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Platón (VI-2015). Comentario resuelto

Propuesta de resolución del texto extraído de República. Examen de selectividad de las Universidades de Castilla y León en junio de 2015.

Texto para comentar

» Comentario de texto propuesto en el examen de selectividad de las Universidades de Castilla y León de junio de 2014. Vea también los apuntes sobre este autor.

Platón República, Libro VII

'-Y si en su vida anterior hubiese habido honores y alabanzas de unos a otros y recompensas para aquel que tuviera la vista más penetrante para discernir las sombras que pasaban, que recordara mejor cuáles de entre ellas solían pasar primero, cuáles después o al mismo tiempo, siendo por ello el más hábil en pronosticar lo que iba a suceder, ¿crees que aquél sentiría nostalgia de tales distinciones o que envidiaría a los que recibían honores y poder entre aquéllos?; ¿no crees más bien que le sucedería lo que dice Homero, es decir, que preferiría decididamente «trabajar la tierra al servicio de un pobre labrador» y sufrir cualquier mal antes que volver a vivir en aquel mundo de lo opinable?
-Creo –respondió- que preferiría sufrirlo todo antes de vivir de aquel modo.
-Ahora -continué- considera lo siguiente: si este hombre volviera allá abajo y ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas al dejar súbitamente la luz del sol?
-Ciertamente, dijo.'

CUESTIONES:

  1. Sitúe el texto en su contexto histórico-filosófico, identifique el problema a que responde y su temática, y exponga la o las tesis que sustenta y los argumentos que emplea. (Valoración 0-2,5 puntos)
  2. Analice y explique el significado de los términos o expresiones subrayados, y muestre su sentido. (Valoración 0-2,5 puntos)
  3. Los orígenes del pensamiento filosófico. Del mito al logos: panorama general de la filosofía en los siglos VI y V a.C. (Valoración. 0 a 2,5 puntos)
  4. Exponga las relaciones de semejanza o diferencia de Platón con otros autores, corriente o corrientes filosóficas (Valoración 0-2,5 puntos).

Pregunta 1: contexto y análisis del texto

El texto a comentar pertenece a Platón, filósofo griego del siglo V antes de Cristo y para muchos uno de los pensadores más importantes de la historia. Para comprender su filosofía hemos de situarla en un contexto fundamentalmente político: la inestabilidad fue la tónica dominante en una democracia débil y manipulable que se alternaba con periodos tiránicos. Estas circunstancias están en la raíz de un hecho que marcará para siempre el pensamiento de Platón: la injusta condena a muerte de Sócrates. Para nuestro autor era incomprensible que la persona más justa de Atenas fuera condenada en aplicación de las leyes de la ciudad, debido principalmente a las manipulaciones y las insidias de los sofistas que promovieron la causa contra Sócrates. Esto decantó la tarea intelectual de Platón, que dejó de lado la poesía, su vocación de juventud, para dedicarse a la filosofía, con especial atención a la filosofía política. Pensar una sociedad en la que no tenga cabida la injusticia: esta será la tarea filosófica que asumirá Platón, que no se conformó sólo con “pensar” esa ciudad, sino que intentó llevarla a término hasta tres veces en sucesivas visitas a Siracusa que terminaron siempre de forma desastrosa: en la cárcel o incluso vendido como esclavo. Vicisitudes de las que le salvaron los pitagóricos, una presencia constante en la vida de Platón y también en su pensamiento. Su filosofía se caracteriza por el intento de afrontar el dilema metafísico de Heráclito y Parménides, afrontando en diversos diálogos las cuestiones más importantes de la metafísica, la teoría del conocimiento, la ética y la política. Una labor filosófica que además se encargó de enseñar a otros, entendiendo la educación como una de las funciones esenciales de todo estado: la Academia platónica se convirtió así en uno de los precedentes históricos de las modernas universidades. No es de extrañar que Aristóteles fuera uno de sus alumnos más destacados y que asentara un modelo de enseñanza modélico para la posteridad. Por todo ello Platón no es sólo uno de los filósofos clásicos más importantes, sino que su influencia llega hasta nuestros días, como supo ver en su día Whitehead al señalar que la historia de la filosofía no es más que un conjunto de notas al margen de los diálogos de Platón.

