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Kant. Comentario resuelto (IX-2004)

Propuesta de resolución del texto extraído de Idea de una historia universal con propósito cosmopolita. Examen de Selectividad de la UCyL de Septiembre de 2004.

Texto para comentar

“Desde luego es una extraña y, en apariencia, absurda proclama querer concebir una historia según una idea de cómo debería ir el curso del mundo si se adecuara a ciertos fines racionales; parece que, con un propósito semejante, sólo pueda darse una novela. Sin embargo, si se tiene que suponer que la naturaleza, incluso en el juego de la libertad humana, no procede sin plan ni propósito final, esta idea podría ser de uso; y, aunque seamos cortos de vista para penetrar el mecanismo secreto de su organización, esta idea debería servirnos, sin embargo, de hilo conductor para representarnos como un sistema, al menos en grande, lo que, de lo contrario, es un agregado de acciones humanas sin plan.”

Cuestiones:

  1. Explique el sentido del texto y analice los términos subrayados (Valoración 0-4 puntos).
  2. El concepto de Historia Universal, según Kant (Valoración 0-4 puntos)
  3. Teniendo en cuenta la pregunta anterior, relacione a Kant con algún otro autor o corriente de pensamiento, señalando aproximaciones o diferencias (Valoración 0-2 puntos)

Propuesta de resolución del comentario

La propuesta de resolución es siempre orientativa. Que se entienda siempre como una tentativa de solución, seguramente mejorable. No es difícil imaginar que 50 profesores de filosofía propondrían 50 soluciones distintas (y a saber qué nota recibirían en las pruebas de acceso...). Por eso, lo que ofrecemos aquí es sólo una propuesta de resolución. Se puede utilizar como material de referencia para establecer correcciones (y mejorar la propuesta) o para tener una ligera idea de cómo se podrían contestar las preguntas.

Pregunta 1

El fragmento a comentar pertenece a Idea de una Historia Universal en clave cosmopolita, un pequeño y breve opúsculo kantiano, en el que el filósofo alemán trata de darnos su visión de la historia. Esta obra es menor si la comparamos con las 3 grandes críticas, pero es muy significativa si la ponemos en el contexto de su siglo (el XVIII) y la relacionamos con otros títulos kantianos, como Respuesta a la pregunta: ¿qué es Ilustración? Kant es quizás uno de los máximos representantes de la Ilustración alemana, y es aquí donde, junto a las famosas críticas, cobran todo su valor estos pequeños escritos, en los que Kant, el mismo Kant que ilusionado acudía a recibir las noticias de la Revolución francesa, nos deja ver claramente cuáles son las principales ideas ilustradas. Por ello, si por algo hubiera que caracterizar al autor de la Crítica de la razón pura, sería precisamente por ello: a la vez que abordó los grandes problemas de la filosofía moderna (como el conocimiento y la acción moral) incluye en su obra una profunda reflexión alrededor de su presente, tomando plenamente conciencia de su dimensión histórica y del importante significado que su tiempo tendría para la posteridad. Kant es, por ello, un filósofo ilustrado, en el sentido más literal de la expresión. Esto llevará a Foucault, por ejemplo, a considerar a Kant como el primer autor que toma conciencia de su presente en su dimensión histórica y lo convierte en su tema de reflexión.

Precisamente éste, y no otro, es el tema de la obra que nos ocupa. Idea de un Historia Universal en clave cosmopolita recoge precisamente el problema de la historia y lo incorpora a la filosofía con dos particularidades: es, por un lado, una filosofía de la historia que incluye el presente desde el que vive el propio Kant, y, por otro lado, se logra integrar esta reflexión en todo el sistema kantiano, como un elemento más de su arquitectónica de la razón. Así, en esta obra Kant se hace cuestiones como: ¿tiene la historia una finalidad? ¿Cómo acontece la historia? ¿Hay leyes de la misma? ¿Es posible hablar de un orden en la historia? ¿Cuál será la previsible evolución de la misma? Como decíamos anteriormente, estas preguntas serán abordadas por Kant desde su condición de ilustrado, y desde toda su filosofía.

