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Nietzsche. Comentario resuelto (UCyL, junio de 2013)

Nietzsche. Comentario resuelto (UCyL, junio de 2013)

Nietzsche. Comentario resuelto (UCyL, junio de 2013)

EJERCICIO B

Friedrich Nietzsche: Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.

'El mentiroso utiliza las designaciones válidas, las palabras, para hacer aparecer lo irreal como real; dice, por ejemplo, «soy rico» cuando la designación correcta para su estado sería justamente «pobre». Abusa de las convenciones consolidadas haciendo cambios discrecionales, cuando no invirtiendo los nombres. Si hace esto de manera interesada y que además ocasione perjuicios, la sociedad no confiará ya más en él y, por este motivo, lo expulsará de su seno. Por eso los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño; en este estadio tampoco detestan en rigor el embuste, sino las consecuencias perniciosas, hostiles, de ciertas clases de embustes. El hombre nada más que desea la verdad en un sentido análogamente limitado: ansía las consecuencias agradables de la verdad, aquellas que mantienen la vida; es indiferente al conocimiento puro y sin consecuencias e incluso hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos.'

CUESTIONES:

  1. Sitúe el texto en su contexto histórico-filosófico, identifique el problema a que responde y su temática, y exponga la o las tesis que sustenta y los argumentos que emplea. (Valoración 0-2,5 puntos)
  2. Analice y explique el significado de los términos o expresiones subrayados, y muestre su sentido. (Valoración 0-2,5 puntos)
  3. La crisis de la razón ilustrada: Nietzsche. Lo apolíneo, lo dionisíaco y el problema de Sócrates (Valoración. 0 a 2,5 puntos)
  4. Exponga las relaciones de semejanza o diferencia de Nietzsche con otros autores, corriente o corrientes filosóficas (Valoración 0-2,5 puntos).

Propuesta de resolución del comentario

La propuesta de resolución es siempre orientativa. Que se entienda sólo como una tentativa de solución, seguramente mejorable. No es difícil imaginar que 50 profesores de filosofía propondrían 50 soluciones distintas (y a saber qué nota recibirían en las pruebas de acceso...). Por eso, lo que ofrecemos aquí es exclusivamente una propuesta de resolución. Se puede utilizar como material de referencia para establecer correcciones (y mejorar la propuesta) o para tener una ligera idea de cómo se podrían contestar las preguntas.

Pregunta 1: Contexto, tema y argumentos

El fragmento propuesto pretenece a Freidrich Nietszche, uno de los filósofos más importantes del siglo XIX y quizás el más influyente de todos en la filosofía que se desarrollará en el XX. Si tuviéramos que resumir su filosofía en una palabra esta sería, sin duda, vida. El pensamiento del alemán pretende ser una defensa a ultranza de la misma, situándola por encima de cualquier otro valor alternativo, sea de tipo moral, político o cultural. Nietzsche destacó siempre por su gran talento, y fue un gran especialista en filología clásica, hasta el punto de ocupar desde muy joven la cátedra de griego de la Universidad de Basilea. Con todo, su capacidad y especialmente la orientación de su filosofía no encajaban nada bien con las corrientes dominantes en su tiempo, por lo que siempre se vio arrinconado por el mundo cultural y académico. Y es que esa defensa de la vida lleva consigo una cara oculta: la crítica de todo y contra todo, que convierte a Nietzsche, junto a Marx y Freud, en un auténtico maestro de la sospecha, como los denominó Paul Ricoeur. Cualquier aspecto de la realidad que evoque la cultura y la razón es para Nietzsche un símbolo más de decadencia, y hemos de derribarlo si de verdad queremos rehabilitar la vida. Esta es la tarea que se propuso Nietzsche en obras que hoy son consideradas cláscias de la filosofía pero que en su tiempo no gozaron de una gran acogida: Así habló Zaratustra, La gaya ciencia, o Genealogía de la moral, por citar solo tres. La crítica de la razón y de la civilización llega a convertirse en Nietzsche en una auténtica obsesión, hasta el punto de que en la actualidad se considera que con él se inicia un nuevo tiempo en la historia de la filosofía: la posmodernidad, época en la que ya no es posible seguir confiando en la razón humana. El genio filosófico de Nietzsche está, por tanto, más presente en nuestros días que en su tiempo, y los debates más profundos de la filosofía actual pasan necesariamente por sus textos.