La obra que nos ocupa, República, es uno de los diálogos de madurez de Platón y ha pasado a la historia como uno de los más “canónicos”, que ha servido por tanto para sintetizar las ideas principales del pensador griego. El tema central no es otro que la justicia. La conversación en torno a este tópico eterno de la filosofía termina ofreciéndonos una imagen de lo que sería una ciudad ideal, lo que convierte a Platón en uno de los primeros autores utopistas de la historia, género que volverá a gozar de un gran éxito durante el renacimiento, época que no en vano estuvo marcada por Platón. Con todo, la República no se limita a ser una de las grandes obras de la filosofía política. Muy al contrario, nos muestra la relación que para Platón existe entre esta y otras ramas de la filosofía, por lo que aparecen tesis centrales de metafísica, teoría del conocimiento y ética. A lo largo del diálogo aparecen también algunos de los pasajes más conocidos de Platón como el símil de la línea, y varios mitos como de Er, el de Giges o el de la caverna, una de las alegorías más comentadas de toda la historia y que ha logrado trascender el campo de la filosofía instalándose como uno de los referentes de la cultural en general, con referencias literarias, teatrales, cinematográficas... Precisamente al mito de la caverna pertenece el texto que pasamos a comentar.

El tema central del texto es el contraste u oposición entre la persona educada y la ignorante. Se lee una comparación permanente entre la persona formada, que ha conocido ya la verdad o, dicho de otro modo, la falsedad de esta vida, frente a aquel otro, ignorante, que se fía de las apariencias y cree que no hay nada que pensar más allá de las mismas. La idea está llena de actualidad y encuentra ecos indudables en nuestro tiempo: asistimos en efecto a una valoración social y económica de actividades que están muy alejadas de la cultura. A este respecto, Platón afirma dos cosas: que quien se haya empeñado en formarse y conocer la verdad no envidiará nada a quienes triunfen en el mundo de los ignorantes y que, además, le costará mucho acostumbrarse a vivir de nuevo entre ellos. La estructura podría ser la siguiente:

  1. El sabio preferiría una vida humilde y austera antes que volver a la ignorancia.
  2. Al sabio le costará acostumbrarse a vivir rodeado de ignorantes. Tendrá un problema de adaptación, pues todo lo que ha aprendido no parece servir en el mundo de la ignorancia.

Si quisiéramos resumir el texto en una sola pregunta, esta podría ser: ¿Es preferible ser sabio y vivir de forma anónima y modesta o vivir con honores y reconocimientos en un mundo de ignorantes? Podríamos intentar actualizar este interrogante a nuestro tiempo, y plantear la pregunta de modo provocador: ¿Qué es mejor, trabajar de becario en alguna investigación científica o ser el ganador de Gran hermano o Supervivientes? ¿Entregar la vida al conocimiento y el saber o ser Cristiano Ronaldo? La comparación entre estilos de vida que propone Platón en su texto se ha dado siempre a lo largo de la historia y nuestro presente no es ninguna excepción. A este respecto, la televisión contribuye a normalizar y sacralizar ese mundo de la ignorancia y la opinión, que tanto criticó Platón. No en vano se le podría señalar como el artefacto por antonomasia de la caverna tecnológica. Lejos de contribuir a nuestra formación , a ilustrarnos, o a humanizarnos, buena parte de lo que hay en la televisión nos envilece y entretiene en el peor sentido de la palabra. Idea que nos puede venir inmediatamente a la cabeza tras leer el texto propuesto en el examen.

Pregunta 2: análisis de los términos subrayados

A continuación pasaremos a explicar los conceptos subrayados:

