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Sobre hombres, máquinas y la vida del futuro
Wall-EPlantear como hipótesis que la única huella del paso de la humanidad sobre la tierra sean millones de toneladas de basura y una máquina es ya un toque de originalidad. Ciertamente, se encuentra en más de una novela de ciencia-ficción, pero eso no le resta valor a Wall-E, una película que por su formato está dirigida al público infantil, aunque esté llena de guiños a ideas que pueden servir para más de una asignatura. El catastrofismo inicial con el que empieza la película sitúa al ser humano como protagonista de la destrucción de la naturaleza. No sé si la hipótesis de que el futuro de la vida humana se encuentra en otros planetas resulta más creíble desde que el mismísimo Hawkings lo ha dicho, pero las imágenes iniciales de un planeta tierra devastado por la basura son desoladoras. Un planeta sin ningún rasgo de vida, sin movimiento que le anime, abandonado.

Algo debió ir mal cuando el único vestigio de vida humana es un destartalado robot que ejecuta mecánicamente sus rutinas. Un robot y una cucaracha compartiendo soledades y tareas. La máquina y el desperdicio como herencia del ser humano para un planeta que agoniza: ¿no resulta esto suficientemente filosófico a la par que apocalíptico y derrotista" No sólo eso: a medida que avanza la película se descubre que la máquina es la salvación y la condena del hombre. Aparece un nuevo universo, una escapada tecnológica que consiste en una auténtica materialización maquinicista y espacial del mundo feliz que describió Huxley. Una felicidad y satisfacción material realizados a través de la maquinización: el ocio elevado a la enésima potencia como única actividad humana, en un mundo en el que los sentimientos y la relación con los demás están anulados. El ser humano que no piensa y que no vive puede disfrutar obnubilado por lo que se presenta a sus ojos, pero difícilmente se puede afirmar que lleva una vida auténticamente humana. La vieja tensión entre felicidad impuesta y libertad resurge bajo la inocente figura de los dibujos animados

Ciertamente se puede acusar a la película de cierta sensiblería con el típico happy end del cine norteamericano y los dibujos animados. La reinvindicación final de los sentimientos, la "vida natural", la vuelta a los orígentes o la exaltación de las cosas pequeñas es una solución que gustará a los niños pero puede defraudar un tanto al público más adulto. Al margen de esto la película sirve para plantearnos el límite entre el hombre y la máquina: viendo los comportamientos del protagonistas y los de los humanos "salvados" en el espacio exterior, no sabe uno muy bien quién es la máquina y quién el humano. Preguntas alrededor de la ciencia ficción que quizás nos puedan parecer una pura divagación o una pérdida de tiempo, pero sobre las que existe investigación filosófica y psicológica, elaborada con seriedad y rigor. Y si encima completamos con la reflexión necesaria alrededor de la tecnologia y la maquinización que la película sugiere, podríamos decir que Wall-E ocupa por méritos propios una de las películas con contenidos filosóficos a tener en cuenta.

Apoyo la moción! La inquietud como rasgo distintivo humano. wall-e es la inquietud, colecciona cosas, cosas que despiertan su inquietud, las cosas se van enlazando y creando un hambito humano. Los humanos no se mueven, ni caminan

me gusta mucho la pelicula

Por el contrario, el final es perfecto, si hay un regreso a los origenes pero el regreso se hace con la experiencia, autoconocimiento y herramientas obtenidas en el camino, no es caminar en circulo es aprender a comenzar otra vez y hecerlo mejor, por eso en los creditos finales se ve como la humanidad y los androides arreglan el planeta y en el proceso se arreglan a si mismos conviertiendose en dignos herederos del planeta. Sensiblera no, infantil si, con mensaje de alcance universal, indiscutible.