En concreto, el fragmento propuesto para el comentario aborda el tema de la finalidad de la historia. La pregunta a la que Kant intenta responder ha sido ya presentada en el párrafo anterior: ¿Tiene la historia alguna finalidad? ¿Se dirige este acontecer de los asuntos humanos hacia algún fin? La respuesta kantiana, que se enmarca dentro del movimiento ilustrado, no deja lugar a dudas: efectivamente, la historia se dirige hacia una finalidad, con la particularidad de que esta finalidad no tiene por qué resultar evidente a nuestra mirada. Solemos juzgar desde nuestro pequeño y modesto punto de vista aquello que sólo deberíamos valorar con la perspectiva necesaria. Esta respuesta kantiana no puede resultar extraña o ajena, si recordamos la valoración ilustrada de la razón humana, que en la misma obra kantiana se revelará como una de las guías de la historia.

Una vez explicado el sentido del texto, podemos pasar a comentar brevemente el significado de las palabras subrayadas:

Idea: Esta palabra cobra, en este contexto, un significado muy distinto al que tenía, por ejemplo, en la Crítica de la razón pura. Aquí se refiere a una instancia regulativa de la historia, es decir, a un plan que se iría realizando con el paso del tiempo. Esta idea se ajustaría, como dice el propio Kant, a criterios racionales. Lo que aparentemente parece absurdo, que la historia se ajuste a esta idea, puede cobrar sentido si es examinado más detenidamente y con la suficiente perspectiva.

Libertad: es para Kant una de las cualidades que definen el ser humano, y, tal y como aparece en la Crítica de la razón práctica, uno de los postulados necesarios para construir una moral. Si el ser humano no fuera libre, no sería posible hablar de comportamiento moral o inmoral. Para Kant, la liberta sería la capacidad humana de decidir teniendo en cuenta su dimensión racional. La cuestión que trata de dirimir Kant en el fragmento (y esta obra en general) es precisamente si esta libertad humana es compatible con esa idea que rige la historia, a la que nos referíamos en el apartado anterior, combinando así necesidad y libertad.

Mecanismo: con esta palabra, Kant se refiere a la organización interna de la historia, a su funcionamiento, que permanece, al menos para nosotros, completamente oculto. Desde nuestra perspectiva particular somos incapaces de ver el sentido oculto de la historia que para Kant consistirá en la realización de todas las capacidades humanas. Este “mecanismo secreto” de la historia puede equipararse a las leyes de la misma, indetectables para nosotros, pero no por ello inexistentes.

Sistema: aplicado a la historia es un conjunto organizado de sucesos, relacionados entre sí. Si, tal y como propone Kant, intentamos representarnos la historia como un sistema, podríamos ver la coherencia interna de la misma, de modo que deje de aparentar ser una sucesión caótica y desordenada de hechos sin relación alguna. Por el contrario, concebir la historia como un sistema es descubrir la íntima conexión entre unos y otros sucesos y ser capaces de identificar los momentos en los que el ser humano va desplegando sus capacidades como especie.

Agregado: sería, en este contexto, exactamente lo contrario al sistema. Si la historia es concebida como un agregado, seremos incapaces de encontrar orden alguno dentro de la misma. Sería entonces una sucesión caótica, desordenada e inconexa de hechos, sin relación unos con otros, y, lo que es más importante, sin finalidad alguna. La historia como agregado sería un amontonamiento de fechas y circunstancias sin ningún tipo de sentido.

Pregunta 2

Como idea general, para Kant la historia es el desplegamiento a lo largo del tiempo de todas las capacidades o disposiciones naturales propias del ser humano. En ella, se irían realizando valores propios y característicos del hombre, como por ejemplo la libertad, la autonomía o la emancipación. La historia humana consiste en ir descubriendo qué formas o bajo qué aspectos se nos presentan todas estas características, de modo que se vayan aplicando en la realidad concreta de las sociedades. Por tanto, y esto es precisamente el tema central del texto, la historia, como hecho, tiene un fin que le es propio: alcanzar el más alto grado de libertad y autonomía del que el ser humano, como especie, es capaz. Entendida como disciplina, la historia se ocupará de relatar y recoger este acontecer hacia esa finalidad, con la particularidad de que es necesario saber interpretar correctamente tanto el pasado como el presente, para ver los signos en los que se manifiestan esa libertad o esa autonomía a las que antes hacíamos alusión. Incluso en períodos aparentemente de recesión, el buen historiador sabrá ver cómo la autonomía y la libertad siguen conservándose y desarrollándose.