  1. Vida anterior: con esta expresión Platón se refiere al estado de ignorancia o falta de educación y formación en la que nos encontramos si no hacemos ningún esfuerzo por aprender. Si contextualizamos la expresión en el mito, nos estaríamos refiriendo a los momentos iniciales en los que el prisionero que posteriormente logra escapar sigue atado a las cadenas como el resto. En este sentido, la vida anterior es también una especie de cautiverio: no físico, pero sí humanístico e intelectual, pues se carece del conocimiento elemental para lograr liberarse de la ignorancia.
  2. Sombras: es el grado más bajo de la realidad, de la cual no cabe un verdadero conocimiento y que no contribuye al progreso del individuo. Su correlato conceptual podría ser la apariencia, aquello que para Platón no se puede conocer, pues es puro cambio. Los prisioneros, que vendrían a ser aquellos que carecen de conocimiento, serían expertos en el conocimiento de estas sombras.
  3. Recordara: más allá del significado literal de este verbo dentro del mito, la palabra recordar hace referencia a una de las tesis centrales de Platón en teoría del conocimiento, que es la de la reminiscencia. Para el filósofo griego, conocer es recordar, y de la misma forma que el prisionero recuerda aquellas sombras que conoció cuando carecía de educación, también nuestro alma recuerda las ideas que vió antes de nacer, mientras habitaba en el mundo de las Ideas.
  4. Mundo de lo opinable: es el mundo que dominan los sofistas, y se centrar fundamentalmente en el conocimiento de las cosas, caracterizadas por su estructura material y cambiante. Precisamente porque el cambio es su rasgo esencial, no es posible identificar una verdad, concepto que exige de una permanencia que no se da en el mundo de lo real. El mundo de lo opinable es por tanto un mundo cambiante e inestable, alejado de la verdad y sujeto a la manipulación del lenguaje que tan bien controlaban los sofistas.
  5. Luz del sol: de nuevo una referencia metafórica a una de las ideas más importantes en la filosofía de Platón, como es la Idea de Bien. Esta idea es para Platón la más importante de todas y por ello la más difícil de conocer. Además tiene la función de “iluminar” al resto de ideas, de conferirles inteligibilidad, pues todas las Ideas, por ser tales, participan en mayor o menor medida de la Idea de Bien. Igual que la luz del sol nos permite ver las cosas, la Idea de Bien nos permite conocer las Ideas. Por otro lado, hay que mencionar también el carácter práctico de la filosofía platónica, que otorga al Bien, un concepto de tipo ético, la máxima importancia en el orden jerárquico de las Ideas.

Pregunta 3: los presocráticos

El paso del mito al lógos: con esta célebre expresión explicó Nestle el nacimiento de la filosofía. El significado de la misma es sencillo: en los inicios de la civilización, encontramos explicaciones mitológicas para los fenómenos de la naturaleza y las vivencias de los seres humanos. A partir de la aparición de la filosofía, los dioses pasan a ocupar un lugar secundario como principio explicativo de la naturaleza y comienzan a buscarse las causas de todo lo que ocurre. Por decirlo con otra conocida sentencia, en este caso de Ortega: “los dioses se degradan en causas”. Esta chispa del pensamiento nacerá con las primeras preguntas filosóficas que tendrán tanto valor o más que las respuestas. El asombro se focalizará en estos primeros momentos en la naturaleza que es vivida como una fuente de desafíos filosóficos. La pregunta por el arjé pasará así a la historia como la primera pregunta filosófica de nuestra civilización: ¿Cuál es el origen de todas las cosas? Aquello de lo que todo procede y de lo que todo está hecho: reducir la pluralidad que observamos por los sentidos a un único principio. Esta será la primera fuerza motivadora del pensamiento.

Las primeras respuestas a este interrogante nos despiertan obligatoriamente una pequeña sonrisa de ingenuidad: el agua, dirá Tales de Mileto, o el aire, afirmará Anaxímenes. Sin embargo, cualquier mirada actual no puede dejar de lado la conexión directa e innegable que hay entre el agua y la vida, o la necesidad del aire para vivir. La importancia de Tales va más allá de la filosofía y sus reflexiones en geometría siguen explicándose hoy en las escuelas. Además, es innegable un progreso hacia la abstracción: agua (Tales), aire (Anaxímenes), ápeiron (Anaximandro). La teoría de Anaximandro supondrá un intento de crear un concepto, lo indeterminado, que pueda servir para explicar el origen de todo. Por así decirlo, apenas echa a andar la razón se lanza a un proceso conceptual y filosófico, complementándose además con reflexiones más hondas, como la idea de Anaximandro según la cual todo cuanto existe está marcado por la injusticia y tiene como destino final la vuelta al ápeiron.