Tratando de concretar un poco más la contextualización, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral es una breve obra de Nietzsche en la que critica el concepto de verdad, tratando de desenmascarar lo que esconde y desligándolo por completo de cualquier significado moral o de cualquier relación con la realidad. La tesis central de la obra está en consonancia con el resto de la filosofía nietzscheana: tras la verdad se esconde siempre la voluntad de poder, de manera que es preciso bucear en todo aquello que se pretenda presentar como verdad. En un estilo claramente literario y lleno de metáforas y símbolos, Nietzsche incluye en esta obra una idea muy comentada en la historia de la filosofía: el propio lenguaje encierra trampas, ya que los conceptos que utilizamos son viejas metáforas fosilizadas, que han adquirido 'rango' filosófico solo por el paso del tiempo. El carácter convencional del lenguaje nos sirve así para destruir la verdad tal y como se ha venido entendiendo en la historia de la filosofía: todo aquello que se presenta como verdad no es más que el acuerdo social de calificarlo de esta manera. La convención de mentir: esto es la verdad para Nietzsche, y así nos lo explica en la obra a la que pertenece el texto.

El tema central del fragmento es precisamente que lo que llamamos verdad y mentira depende de un modo determinante de las consecuencias que dicho conocimiento puede traer consigo. No nos importa en absoluto, viene a decir Nietzsche, si lo que decimos puede confirmarse o no, o incluso si vivimos completamente engañados. Lo auténticamente importante es si aquello que pensamos, decimos, aceptamos o nos cuentan otros, tiene beneficios para nuestra vida personal, o trae por el contrario grandes perjuicios, en cuyo caso rechazaremos como falso todo tipo de juicio. En definitiva, Nietzsche nos viene a decir que la verdad es una creación subjetiva dependiente de los posibles beneficios o perjuicios de la misma, acercándose así a una perspectiva pragmatista o utilitarista de la verdad. A lo largo del texto aparecen varios argumentos que podemos desgranar de la siguiente manera:

  1. El mentiroso utiliza la “mentira social” del lenguaje para crear su propia realidad.
  2. El mentiroso sólo será expulsado de la sociedad si en su uso del lenguaje perjudica a la misma.
  3. Al ser humano no le importa vivir en la mentira, siempre que esto no le ocasione perjuicios.
  4. El deseo de verdad del ser humano es limitado: sólo nos interesa conocer la verdad cuando esta no nos hace daño, o cuando nos beneficia.
  5. Al ser humano no le importa conocer por conocer, sino que sólo busca un conocimiento que tenga efectos y consecuencias en su vida.

Conocimiento e interés. Verdad y voluntad de poder. Estos pares conceptuales nos dan la clave explicativa del texto, que rompe con cualquier visión adecuacionista o realista de la verdad: cada ser humano construye la suya propia, no con la intención de describir los hechos, sino de obtener consecuencias positivas de la misma, o de disminuir al máximo las negativas. De esta forma, el texto podría responder a la pregunta ¿Qué es la verdad? Y nos ofrecería una respuesta crítica con la mayoría de perspectivas anteriores: la verdad es lo que cada cual desea que sea en verdad en función de sus intereses.

