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Víctimas visibles e invisibles de la crisis económica

El doble lenguaje de la política es miserable e inhumano. Seguro que mis propios vecinos se dan cuenta de ello. Todos estamos cansados de oirlo: "el gobierno está tomando las decisiones adecuadas para que los más pobres no sean los que paguen la crisis económica". Hay que tener falta de honestidad para decir semejante cosa: ningún historiador recuerda una sola crisis económica a lo largo de la historia que haya empobrecido a los más ricos manteniendo el (bajo) nivel de vida de las clases más pobres. Se podría haber matizado, concretando quiénes son los más pobres, para que todos nos vayamos poniendo un poco en situación. En cualquier país, y el nuestro no es ninguna excepción, existen diferentes escalas de pobres. Y los hay de dos tipos: de los que votan y de los que no votan. Los pobres que no votan no son demasiado importantes ya que no pueden decantar el signo de unas elecciones. Es curioso: son los más pobres, no votan, pero pueden a ser incluso presidentes. Aunque sea de la comunidad de vecinos de un bloque perdido de cualquier localidad española.

Y es que durante unos años nos creimos casi los dueños del mundo. España era un país rico y próspero, era casi el país de las oportunidades. Pasen y vean. Acudan, trabajen y paguen seguridad social y jubilaciones. En definitiva: levanten el país a cambio de una nómina y la cadena de la hipoteca. De los derechos políticos ya hablaremos más adelante. Cuestión de días o meses, esto de la nacionalidad. Personas convertidas en bazas políticas: símbolos de progresismo para unos y objeto de las críticas más irracionales para otros. Del país multicultural y abierto al xenófobo no hay mucha distancia, sobre todo cuando escasean las perras y aumenta el paro. Sin que importe demasiado que estamos hablando de gentes con cara, ojos, nombre y apellidos. Tu vecino, tu alumno o el currante que mandaban a casa para arreglar una avería. Ese sobre el que se han vertido infinitas miradas en los últimos diez o quince años: curiosidad, asombro, desprecio, amistad, educación, odio...

El caso es que los más pobres no pagan la crisis, porque están abandonando el país. Se nota en los centros educativos, donde algunos alumnos inmigrantes solicitan la baja porque vuelven a su país de origen. Y se nota en mi comunidad de vecinos: el que hasta ahora era presidente convocó una reunión extraordinaria, para notificarnos que se ha quedado en el paro y el banco le ha embargado el piso por no pagar la hipoteca durante los dos últimos meses. Nos contaba que planea volver a su país, ya que las cosas "se están poniendo feas en España". Vino a España a pagar: seguridad social, impuestos, pensiones, hipoteca... y los víveres más elementales para ir tirando. Se va de España sin poderlo pagar todo, pero pagando la crisis. Otra cosa es que a nuestro gobierno no le preocupe el tema: no vota. Recibiría la noticia con la misma indiferencia de quienes sin apenas despedirse, concluido el orden del día, enfilaron hacia su casa con un desinteresado "buenas noches" en una fría noche de marzo.