Sin embargo, el planteamiento monista se reveló pronto como insuficiente: la pluralidad de la naturaleza no puede explicarse en función de un único principio. Este límite sirvió por otro lado para empujar otras alternativas filosóficas. La primera de ellas sería la de los pitagóricos: a mitad de camino entre la ciencia, la filosofía y la religión, su mirada sobre la naturaleza tiene una hondura bien distinta. Para ellos, el principio de todas las cosas es el número. Lo que es tanto como decir que el mundo está escrito en lenguaje matemático y que nuestra misión consiste en desentrañar las proporciones escondidas en la naturaleza. Una semilla de racionalismo que andando el tiempo será una piedra fundamental del conocimiento científico, y que se complementará con un conjunto de creencias y supersticiones que ponen de relieve ese aspecto místico o pseudorreligioso que siempre acompañó a los pitagóricos: desde la transmigración del alma hasta preceptos dietéticos. Ideas que nos dan otra visión de este grupo que en cierta forma conectó oriente con occidente, pues algunas de sus ideas centrales está tomada de las religiones órficas.

Como se ve, los pitagóricos representan un paso más allá hacia el pensamiento complejo y las respuestas sofisticadas. Si bien la pregunta esencial sigue siendo la misma, su respuestas tiene significados que van mucho más allá de la naturaleza y apuntan precisamente hacia una visión completa de la naturaleza. Esta tendencia se acentuará con los dos grandes metafísicos de estos primeros compases del pensamiento occidental: Heráclito y Parménides. Sus planteamientos fueron opuestos: allí donde Heráclito e un cambio permanente, encuentra Parménides una apariencia engañosa que, bien mirada, expresa la permanencia e inmutabilidad del ser. La filosofía de Heráclito se resume por tanto en su polemismo: el cambio y la contradicción como fundamento de la naturaleza. Idea que va acompañada de un empirismo un tanto tosco: hemos de fiarnos de nuestros sentidos a la hora de estar en el mundo, pues estos son los notarios del cambio constante al que vivimos sometidos. Por su parte, Parménides enlazará con el racionalismo pitagórico: si aplicamos de un modo unívoco y radical las palabras “ser” y “no ser”, llegamos a conclusiones sorprendentes pero irreprochables: el ser es, y lo que no es no se puede decir ni pensar. En consecuencia, nuestra razón nos lleva a pensar en un ser ilimitado, inmutable, eterno, infinito. La razón tiende a abrazar esta permanencia y no se lleva bien con las cosas que son hoy de una manera y mañana de otra. Las filosofías de Heráclito y Parménides son tan opuestas como radicales, y dejarán al pensamiento occidental en una trampa permanente: si seguimos el camino metafísico, estaremos obligados a ser heraclíteos o parmenídeos. Por ello, los siguientes pensadores retomarán la pregunta inicial para dar una respuesta distinta: quizás no haya un solo principio, sino varios. Los pluralistas superarán así las limitaciones del monismo y el extremismo de Heráclito y Parménides.

El primero de los pluralistas será Empédocles. Identifica los cuatro elementos como el origen de todas las cosas, añadiendo dos fuerzas cósmicas: el amor (unión) y el odio (separación) como responsables de la mezcla de estos elementos. Anaxágoras dará un paso más allá: en su opinión hay semillas de todas las cosas que son ordenadas por el nous, una inteligencia superior encargada de crear y destruir el mundo. En su juego con las semillas, el nous crea homeomerías, situaciones de equilibrio en las que surge un cosmos. Por último habría que citar entre los pluralistas a los padres del atomismo griego: Demócrito y Leucipo. Ambos ofrecieron una visión puramente materialista del universo: basta con los átomos y el vacío para explicar todo lo que vemos. En cierta forma, ambos conceptos son la trasposición física del ser y el no ser de Heráclito y Parménides, pero hay un detalle añadido muy importante: es el azar el encargado de agitar estos átomos en el vacío. Estamos por tanto ante una de las primeras explicaciones estrictamente materialistas, capaces de dar cuenta del universo sin la necesidad de apelar a ninguna clase de ser superior. En el fondo, las ideas del materialismo moderno son herederas de este planteamiento, que pone las bases de lo que después será una concepción puramente científica del mundo. Por otro lado, en Demócrito aparecen ya nuevos temas de reflexión que irán abriendo camino a enfoques novedosos dentro de la historia de la filosofía, como el lugar del hombre dentro de la ciudad. Una de sus citas más repetidas por los pensadores posteriores nos recuerda que la convención está en la base de conceptos como lo dulce o el color, pero en realidad solo existen átomos y vacío. Se marca así una distancia entre la physis, objeto de reflexión de toda esta primera etapa de la historia del pensamiento, y el nomos, la ley o la convención, que será uno de los conceptos esenciales a partir de la aparición de Sócrates y los sofistas.

