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Escapar de uno mismo: ¿posibilidad o quimera?

El problema de la libertad es sin duda uno de los más antiguos en la historia de la filosofía. Desde los inicios, hemos tenido conciencia de la ligereza de nuestra vida: lo que creemos más asentado hoy, puede convertirse mañana en ceniza. La desgracia y la tragedia no han estado presentes sólo en momentos puntuales. Ha habido tiempos en los que han sido la nota dominante. El destino y la fatalidad parecían mostrarnos como marionetas en manos de no se sabe qué manos. Nuestra libertad parece nada en comparación con las fuerzas de la naturaleza. Y qué decir de la sociedad o la economía: nos sitúan en la vida, limitan, abren o cierran un horizonte de posibilidades. El tanto tienes tanto vales es la linea de salida de una carrera en la que cambiar de carril es tremendamente complicado. Determinismos y condicionantes de todo tipo y condición. Adivinar la libertad en medio de todas estas fuerzas es misión imposible. Tan imposible como concebirnos capaces de superar e ir más allá de nuestro propio yo. ¿Acaso no seremos nosotros mismos los mayores obstáculos para ser libres"

La idea no representa ninguna novedad: se encuentra en autores tan dispares como Spinoza o Schopenhauer. Creemos ser libres, cuando en realidad todas nuestras decisiones y acciones son una consecuencia directa de nuestra forma de ser, que no podemos modificar a nuestro antojo. Nadie elije cómo y quién es. Nuestro carácter nos viene dado: herencia genética o don de los dioses, nos constituye y define. Lo expresamos de una forma un tanto difusa e imprecisa cuando somos requeridos a justificar nuestra acción y nos limitamos a contestar: "es que yo soy así". Como si nuestro "yo" fuera imposible de cambiar, como si no hubiera sido elegido por nosotros. Se podría expresar a la manera kantiana: al ser condición de posibilidad, el yo es también límite. Nadie elige su yo. Muy al contrario: está gestado por la vida que nos tocado en suerte. Dime cómo eres y en qué situación te encuentras: no será difícil predecir con una alta probabilidad cómo vas a actuar, cuál va a ser tu decisión en cada caso. O al menos así lo pensarían todos los que niegan la libertad humana.

Evidentemente el argumento tiene su miga. Y se trata, probablemente, de los más sólidos a la hora de negar la libertad. Las respuestas a los determinismos naturales y sociales son bien conocidas. Los propios genetistas reconocen que el código de la herencia marca, en la mayoría de los casos, tendencias y probabilidades que pueden verse realizadas en función de nuestro estilo de vida. Lo mismo ocurre con la sociedad: todos conocemos casos de personas que gracias a su tesón y esfuerzo han logrado "hacerse a sí mismas", expresión que indirectamente es un canto a la libertad. Sin embargo, es difícil escapar a la imposibilidad de elegir un yo. El que se hace a sí mismo desarrolla rasgos de su personalidad, de su forma de ser, que se lo permiten. El que vence condicionantes genéticos tiene la suficiente fuerza de voluntad para lograrlo. ¿Qué han hecho para desarrollar ese yo, para estar en condiciones de escapar a los genes y la sociedad" Nada, dirían los negadores de la libertad. Simplemente desarrolla disposiciones de un ser que no ha elegido. ¿Será posible entonces elegir el yo" ¿Seremos nosotros mismos la mayor negación que existe de la libertad humana" ¿Podemos elegir(nos) en contra de lo que somos"