Pregunta 2: términos subrayados

Los términos a analizar son los siguientes:

  1. El mentiroso: para Nietzsche todos somos mentirosos en tanto que usamos habitualmente el lenguaje socialmente sancionado como vehículo de la verdad, y lo hacemos buscando en todo momento nuestro propio interés. Todos mentimos, porque utilizamos las palabras en beneficio propio. Tratamos de presentar la realidad de la manera que más se ajusta a nuestros intereses.
  2. Palabras: en el propio texto aparece una tensión relacionada con este concepto. Las palabras son, en teoría, “designaciones” de la realidad, por lo que tiene capacidad de referirse a las cosas, pero por otro lado las utlizamos para hacer aparecer como real lo que es irreal, de manera que para Nietzsche las palabras serían una herramienta de poder, un mecanismo más para imponer nuestra voluntad sobre la del resto.
  3. Convenciones consolidadas: son las expresiones que la sociedad viene utilizando desde hace mucho tiempo, y a las que el individuo pretende dar un significado que encaje con sus conveniencias. De esta forma, haciendo un juego de palabras, al presentar la verdad transformamos la convención en conveniencia, y nos desenvolvemos en ese medio social que es el lenguaje tratando de imponer nuestra voluntad.
  4. Verdad: para Nietzsche la verdad es una gran mentira, puesto que a lo largo de la historia se ha falseado la realidad, favoreciendo una interpretación teórica y especulativa de este concepto, y alejándolo por tanto de la vida. Para Nietzsche hemos de criticar la filosofía y la verdad, pues ambas han desviado al ser humano de su sentido originario. Por ello, la crítica de Nietzsche pretende arrebatar a la verdad toda pretensión de objetividad y mostrar su auténtica cara: la voluntad de poder.
  5. Vida: es este, sin duda, uno de los conceptos más importantes de toda la filosofía nietzscheana. La vida es para Nietzsche voluntad, instinto, deseo, pasión, creación, cambio y movimiento. No es un concepto que se pueda definir de una vez por todas, como algo estático, sino que la vida se está haciendo y rehaciendo a cada momento. Por eso resulta inaceptable para él que el intelecto, la razón, o los conceptos traten de aniquilar la vida, de apagarla y encorsetarla en creaciones falsas con vocación de permanencia y universalidad. La vida, por otro lado, nos muestra una verdad que el ser humano a veces pretende escamotear: la muerte y el aniquilamiento completo de todo, la carencia de sentido.

Pregunta 3: Tema a desarrollar (La crisis de la razón ilustrada: Nietzsche. Lo apolíneo, lo dionisíaco y el problema de Sócrates )

El proyecto ilustrado confía en la razón como el gran factor de progreso y desarrollo humano. Siendo nuestra más alta facultad, pensaban los ilustrados, debería asegurarnos la realización de ideales de tipo político y ético, como la justicia o la libertad. Nada más ilustrado, por poner un ejemplo histórico que el mundialmente conocido lema de la revolución francesa: “libertad, igualdad, fraternidad”. El siglo XVIII es, entonces, el de la esperanza en la razón, y no en vano es el siglo de grandes transformaciones culturales. En un plano teórico y práctico: es el siglo de la mecánica de Newton, y también de las grandes revoluciones que van implantando la democracia en Europa. Cómo no confiar entonces en la razón como la gran guía que nos conducirá a sociedades mejores.

La cuestión es que estos ideales ilustrados se fueron despedazando a lo largo del siglo XIX. Y Nietzsche fue, sin duda, uno de sus mayores críticos en la segunda mitad de ese siglo: ya desde su primera obra El nacimiento de la tragedia Nietzsche planta cara a la razón, el gran emblema ilustrado, y trata de sacar a la luz cuáles son las motivaciones ocultas que se pueden esconder tras de la misma. No somos tan racionales como pensamos: esta es una de las intuiciones fundamentales de Nietzsche y parte de su trabajo consiste en ir desentrañando las manifestaciones culturales que creemos racionales. En concreto, en esta obra se centra el pensador alemán en la tragedia griega, desarrollando todo un estudio filológico y estético tratando de averiguar cuáles fueron las condiciones iniciales en las que esta surgió y valorar su evolución posterior. El resultado va a ser sorprendente: en su origen, la tragedia griega era algo muy distinto de aquello en lo que se ha convertido. Veamos por qué.

