que Marx dirige al capitalismo. Si lo entendemos en un sentido literal, la alienación significa la “enajenación” del ser humano, su “deshumanización”, su transformación radical en una cosa distinta de lo que es. Es definitiva: la alienación propia del capitalismo implica que el ser humano es una pieza más del sistema productivo: aquello que debería realizar al ser humano, cuya esencia es el trabajo, la actividad, es precisamente lo que termina esclavizándolo. Al participar en el capitalismo en tanto que fuerza productiva, el trabajador se niega a sí mismo, ya que se convierte en una máquina más, en parte de la gran maquinaria productiva que es el capitalismo. A lo largo de los textos marxistas, la palabra alienación adquiere cuatro sentidos distintos que afectan directamente al proletariado, que queda desposeído de la naturaleza (patrimonio común hasta la aparición de la propiedad privada), del trabajo (una más de las “mercancías” sujetas a compra y venta en el capitalismo), del producto (sobre el que no puede tomar decisión alguna) e incluso de la sociedad, en tanto que el mero hecho de ser proletario condiciona de forma decisiva el lugar que ocupa en la sociedad, las actividades y los tipos de relaciones que le son propias.

La desigualdad fundamental entre burgueses y proletarios deriva directamente de la propiedad privada: no todos pueden acceder a ella en las mismas condiciones y el concepto de plusvalía es en el capitalismo una de las principales barreras para la igualdad. El valor añadido a cada una de las mercancías del sistema capitalista forma parte del beneficio del burgués, mientras que el proletariado no puede participar del mismo. De esta forma, toda la clase trabajadora participa y sostiene un modo de producción que le condena a vivir en condiciones miserables, por lo que sin quererlo se ven obligados a ser cómplices indirectos de los burgueses a los enriquecen y sirven. El proletariado produce las mercancías por las que luego ha de pagar en el mercado de bienes, fortaleciendo así la posición de ventaja del burgués. Teniendo en cuenta lo dicho, se podría decir que el capitalismo está construido sobre una contradicción ya en su base económica: la fuerza productiva está integrada por el proletariado (que aporta el trabajo) y la burguesía (propietaria de los medios de producción). Así, se establece entre ambas clases sociales una serie de relaciones de producción, que configuran el lugar que ocupan el burgués y el proletario dentro del proceso productivo. Sus posiciones son distintas, y también sus funciones: de ellas emana también la vida de ambas clases en la sociedad, fuera del proceso productivo, por lo que es el ser social del hombre (su lugar dentro de la producción) el que determina su conciencia, su modo de vida y pensamiento.

Hay que tener en cuenta que el trabajo y las condiciones en que se realiza proyectan sus consecuencias mucho más allá del sistema productivo: hay un conjunto de producciones de tipo jurídico, cultural, político y artístico que desciende directamente de la infraestructura que la genera. Se va tejiendo así una superestructura que tiene una doble función: por un lado, justifica y legitima la situación de desigualdad de la infraestructura. Así, por poner un ejemplo, existen leyes que protegen la propiedad privada y que dan razón del orden social vigente. Las instituciones sociales, políticas y económicas se apoyan entre sí, por lo que apenas queda espacio para el pensamiento crítico. Por otro lado, la superestructura puede desempeñar una función ideológica: en tanto que captan la atención del proletariado pueden atenuar su capacidad de crítica o de movilización contra la situación vigente. En este contexto aparece, por ejemplo, la crítica marxista a la religión: la conocida caracterización de la religión como el “opio del pueblo afirma precisamente que puede “anestesiar” al proletariado, que sacrificaría su vida esperando una mejor vida en el más allá, mientras soporta la injusticia y la desigualdad en el presente en que vive.

¿Cuál es entonces la mecánica interna del capitalismo? En opinión de Marx, la desigualdad crecerá necesariamente. Los burgueses poseerán cada vez más y más cosas, acumularán mayores riquezas, en tanto que los proletarios se verán obligados a vivir cada vez en condiciones más miserables e inhumanas. La lucha de clases conducirá necesariamente al colapso del sistema: llegará un momento en que la desigualdad sea insostenible y el proletariado no pueda soportar más la explotación que sufre. Marx predice que la revolución comunista llegará en una sociedad industrializada avanzada, en la que se colectivizarán los medios de producción y se pasará por un periodo transitorio en el que el proletariado asuma el poder de una forma centralizada.

Por tanto, el futuro de la humanidad es la organización de un nuevo modo de producción: el comunismo. La historia nos ha de conducir necesariamente a una nueva forma de vida, en la que cada individuo pueda realizarse a través de su trabajo y la actividad productiva se vea desligada de la explotación y la injusticia que se dan en el capitalismo. En algunos de sus textos, Marx llega a decir que cada hombre trabajará en lo que desee, dedicando el tiempo justo, pudiendo disponer de buena parte del día para desarrollar sus gustos y aficiones. En cuanto a la organización económica, el comunismo abolirá la propiedad privada, y colectivizará los medios de producción organizando la distribución de trabajos, productos y beneficios. Se trata en definitiva de un sistema económico basado en la autogestión y la gestión asamblearia, en la que todos los individuos podrán participar y la igualdad sea un valor real y efectivo, condición indispensable para poder hablar de una sociedad justa y auténticamente humana.