Pregunta 4: comparación entre autores y/o corrientes

Compararemos, tanto para fijar parecidos como diferencias a Platón con Aristóteles. Comencemos con los parecidos:

La existencia de la esencia: para ambos pensadores existe algo universal que supera la contingencia de las cosas materiales y que de alguna forma sirve como referente para todas ellas, unificándolas en una sola. Es lo que Platón llamará Idea y Aristóteles forma.

Afirmación de la verdad: como consecuencia de lo anterior, para ambos filósofos existe también la verdad, como algo exterior y ajeno al sujeto, con lo que criticarían el relativismo de los sofistas. La verdad, para Platón y Aristóteles, se refiere precisamente al universal del que hablábamos antes, y esto permanece siempre fuera del poder de persuasión de los sofistas, que ni con el más sofisticado de los recursos lingüísticos podrían mostrar como falso lo que es verdadero y puede ser conocido como tal.

Como consecuencia de lo anterior, ambos comparten una concepción fuerte del conocimiento, algo que se aprecia incluso en el texto propuesto en el examen. Lo que se pretende decir con esto es que el conocimiento y la educación tienen una función humanística, como queda bien claro en el propio mito de la caverna. Algo que, para Aristóteles, será un deseo natural de todo ser humano, tal y como advierte en el inicio de la metafísica. Hay una coincidencia vital en ambos filósofos: los dos empeñaron buena parte de su vida en la docencia, fundando una escuela propia. Por debajo está el parecido filosófico: ambos afirman que el conocimiento hace libres a los seres humanos, y que es una de sus máximas aspiraciones. Visión muy distinta, por cierto, de la que tenían los sofistas, que entendían el conocimiento como algo instrumental, orientado al éxito social y la ganancia económica.

Estos parecidos no impiden que haya importantes diferencias entre ambos autores. Sigamos con el hilo del último parecido: si bien los dos valoran la importancia humanística de la enseñanza, será muy distinta la que se cultive en el Liceo de Aristóteles respecto a la que se impartía en la academia. De nuevo nos puede servir un hecho biográfico, en este caso de Aristóteles, para tomar conciencia de la diferencia: a la muerte de Platón, la academía cayó en manos de Espeusipo, su sobrino, que profundizó en la investigación de la matemática y la abstracción. Por el contrario, la enseñanza aristotélica estaba mucho más orientada a la realidad, otorgando un valor muy importante a la observación.

Relacionado con esto, hay una gran diferencia entre ambos autores: idealismo frente a realismo. Para Platón, el mundo material es despreciable y no es posible encontrar verdad alguna en el mismo, pues este es por definición puro cambio. Por el contrario, Aristóteles defenderá el valor de la materia, hasta el punto de pasar a la historia como el fundador de la biología, la ciencia de los seres vivos. Hay verdad en la vida y en lo concreto, viene a decirnos Aristóteles, y la realidad material es digna de estudio.

Y para terminar con las diferencias, una concepción muy distinta del conocimiento: el racionalismo platónico no hace buenas migas con el empirismo aristotélico. Mientras que el fundador de la academia está fuertemente influido por los pitagóricos y entenderá las matemáticas como una de las ciencias más importantes, el filósofo de Estagira, valorará muy positivamente el conocimiento sensible, un punto de partida imprescindible. Algo que les llevará a disentir también en el tema del innatismo: la afirmación platónica de las ideas innatas a través de la tesis de la reminiscencia será criticada muy duramente por Aristóteles, para que el que no hay conocimiento innato.