Por ello, la perspectiva del historiador es extraordinariamente difícil: ha de saber mirar para ver cómo se conjuga la extraña mezcla de necesidad (propia del mundo natural) con la libertad, y cómo se van integrando con los sucesos humanos algunas de sus disposiciones y cualidades como la libertad y la autonomía. La historia no se puede planificar, ni es posible organizarla de ningún modo, pues los hombres ni actúan ni de un modo plenamente instintivo (como los animales) ni de un modo puramente racional, que se ajuste a un plan predeterminado. Lo que en el presente parece una acción catastrófica, y nos empuja al pesimismo, puede, a la larga, revelarse como una acción que consolida este propósito del que habla Kant. La historia se escribe, así, con “necedad y vanidad infantil, a menudo incluso con maldad infantil y afán de destrucción”. La “contradictoria marcha de las cosas humanas” desvela “un propósito de la naturaleza”. Una historia de la humanidad implica que los hombres, procediendo sin un plan propio, se ajusten a un “plan determinado de la naturaleza”. Toda esta visión de la historia es concretada por Kant en nueve fases, en las que va aportando ideas que tratan de describir este desenvolverse de la humanidad.

Estas nueve fases podrían a su vez dividirse, al menos, en dos grandes grupos:

  • Fases 1-3: Kant adopta un punto de vista prácticamente naturalista, en el que habla no sólo de la historia del hombre sino de todas las especies, con ideas como la de finalidad, que nos acercan un tanto a algunas de las tesis de la Crítica del Juicio.
  • Fases 4-9: aquí se toma ya una perspectiva estrictamente humana, y se trata de describir las posible evolución de la historia, así como las dificultades por las que atravesará el ser humano hasta llegar a crear una constitución civil perfecta, que es según Kant el fin de la historia. Veamos cada una de estas fases por separado.

En la primera fase, Kant se limita a afirmar que el fin de todo ser natural es el desarrollo de sus disposiciones naturales. Se introduce así la finalidad en la naturaleza, de la que, como dijimos antes, Kant se ocupó en la última de sus tres grandes críticas. Kant no acepta la posibilidad de que la naturaleza está gobernada y dirigida por el azar, pues de lo contrario la aspiración ilustrada (y en último término todo afán y aspiración humana) no sería más que una “aproximación desconsoladora”.

En la segunda fase Kant desarrolla la idea de que las disposiciones del ser humano no pueden desarrollarse en un solo individuo, sino en toda la especie. La vida de un hombre no es lo suficientemente larga como para que la razón (en su dimensión teórica y práctica) se despliegue de un modo completo. De igual modo que unos científicos parten con la ventaja de lo que otros pensaron y descubrieron antes, así sucede también en el plano práctico y político, donde el ser humano, como especie, se desarrolla hacia valores como los representados por la Ilustración.

En la tercera fase, Kant afirma que la naturaleza ha emancipado al ser humano de los condicionamientos de la necesidad. El ser humano se define por la razón y la libertad, y la felicidad debe buscársela él mismo, no como en el caso del resto de especies, a las que les viene dada por naturaleza. La razón libera al hombre de la naturaleza, pero también le obliga a proveerse de todo lo que la naturaleza no le ha dado. El hombre emancipado de la naturaleza tiene como fin el desarrollo de estas capacidades que le son inherentes.

En la cuarta fase, la idea central es el antagonismo como el motor de la historia. El choque y el conflicto tienen, a la larga, consecuencias positivas para el desarrollo del hombre y acercan a este a su fin último. Este antagonismo está ya inscrito en la propia naturaleza humana, que Kant describe como “insociable sociabilidad”. Cada ser humano quisiera ser absolutamente independiente, pero necesita también de los demás, por lo que la sociedad se presenta como un mal menor. El hombre es una contradicción irresoluble, pues a la vez que queremos alejarnos de los demás, necesitamos de su presencia y de su compañía. El hombre es egoísta (Hobbes) y sociable (Aristóteles) a la vez, y esta tensión interna se manifiesta también en la sociedad. Kant valora positivamente la sociedad, pues es la única forma de escapar del estado de rudeza en el que la naturaleza nos deja. La naturaleza nos hace salvajes, y es la sociedad la que nos civiliza, la que nos hace auténticamente humanos. Todas estas contradicciones que pueden parecer caóticas, forman, en conjunto una armonía que sólo es visible con la suficiente perspectiva. El conflicto ayuda a desarrollar las capacidades humanas. Lo aparentemente malo puede ser beneficioso a largo plazo.