Pregunta 3: Comparación entre autores

Tomando el tema de la teoría de la historia como hilo conductor, vamos a comprar a Marx con Nietzsche. Comenzaremos con tres parecidos entre ambos autores, para indicar a continuación tres diferencias.

  1. En primer lugar, Marx y Nietzsche compartirían una dura crítica a cualquier concepción idealista de la historia, y en concreto a los valores ilustrados. Desde sus propuestas filosóficas es inconcebible pensar que la historia está movida por las ideas o que existen reguladores ilustrados que van marcando la evolución de las diferentes sociedades humanas. Lo mismo cabría decir respecto a la propuesta ilustrada: bajo la misma se esconden intereses de clase que ocultan la verdadera finalidad del progreso ilustrado, que no es otro que el enriquecimiento de una sola clase social.
  2. En segundo lugar, Marx y Nietzsche estarían de acuerdo también en la crítica a la religión. A lo largo de la historia, esta ha mantenido relaciones diversas respecto al poder establecido, cuya consecuencia más directa ha sido la alienación del ser humano. La crítica a la religión de Nietzsche, y la proclamación de Zaratustra de la muerte de Dios, encuentra precedentes en los planteamientos marxistas, y la filosofía de ambos se defiende que la religión, lejos de ser un factor de desarrollo del ser humano, implica precisamente una limitación de posibilidades, en tanto que engaña a sus seguidores llevándoles a creer en un mundo ilusorio, evitando así el afrontar la realidad.
  3. Una tercera similitud entre Marx y Nietzsche podría ser la crítica a la filosofía. La tesis XI sobre Feuerbach lo deja bien claro: mientras que los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, lo que se debería hacer es transformarlo. Desde el comienzo de la historia, la filosofía ha centrado su actividad en la especulación, y Marx y Nietzsche serían partidarios de una visión más dinámica de la filosofía, capaz de transformar incluso al ser humano. En la filosofía marxista la filosofía debe desenvolver toda su capacidad crítica para liberar al ser humano y promover sociedades más igualitarias. Por su parte, una de las propuestas filosóficas de Nietzsche es precisamente la del “superhombre”: en su opinión estaríamos al borde de un nuevo tiempo histórico que la filosofía debería promover, tratando de consolidar los valores asociados al superhombre de Nietzsche.

Como se ve, las afinidades entre Marx y Nietzsche en lo referente a la filosofía de la historia pueden concentrarse en una crítica común y en una visión renovada de la tarea de la filosofía. Sin embargo, ambos autores también mantienen ciertas diferencias que conviene subrayar:

  1. La primera gran diferencia puede concretarse en la concepción general de la historia: la dialéctica que asume Marx como esquema de la misma sería rechazado por Nietzsche como una idealización de carácter racionalista. Pretender introducir cualquier explicación conceptual en la historia es ordenar el caos de sucesos, imposible de someter a la guía de la razón. No hay fases de la historia, ni tesis, ni antítesis, ningún principio que oriente los sucesos históricos a través del tiempo. Aunque Marx invierta la dialéctica hegeliana criticando el idealismo, Nietzsche daría un paso más allá señalando ya al propio esquema dialéctico como una semilla de racionalidad.
  2. Como consecuencia de esta diferencia, cabría aludir también a la negación nietzscheana de cualquier tipo de finalidad en la historia. Esperar que llegue a realizarse una sociedad “comunista” o que se logre la supresión de la lucha de clases es una forma de autoengaño y evasión ante la ausencia de sentido. A la visión histórica del marxismo se opone el “eterno retorno” de Nietzsche: no hay más tiempo que el del eterno círculo que se repite, un presente que puede parecer distinto, pero que consiste en una eterna repetición de lo mismo. El ciclo que ya supieran ver autores presocráticos como Heráclito está instalado en la naturaleza pero también en la historia de la humanidad.
  3. Finalmente, hay otro aspecto que guarda una relación indirecta con la filosofía de la historia: la relación entre individuo y sociedad. En cierta forma, se deriva del marxismo cierto igualitarismo y cierta colectivización que anularían la individualidad. En la filosofía marxista, lo importante es la sociedad o la clase social, no el individuo. Si la historia es el devenir de la lucha de clases, parece que muy poco puede decir el sujeto individual al respecto. Frente a esto, Nietzsche rechazaría este determinismo sociológico: por encima del grupo social está el ser humano particular y concreto, llamado a desarrollar al máximo todas sus capacidades al margen de los dictados o imposiciones de la sociedad. El concepto mismo de lucha de clases, criticaría Nietzsche, parece sugerir al ser humano que ha sacrificarse a favor de la marcha histórica. El concepto de sacrificio de la individualidad carece de sentido en una filosofía como la de Nietzsche, en la que el superhombre desempeña uno de los papeles protagonistas.