Saludos a todos Para mí, no existe la libertad, es decir, no existe “la” libertad. La libertad, y en la historia de la filosofía, se ha sustantivado de forma injustificada. La libertad no es una facultad que desde sí mismo actúa sobre lo que no es ella.La libertad no es un sustantivo, sino, un adjetivo. Es una cualidad que define ciertos actos. Existen actos que se han ejecutado libremente y otros espontáneamente. Por eso no puede decirse que mi libertad mueve mi brazo, sino, que el brazo es movido libremente. Creo que al día de hoy, tanto el dualismo como la concepción sustancialista, no describen acertadamente la realidad. Para esta visión existían dos sustancias ( res cogita y res extensa), y cada una, y desde sí mismo, actuaban sobre la otra. Bien es verdad que surgía el problema de cómo podía actuar una sustancia sobre la otra, pero esa, era otra cuestión. Por eso se pensaba que era la libertad la que movía a la mano. Pero al parecer las cosas no son así. No existe el cuerpo por un lado y la psique por el otro. Lo que existe es un solo sistema. El sistema psico-orgánico. Podemos hablar del psiquismo o de lo orgánico por separado, pero sólo para destacar uno u otro aspecto de la realidad, pero teniendo siempre presente, que dichos subsistemas no son independientes. Sólo existe el sistema psico-orgánico. Otro aspecto que me gustaría destacar con respecto a “la” libertad es el de la causalidad. Muchos consideran que no existe la libertad porque siempre se pueden esgrimir antecedentes para explicar el porqué hacemos lo que hacemos. Pero es que la libertad no niega los antecedentes. Por supuesto que hacemos lo que hacemos en función de los antecedentes. Por tanto, la libertad no tiene porqué negar la existencia de los antecedentes. El problema radica en saber quién o qué pone esos antecedentes. También, y cuando se habla de la libertad, se suele decir que ello es imposible porque se está negando la causalidad. Pero es que la libertad es lo más intimo a la causalidad. Y lo es tanto, que precisamente, la instaura. Trataré de explicarme. Supongamos que estamos ante una botella de ron. Esa realidad que es la botella de ron nos abre una serie de posibilidades: podemos romperla o dejarla como está, podemos beberla o no, podemos decorarla, etc. Nosotros, y sobre esas posibilidades que nos abre dicha botella de ron, deponemos nuestra voluntad sobre ella, y así por ejemplo, deseamos querer beberla. Supongamos que agarramos una melopea del 15. Entonces decimos que la borrachera fue causada por la ingesta de ron. Qué es lo que ha ocurrido. Pues hemos convertido, lo que tan sólo era una posibilidad entre las muchas que nos ofrecía la botella razón, en la causa de nuestra borrachera. La libertad convierte las posibilidades que nos abre las realidades en causas. Es la instauración de la causalidad. ¿Pero qué nos dice la ciencia, especialmente la neurociencia, con respecto a la libertad? En la actualidad se ha sustituido la cuestión del cuerpo y del alma, por el de la relación, entre mente y cerebro. Pero en el fondo el problema sigue siendo el mismo. Y las soluciones, también. Todos tenemos la percepción de que somos libres, pero, lo somos, o es tan solo una ilusión. Aquí la neurociencia se divide entre los que consideran que la libertad es tan sólo una ilusión, es decir, que la mente se reduce al cerebro, o es un epifenómeno del mismo, y los que consideran que la mente es irreductible al cerebro. Pero todavía no hay nada definitivo, si es que puede haberlo. En cualquier caso hay una cosa que me molesta de aquellos científicos que consideran que la mente se reduce a la pura actividad cerebral. Dicen que por ejemplo cuando yo tengo la visión interior de mi gato que murió hace varios años, ello se debe, o se reduce, a determinada actividad cerebral que se desarrolla en determinada área cortical, etc… Pues bien, no es esto lo que me molesta. Lo que me molesta, y en el caso de que así fuere, es que no se preocupen de saber el cómo ocurre esto. Es decir, yo puedo realizar un experimento en el que me pidan que rememore a mi gato muerto. Y el científico puede saber cuáles son las áreas (o el área) que se activan cuando rememoro a mi gato muerto. Me dirán que se activó tal o cual área, que entraron en actividad tales o cuales tipos de neuronas, que hubo un movimiento de tales o cuales neurotransmisores, de tales o cuales iones, etc. Pero en lo que no entran, y al parecer, tampoco les interesa, es en explicar cómo, y a partir de toda esa actividad cerebral, aparece la imagen vivida de mi gato muerto. Está claro que si yo abro el cerebro no encontraré jamás la imagen de mi gato entre dos neuronas, como tampoco encontraré una mancha de color rojo que percibo, entre varios neurotransmisores. Es decir, no responden jamás a la pregunta de cómo aparece la imagen vivida de las cosas, a partir, de determinada actividad puramente cerebral. Es decir, me dicen que la imagen de mi gato, es la propia actividad cerebral, pero no, cómo se lleva a cabo. No es sólo que nos respondan, sino, que a lo que parece, ni les interesa. Un Saludo

Muy profunda reflexion filosofica. A mi tambien me gusta reflexionar acerca de la vida, por lo que he estado trabajando en mi pagina web acerca de pensamientos www.pensamientos.cc Dale y vistazo y dime que piensas. Nuevamente, felicidades, y espero leer mas entradas tuyas. Saludos.

• En la concepción espíritu-materialista que describe elias se acerca a una libertad posiblemente causalizada por los antecedentes, o no se sabe por quién, con lo que ya está sustantializando la libertad, y más si la libertad es lo más íntimo a la causalidad, como en Fichte, el hacerse el hombre a sí mismo, aunque esté borracho; las multiplicidades objetivas no limitan el Ego desde fuera sino que son autolimitaciones del propio yo práctico y activo, y no hay salida de sí-mismo. La realización de la libertad es el dominio de la Naturaleza, la causa de lo que sucede; pero es que se debe especificar qué tipo de causalidad instauramos: circular, como la cibernética; asociacionista, como el formalismo psicologista; funcional, o formal, al modo matemático; natural, lineal, al modo de los conceptos científicos. Estoy deacuerdo en que las imágenes pueden ser vividas, ya lo decía Bergson: "Suprimid la imagen que lleva el nombre de 'mundo material' y borraréis, con el mismo golpe, el cerebro y el sacudimiento cerebral que son partes de él". Respetemos al propio cráneo.

Saludos! muchisimas gracias por compartir esto! leer posts/articulos de reflexion me recuerda que es importante tomarse un tiempo de vez en cuando para meditar. Si puedes, visita mi blog de reflexion Frases Celebres Espero que te guste! Muchas gracias! y felicidades! Saludos, Claudia

"sustantializar" parece que no existe, la palabra correcta es "sustantivar".-

Si la libertad no existe, entonces eres esclavo de algo, quizas, de la falta de libertad. Tampoco existe los unicornios, sin embargo la existencia de algo o conceptos no depende del existir per se sino aposteriori con que uso se le da a ese concepto o cosa. Gracias al ensayo y error por libertad de hacerlo (apriori), tenemos la rueda y la amistad. Que viva la libertad de las diferencias.