Dos personajes o fuerzas simbólicas van a emerger en el análisis nietzscheano de la tragedia: Dioniso y Apolo. El primero es el dios griego del vino, y en la tragedia representa la oscuridad, la noche, el instinto, la voluntad. Correspondería a la parte en la que participa el coro (tanto cantando como bailando), lo cual incluye al propio público dentro de la tragedia arcaica. Por su parte, Apolo es símbolo de la luz, el equilibrio, la razón, la palabra. Dentro de la tragedia implicaría la aparición de personajes individuales bien trazados, y la discusión racional basada en el logos, la palabra. El estudio pormenorizado de Nietzsche arroja un resultado sorprendente: en sus inicios la tragedia era una manifestación dionisíaca, y sólo a partir de un cierto momento se convierte en algo apolíneo.

Tanto es así, que en sus primeros momentos la tragedia era un patrimonio cultural y artístico compartido: como apuntábamos antes, quienes asistían a la misma no eran meros espectadores, observadores externos que debían “entender” una trama. Muy al contrario, el público era parte integrante de la obra, conocía bien la historia que iba a vivir y recrear, no simplemente a observar. En la tragedia encontraríamos entonces un buen ejemplo de lo que después se ha llamado arte cultual: el arte estaba inmerso en la vida, y no tenía entre sus principales funciones el transmitir ideas abstractas, interpretaciones del mundo o valores morales. El arte era vida hasta el punto de que todos participaban de la obra: por unos instantes dejaban de ser quienes eran para fundirse en nuevos personajes, para vivir intensamente las alegrías, las penas y los temores de los personajes que representaban.

¿Quién es entonces el responsable de esta perversión del sentido original y auténtico de la tragedia? Nietzsche apunta a Eurípides como uno de sus principales impulsores. En las obras de Eurípides el papel del coro, el baile y el canto se van diluyendo en favor del diálogo, de la elaboración de personajes individuales. Como consecuencia de este proceso, el público se va convirtiendo en un mero espectador: cada vez participa menos de la obra hasta llegar a un momento en el que su función es la acudir al teatro y contemplar lo que allí ocurre. Se produce por tanto un desplazamiento desde la tragedia entendida como algo vital, intenso, personal, hacia una forma bien distinta de concebirla y desplegarla, transformada ahora en un objeto de reflexión, en algo más cercano a nuestras facultades intelectuales que a las pasiones, los deseos e impulsos que antes se ponían en juego cada vez que una tragedia entraba en la vida. Porque esta sería en cierta manera la expresión correcta: antes de Eurípides la tragedia era vida. Tras él, queda reducida a una representación de ideas. El proceso de intelectualización fue imparable: el arte pierde su fuerza convertido en objeto de contemplación, en pieza de museo. Y el ser humano pierde una de sus fuerzas fundamentales: la capacidad de crear, de crearse a sí mismo.

Por si esto fuera poco, a la acción degradante de Eurípides se va a unir otra figura, un filósofo que representa para Nietzsche lo peor de la civilización occidental: Sócrates. El que para unos es el “mártir” de la filosofía, recibe por parte de Nietzsche una crítica demoledora. Dos ideas socráticas se sitúan en el punto de mira del martillo nietzscheano: la búsqueda socrática de una verdad universal, y su afirmación y defensa de la existencia de valores y normas morales de carácter también universal. Como sabemos, en su constante disputa con los sofistas Sócrates defendió que la verdad no podía depender de contexto alguno. La verdad no es manipulable, no puede depender de intereses particulares, o de las necesidades que en un momento coyuntural pueda tener tal o cual persona. Lo mismo sucede con la moral: lo que es justo aquí y ahora debe serlo también mañana y en cualquier otro lugar del mundo. Bien se podría formular Sócrates la siguiente pregunta: ¿podemos llamar justo hoy a una cosa, mañana a otra, o afirmar que la justicia depende de la conveniencia particular de un ser humano o un grupo? Para Sócrates, la única respuesta racional a esta pregunta es un no rotundo.

