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Ética y política del consumo

De dinero, recursos, crisis y órdenes mundiales

En los últimos años ha aumentado significativamente el número de publicaciones que intentan llevar la filosofía al campo del consumo. O quizás habría que añadirle el sufijo "-ismo": desde que posamos nuestros pies sobre la tierra, al igual que el resto de especies animales, nos hemos dedicado a consumir recursos naturales. Desde el alimento mán elemental y necesario a los recursos energéticos que nos permiten vivir mejor. En un sentido primario, no se puede vivir sin consumir, aunque se trate del oxígeno y el agua, que escasea en calidad y cantidad tal y como se nos viene diciendo en las últimas décadas. Sólo en la segunda mitad del siglo XX adquirió el consumo el matiz del abuso: cuando comenzamos a gastar fortunas, dineros y recursos en cosas innecesarias. Con el tiempo hemos ido tomando conciencia de que no sólo gastamos monedas y billetes, sino recursos energéticos. El consumismo fue señalado como uno de los responsables directos de muchos de los males del mundo: ecología, pobreza, hambruna. Una buena manera de resaltar el poder de cada uno de nosotros en la configuración de la sociedad y el orden mundial.

Desde que ir al supermercado o pensar en la próxima adquisición se han convertido en comportamientos susceptibles de calificación moral, ha entrado en juego el enfriamiento de la economía: dándole la vuelta a la tortilla, hace unas semanas todos hemos oído llamamientos al consumo. Y si era exagerado, mejor que mejor. El que pueda, debe poner toda la carne (monetaría y bancaria) en el asador. Consumir ha sido en la pasada navidad un comportamiento solidario. Más allá de la ética, la política, entendida esta vez como la búsqueda del bien de la ciudad no como la actividad de partidos con intereses particulares, exigía el consumo como una actividad reactivadora. Si durante las navidades pasadas el consumo era criticado no sólo por asociaciones alternativas o movimientos sociales críticos, sino también por los grandes medios, en esta ocasión hemos asistido a la inversión del mensaje. Donde se dijo digo se dice diego, y el consumismo ha sido esa "pasión inútil" que no ha impedido que sobrepasemos los tres millones de parados.

Es esta sin duda una muestra más de las contradicciones del capitalismo. Las ilusiones y los espejismos se suceden. Paradójicamente se nos hace ver que las decisiones individuales son insignificantes en el sistema. Se anula al individuo cuando interesa, pero se acude al mismo como única forma de rescate y solución: "confíe usted en el sistema, participe del mismo". Llenar la bolsa de la compra y colgar en el armario prendas que no necesitamos. Moralidad, inmoralidad, conveniencia y ruina política. Conceptos que se entremezclan ante la perplejidad de ciudadanos que ven cómo el mundo se derrumba a su alrededor. Lo que debería llenarnos de horror y miedo ha sido y es la realidad cotidiana en un número mayoritario de países donde las condiciones sociales y económicas jamás alcanzaron para las tres comidas diarias recomendadas. Consumo, crisis, paro, pobreza, hambre y guerra. Todo ello adornado de mensajes optimistas, de sonrisas prometedoras que auguran un futuro mejor. Si no es en marzo, será en noviembre. En 2010 o en 2015. Todos mirando hacia adelante. Viendo cómo arreglar la máquina, sin cuestionarse si acaso no sería mejor cambiarla. Algo para lo que no tenemos tiempo: ya llegaron las rebajas. Toca consumir de nuevo.

Por primera vez ha fallado el sistema afectando más a quienes tradicionalmente se han aprovechado de él, que son los que menos han sufrido en crisis anteriores. Pero en vez de comprender que es una locura continuar así, consumiendo recursos, contaminando y destruyendo poco a poco el planeta; en vez de comprender que es necesario un cambio en profundidad, nos piden ayuda para volver a poner el sistema en pie tal y como estaba. Hay que ayudar a los bancos y a las multinacionales para que sigan haciendo lo mismo que venían haciendo y que ha dado lugar a la situación actual. Consumir es ahora una obligación de todos los ciudadanos, para evitar que siga aumentando el paro, nos dicen, pero en realidad se trata de puedan volver cuanto antes a su antiguo nivel de ganancias. Es de un cinismo insoportable.

El daño de los días festivos impuestos e inventados... Para quienes no hayan leído el post anterior sobre el Día de la Palomita con Reuma, les sugiero que lo hagan antes de continuar aquí debajo. También les recomiendo encarecidamente que lean el primer comentario escrito en ese posteo, ya que sirve p......