En la quinta fase Kant nos plantea el problema esencial al que la humanidad ha de dar, antes o después, algún tipo de solución: se trataría de encontrar lo que él llama “una sociedad civil que administre el derecho en general”. Una de las mayores dificultades será, entre otras, compatibilizar la libertad de todos los individuos, creando esa constitución civil, justa y perfecta, que permita a los hombres vivir y desarrollarse en armonía. Según Kant, la misma competencia que hay entre los individuos nos obliga a entrar en este tipo de asociación, que es el único modo de asegurar y garantizar la convivencia justa y pacífica.

La sexta fase repara en todas las dificultades que entraña este fin del que acabamos de hablar. Según Kant, esa constitución civil justa y perfecta será lo que más tiempo y esfuerzo le cueste al ser humano, y lo que más tarde en realizar. Ese hombre sociable e insociable a la vez necesita de un señor (o de una ley) que le dirija, pero este necesitará, a su vez, de otro que le vigile y así hasta el infinito. La falta de autonomía obliga al ser humano a realizar dentro de la historia experimentos cuyos resultados a veces son catastróficos. Hemos de errar muchas veces antes de acertar, y sólo a partir de la acumulación de la historia seremos capaces de aprender de nuestros propios errores. El camino hacia la autonomía y la libertad, está lleno de caminos sin retorno, rodeos y pérdidas, que a lo largo de la historia se van reflejando en sucesos históricos que el ser humano no quiere repetir.

Para lograr esa asociación civil perfecta es necesario un orden internacional justo y equilibrado, pues de lo contrario, los juegos de poder favorecerán sólo a los más poderosos. Sin un orden internacional justo es imposible una constitución civil justa y prefecta, y por eso la guerra puede tener sentido dentro de la historia, como un regulador para lograr el equilibrio. La guerra es un instrumento regulador de la naturaleza, que descoloca un orden vigente injusto y terminará por conducir a un equilibrio global y generalizado. Kant nos llega a hablar en esta séptima fase de una “gran unión de pueblos”, que sería el fin último de la historia. La educación moral de los pueblos y su progreso político conducirán, en último término, a ese planeta cosmopolita que aparece en el título del opúsculo kantiano.

La historia, por tanto, puede interpretarse (y así lo hace Kant en la octava fase) como el lugar en el que la naturaleza intenta realizar las disposiciones humanas, y cada presente histórico representa un paso más en este camino. Kant está pensando aquí, probablemente, en las aportaciones que su presente podía hacer a este plan escondido de la naturaleza (no olvidemos el entusiasmo kantiano por la Revolución francesa). La Ilustración representa para Kant una oportunidad que la humanidad de extender en la medida de sus posibilidades, y sus valores reflejan fielmente el fin de la naturaleza. Lo que sólo aparece en el pasado como un esbozo debe irse perfilando en la Ilustración y en los tiempos venideros.

En la novena y última fase, Kant muestra su confianza en la educación y la cultura como instrumentos capaces de sacar al hombre de su estado natural, y conducirle a esta sociedad cosmopolita y justa. La educación o la misma Ilustración son un paso adelante. Reflexionar sobre la historia o cuestionarse su finalidad, es ya un modo de tomar conciencia del lugar del hombre en el tiempo, y de la tarea que éste debe realizar. El estudio, la cultura y su difusión son un modo más de colaborar a este fin de la historia. Si complementamos esto con otro opúsculo como Respuesta a la pregunta ¿qué es Ilustración?, nos damos cuenta de que la cultura es la gran revolución planteada por toda la Ilustración y particularmente por Kant, uno de sus máximo exponentes.

Pregunta 3

Por abordar una temática similar, compararemos a Kant con Marx. Nos centraremos especialmente en los siguientes apartados:

  • Similitudes: concepción dialéctica de la historia, valoración positiva del conflicto, aceptación de una finalidad de la historia.
  • Diferencias: diferente finalidad de la historia , diferente concepción del ser humano, y una distinta valoración de las leyes e instituciones,.

Comenzando con las similitudes, cabe decir que Kant y Marx comparten una visión dialéctica de la historia. El concepto de “dialéctica” (aplicado a la historia) no aparece como tal en el texto kantiano, y sí en Marx (a través de la influencia hegeliana). Sin embargo, la idea subyacente es muy similar: la historia, para ambos filósofos, atraviesa por diferentes etapas, y algunas de ellas pueden incluso parecer la negación de las anteriores, o incluso un retroceso en el progreso y el desarrollo histórico. Sin embargo, valorado con la suficiente perspectiva, se muestra como una etapa más del acontecer del ser humano. En este sentido, Kant sería un precedente no sólo de Marx, sino también, como se ha indicado, de Hegel.