Ser hombres a la altura de la racionalidad que poseemos. Esta viene a ser en definitiva la propuesta socrática que ha triunfado a lo largo de la historia de la filosofía, pues no podemos olvidar que la filosofía platónica lleva dentro de sí grandes dosis de socratismo. Verdad universal, racionalidad, valores morales universales. Grandes emblemas de la filosofía a lo largo del tiempo, que se verán especialmente intensificados durante la modernidad y la Ilustración. Por ello, no es de extrañar que Nietzsche vea en Sócrates al gran traidor de occidente, responsable de subvertir la exaltación de la vida en que consistió la civilización griega en sus orígenes. Eurípides trastocó el sentido original de la tragedia, y Sócrates insufló un virus letal que arrasa la vida allá donde se implanta: la razón, el deseo de comprender, la moral del sacrificio y la renuncia personal hasta la muerte. En resumen, y a modo de conclusión: en Sócrates y en Eurípides encontramos los pilares de una cultura negadora de la vida, incapaz de asumir la muerte y entregada a la angustia del nihilismo pasivo. Una civilización que a lo largo de los siglos no ha sabido entender que la vida, la verdad y la moral se entienden mejor desde uno de los conceptos centrales de la filosofía nietzscheana: la voluntad de poder.

Pregunta 4: Comparación entre autores

Compararemos a Nietzsche con Marx, estableciendo los parecidos y diferencias más relevantes en las filosofías de ambos. Comenzamos por los puntos en común:

  1. La crítica a la razón: como se ha expuesto en la pregunta anterior, la razón es para Nietzsche una negación de la vida y la voluntad, por lo que siempre producirá conceptos vacíos, meras ilusiones a las que los seres humanos conceden credibilidad y valor, hasta el punto de que terminan regulando su vida, pues prefieren “creerse” racionales antes de asumir la finitud y el absurdo de la vida. Por su parte, Marx afirmará que aquello que se presenta como racional en realidad es una manifestación de los intereses de la burguesía. En este sentido, se podría decir que para ambos autores la razón es un gran caballo de Troya, que lleva dentro de sí intereses, pasiones, deseos, que distan mucho de ser tan racionales como pretenden.
  2. La crítica a la religión: Nietzsche es uno de los grandes ateos de la historia, y asi lo demuestra en Así habló Zaratustra, obra en la que anuncia la muerte de Dios. Este concepto implica asumir la pérdida de sentido, el eterno retorno, la repetición incesante de la naturaleza y la historia. Dios, en este sentido, encarna la negación de todos los valores nietzscheanos, pues niega la vida al prometer una recompensa ultraterrena inexistente. Dios implica un sacrificio y una renuncia personal incompatible con la filosofía de Nietzsche, y estos valores serán también rechazados por el marxismo, para el que la religión y el concepto de Dios desempeñan una función ideológica: al prometer la vida eterna, la religión está lanzando implícitamente un mensaje pernicioso para la dinámica social, invitando a los creyentes a no luchar contra la explotación que sufren, pues serán recompensados por ella después de la muerte.
  3. La crítica a la moral: si ya en Así habló Zaratustra propone Nietzsche la transmutación de los valores, la crítica a la moral alcanza su máximo desarrollo en La genealogía de la moral. El diagnóstico de Nietzsche es claro: la moral occidental es fruto de la venganza y la imposición de las clases más débiles de la sociedad sobre los mejores, a los que se obliga a vivir según unos valores que no les pertenecen ni les caracterizan. La moral aristocrática de los señores se ha visto sustituida por la moral de la compasión y el perdón, propia de los esclavos, siendo Sócrates y Jesucristo los principales responsables de esta inversión que termina negando los valores propios de la vida. Por su parte, Marx también criticará abiertamente la moral, pues es un elemento más dentro de la superestructura, y está destinada a legitimar el statu quo. El capitalismo se justifica en función de principios morales tan asentados como el respeto a la propiedad privada, que algunos entienden incluso como un derecho natural.