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Evasiva (o no tanto) al tema de la semana.
Diálogo + Bitácoras. Una iniciativa para el debate y la reflexión a través de los weblogsEn filosofía hay un viejo truco para solucionar cuestiones complicadas: En vez de intentar responder a la pregunta que se plantea, se da una respuesta para su negación. Eso hizo Tomás de Aquino cuando quiso describir a Dios, y esa es también, por ejemplo, la estrategia de Adorno al enfocar la ética. No sé si parecerá decepcionante, pero es que me parece extraordinariamente complejo dar algún criterio definitivo y último para votar. Además diferentes criterios pueden llevarnos a votar a diferentes partidos (curiosamente muchos directores de cine parecen no tener duda alguna). Una posible forma de salir de la contradicción, puede ser empezar por aquello que queremos evitar con nuestro voto o detectar "pistas falsas" para decidir el voto. Un primer criterio negativo, y de sentido común: no votar en función de las promesas electorales. La historia reciente de la democracia demuestra que los partidos suelen incumplir sus promesas, y esto no es descubrir el mediterráneo. Partidos que criticaron ciertas guerras apoyan otras, y los presuntamente progresistas, que no eliminaron la religión del currículo en su día, se manifiestan ahora para ello. Por si fuera poco, en un par de décadas España ingresó en la OTAN, a la vez que ha adoptado una postura cercana a la política de EEUU, debilitando quizás la posición europea. Una cosa es hablar en la oposición (contra el gobierno, y de cara a la galería) y otra ejercer el poder y tomar decisiones, condicionadas por el orden internacional, intereses económicos, ventajas ocultas... Algo que todos percibimos como lejano, pues los políticos no se esfuerzan por que comprendamos sus decisiones. Una segunda regla: no votar exclusivamente por motivos ideológicos. El voto de partido es un voto irreflexivo. Es absolutamente imposible que un partido lo haga bien siempre, o que no convenga, en algún momento, cierta alternancia en el poder. Votar sistemáticamente al mismo partido nos libra de algo pesado y costoso: informarse seriamente de la situación económica y política del país, y cuestionarse seriamente por el partido más adecuado. Y no se trata sólo de que el voto "ideológico" olvida o perdona ciertos "errores", sino de que, en el fondo, evita cualquier tipo de crítica. Si los partidos siguen fundándose en estructuras petrificadas, carentes de sentido democrático, es, entre otras cosas, por la gran cantidad de gente que vota con este criterio, que, además, nos obliga a vivir en un bipartidismo enfermizo. Ni voto fanático, ni voto ingenuo. Que sea, por favor, un voto de calidad. -----