Una consecuencia de lo anterior, es también que Kant y Marx compartan una valoración positiva del conflicto. En el caso de Marx esto aparece reflejado de un modo muy claro en el concepto de lucha de clases. Es el conflicto y la oposición lo que hace avanzar la historia. Si le quitamos las connotaciones sociales y políticas, Kant admite también que es el conflicto y el antagonismo lo que hace progresar la historia, de modo que incluso la guerra, tal y como aparece en la fase 7, puede tener un sentido positivo.

Una tercera similitud entre ambos filósofos es la defensa de la finalidad en la historia. Para ambos la historia tiene un sentido, y no puede ser sólo una azarosa sucesión de hechos sin conexión alguna. Muy al contrario, Kant habla del desarrollo de las disposiciones del ser humano como un fin irrenunciable. La naturaleza ha puesto en nosotros capacidades que tenemos que desarrollar todo lo que nos sea posible. Marx también admite una finalidad en la historia, que será el resultado inevitable de la lucha de clases. Mientras haya conflicto, originado por la desigualdad y la injusticia que se encuentra ya en la infraestructura de la sociedad, la humanidad no habrá alcanzado todavía su fin propio.

Este tema de la finalidad, sin embargo, nos sitúa en un punto idóneo para hablar de las diferencias de ambos pensadores: mientras que para Kant la finalidad de la historia sería esa gran “unión de pueblos” que comparta una constitución civil justa y perfecta, el fin de la historia para Marx sería una sociedad sin clases sociales, basada en la abolición de la propiedad privada, la colectivización de los medios de producción y la autogestión. Si nos fijamos, hay en el fondo una valoración muy distinta de la política: mientras que para Kant es el medio adecuado de realizar esa sociedad civil justa y cosmopolita, Marx piensa que al política puede convertirse en el medio por el que la clase dominante defiende sus intereses particulares, siendo por tanto, un instrumento ideológico más en manos de los burgueses.

También hay en ambas filosofías una diferente concepción del ser humano: si algo define al hombre en Kant, es su racionalidad, y, en lo relativo a la sociedad, esa tensión que refleja Kant al referirse a la insociable sociabilidad humana. Por el contrario, para Marx el hombre no es racionalidad, sino trabajo. La dimensión práctica predomina sobre la teórica. Y en cuanto a la sociabilidad del ser humano, Marx piensa que precisamente es el trabajo el que conduce al ser humano al encuentro con otros seres humanos. El hombre sería sociable por naturaleza, pero es la propiedad privada y la sociedad basada en las clases sociales el que lo termina convirtiendo en un animal insociable, que recela de los demás. La naturaleza sociable del ser humano queda pervertida por tanto por la sociedad basada en la propiedad privada, que clasifica a los hombres según sus posesiones.

Por último, otra de las diferencias que hay entre ambos autores es la concepción de las leyes y las instituciones. Para Kant es la sociedad civil, representada en las leyes y en las instituciones la que nos saca del estado de naturaleza, en el que el hombre es poco más que un salvaje. Las leyes y las instituciones tienen como fin enderezar la madera torcida de la humanidad. Frente a esto, Marx desconfiará de las leyes y de las instituciones públicas, pues sospecha que esconden, al igual que ocurre con otros elementos de la superestructura, los intereses de una clase social determinada. La constitución civil justa y perfecta a la que aspira Kant, puede convertirse fácilmente, a los ojos de Marx, en un instrumento más de explotación por parte de las clases privilegiadas. Cualquier elemento de la superestructura es susceptible de convertirse en ideología.

A modo de conclusión, cabe resaltar no sólo las influencias filosóficas de Kant, sino también la actualidad de las tesis que hemos comentado a partir del fragmento propuesto. La influencia del filósofo alemán en otros pensadores como Hegel o Marx, en lo referente a filosofía de la historia, está fuera de toda duda, y en otras disciplinas filosóficas, como la teoría de conocimiento o la ética, sus aportaciones siguen siendo discutidas en la actualidad. La actualidad del texto propuesto parece clara, si nos fijamos en problemas actuales como los derechos humanos, la globalización o el orden político internacional, problemas todos ellos que bien podrían enfocarse desde los conceptos que nos ofrece Kant en Idea de una Historia universal en clave cosmopolita.